jueves 04 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Parque Ragonessi, el ejemplo de la crisis migratoria en San Gil

La administración municipal de San Gil, en compañía de la Policía Nacional y otras entidades les dio un ultimátum: 48 horas para desocupar el parque o los sacan a la fuerza. El plazo vence mañana.
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Cuartos oscuros y pequeños, con entradas en forma de arco, puertas y paredes de tela de diferentes colores que se mueven con el viento y separan los cerca de 10 habitáculos. En algunas de ellas letreros como ‘Aquí vive el diablo’, han intentado ser borrados con una suave pintura blanca por los nuevos residentes.

Afuera, la zona social es amplia. No hay muebles ni comedores, apenas una vieja hamaca ubicada en la mitad del gran pasillo ovalado cubierto por la gradería de un escenario cultural en desuso desde hace más de una década.

Los cerca de 25 huéspedes se despiertan en la mañana con el silbido de los pájaros y el sonido de la quebrada Curití, que les sirve como su gran piscina natural y lavadero. Cocinan al aire libre y hacen sus necesidades por ahí, en medio de los árboles y la maleza.

La entrada es un camino en piedra hacia adentro del parque Ragonessi de San Gil, el mismo que durante años ha estado abandonado y cuyo estado es lamentable desde el inicio del recorrido. Un puente en madera que parece más una trampa mortal y un camino en piedra rodeado de basura, por lo menos en los primeros 100 metros. Luego la maleza, el olvido y la pobreza son innegables en los cerca de 200 metros más de recorrido.

Entre los residentes de este hotel bolivariano hay de todo. Pequeños menores de 1 a 10 años, en total siete, que corren por ahí, felices entre ellos, sin percatarse de su realidad. Madres jóvenes y otras no tanto, que tratan de preparar alimentos en improvisados fogones de leña, con agua que les regalan en una estación de servicio y piedras que sirven como alacenas y tablas para picar. Hombres veinteañeros con y sin hijos, el mayor tiene 34 años, todos dedicados al reciclaje.

A todos ellos, la administración municipal, en compañía de la Policía Nacional y otras entidades les dio un ultimátum: 48 horas para desocupar el parque o los sacan a la fuerza. El plazo vence mañana.

El parque Ragonessi viene siendo un sitio de conflicto en San Gil desde su creación en la última década del siglo pasado. Con el paso de los años se convirtió en el lugar idóneo para el consumo de sustancias alucinógenas y no para el desarrollo del turismo y actividades culturales, como inicialmente se planteó.

Se irán cuando llegue la policía, esa es la conclusión. Para dónde, eso aún muchos no lo saben. Alicia Medina, de 55 años de edad, que vive ahí desde hace algunas semanas con su esposo, una hija y un nieto, dice que ahora mismo no hay una respuesta. “Antes vivíamos en el coliseo y de allá también nos corrieron.

Gustavo Rafael, que prefirió no dar sus apellidos, dijo que el viernes, cuando lo saquen se regresará a Venezuela, “allá ni hay nada, pero extraño mucho a mi familia y yo nunca había tenido que recoger basura”, dijo el joven a quien un accidente de tránsito en su país y una posterior infección lo dejaron con una prótesis en su extremidad inferior derecha, una condición que le dificultad las interminables caminatas por la carretera.

“Me voy pal’ coño”, dijo otro, entre risas, asegurando que se metería por ahí, en cualquier lugar.

Lo que sucede en San Gil es una muestra más de la difícil situación que atraviesan los migrantes y las autoridades sin herramientas para actuar sobre el tema. “Llegar a desalojar es una solución sin trascendencia porque van a buscar dónde quedarse, debe haber una solución más profunda., con la articulación de todas las instituciones, con los defensores de los derechos (...) Hay un abandono del Estado con las regiones y los municipios para poder atender una población que cada vez es más grande y tiene más necesidades que se suman a las necesidades de los habitantes del municipio”, dijo Fabián Aguillón Ballesteros, concejal de San Gil.

Para el personero de San Gil, Luis Medina Zambrano, el problema migratorio en San Gil va en crecimiento y aunque las autoridades nacionales dictan normas, no dan recursos ni herramientas a los entes locales para asistir a estas poblaciones.

En el caso del Ragonessi la principal preocupación de Medina es la vulneración de los derechos a los niños que están viviendo en condiciones adversas a las estipuladas en la carta de derechos humanos y constitucional.

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