jueves 13 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Por sequía, hay 117.000 reses en riesgo de hambruna por el verano en Santander

El verano es largo y duro, sobre todo el que se está sufriendo ahora mismo. Eso lo saben y sienten los productores del campo, incluyendo los ganaderos de la provincia guanentina que hoy hacen malabares para poder alimentar adecuadamente las 117.000 reses ubicadas en 6.200 predios.
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De los 18 municipios con actividad ganadera en esta zona de Santander, Barichara, Villanueva, Cabrera y Pinchote sufren una sequía especialmente crítica. Allí, el coctel de altas temperaturas diurnas, noches más frías de lo acostumbrado y fuertes vientos tiene los pastos quemados y los reservorios de agua casi secos.

Andrés Ribero García, presidente del Comité de Ganaderos del Sur de Santander, en la provincia de Guanentá, explicó que hay una dificultad generalizada para conseguir el alimento y el agua que necesitan las reses, pero el problema es aún mayor en estas poblaciones.

En estos cuatro municipios el hato es de 21.000 unidades con propietarios que hacen sus mayores esfuerzos para mantener la producción y literalmente no dejarlos sufrir por inanición. Ribero aseguró que en muchas fincas ganaderas ya tuvieron que bajar a la mitad la ración diaria de los animales.

Una res debe ingerir diariamente alimento y agua equivalente al 10% de su peso. Es decir, que un vacuno con un peso de 350 kilos tiene que consumir 35 kilos de material vegetal y 35 litros de agua diariamente.

Cuando el ganadero no tiene los cultivos ni el potencial acuífero para soportar esta demanda alimenticia, tiene que recurrir a los suplementos alimenticios, que resultan demasiado costosos para los productores, destacó Ribero. El problema, es que si no se hace, el ganado deja de ganar peso cuando se trata de animales de engorde y de producir leche, en el caso de las vacas lecheras, golpeando así el bolsillo de los ganaderos.

Carlos Quintero Calderón, ganadero de zona rural de Cabrera, contó que previendo el verano intenso -que en su finca inició en la primera semana de noviembre de 2019 , cuando llovió de forma fuerte por última vez- sembró media hectárea de maíz que le permitió ensilar 4 toneladas de alimentos. Estos, que distribuyó entre sus cuarenta cabezas de ganado, especialmente en las 10 que tiene en producción lechera, están a punto de agotarse.

“En esto invertí casi $700.000 pesos, pero ahora que me toca comprar, una tonelada me cuesta $380.000”, aseguró Quintero, que ahora trata de ahorrar el agua que le queda en los reservorios, para que por lo menos le alcance para un mes más.

Para Quintero, este verano es de los más fuertes en los últimos años y en eso está de acuerdo Ribero. Este último reconoce que lo más preocupante es que según los cálculos, las lluvias volverían hasta los primeros días de abril y mientras esto sucede, los productores tendrán que seguir vendiendo las reses o bajando las porciones de alimento para poder sostenerlas.

El problema de vender en estos tiempos es que el ganado no lo pagan bien. Quintero, quien por su experiencia en estos asuntos decidió vender las reses que tenía listas antes del verano, indicó que los compradores en estos tiempos ofrecen precios muy por debajo del valor real, “aprovechándose de la situación”.

Sin embargo, para evitar mayores pérdidas y que los animales después no se puedan recuperar, esta es una de las principales recomendaciones que hacen los expertos a los productores, para que alivianen las cargas de sus fincas.

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