miércoles 29 de julio de 2020 - 12:00 AM

Proyecto del hospital de San Gil podría iniciar de nuevo en dos meses

Desde que se puso la primera y única piedra del nuevo proyecto, el Hospital Regional de San Gil, de recursos propios, ha gastado más de $4.000 millones en adecuaciones, construcciones y gastos de otra naturaleza relacionados con la operación en tres sedes.
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El proyecto que busca construir un nuevo hospital para San Gil retomaría labores en dos meses. Ese fue el anuncio que hizo Jaime René Rodríguez, secretario de Infraestructura de Santander en el debate de control de la Asamblea Departamental.

El funcionario dejó claro que la obra iniciará sin ninguna adición presupuestal. Los $23.000 millones contratados se usarán para finalizar la primera fase del proyecto y mientras tanto se irá construyendo el proyecto para la segunda etapa que será radicada ante el Ministerio de Salud y Protección Social. Para que el Hospital Regional de San Gil se termine harían falta cerca de $25.000 millones.

El reinicio de las obras suspendidas desde noviembre de 2019 depende del visto bueno de Minsalud. Al respecto, se conoció que hace una semana la Secretaría de Infraestructura departamental recibió la aprobación técnica de los diseños eléctricos y esperan antes de dos meses tener la aprobación del documento final.

Esperando que este anunció se convierta en realidad, el hospital, como sucede desde el inicio de las obras en marzo de 2019, seguirá funcionando en diferentes lugares, con todo el desgaste financiero, operativo y de servicio que esto representa.

Hoy no se puede decir que la ESE de San Gil tiene una sede principal. Son tres: una administrativa (antiguo Hotel Bella Isla), una de consulta externa (antiguo Seguro Social) y el servicio intrahospitalario que se atiende en el sector más antiguo del hospital. Un par de casonas viejas que hasta antes del anunciado proyecto estaban clausuradas por el mal estado de la estructura.

Consideradas patrimonio histórico por su arquitectura y longevidad, las casonas, que para los residentes del municipio eran conocidas porque allí funcionaron los servicios de pensión primera y pensión segunda, no hicieron parte de la nueva obra porque al ser patrimonio no podían ser intervenidas.

Estas estructuras se convirtieron en 2019 en el centro de la operación del servicio del hospital y de las inversiones.

La semana pasada se vio una vez más a trabajadores desmontando parte del techo de las mismas, en medio del invierno y justo en la entrada del servicio de urgencias.

Los trabajos tienen un costo de $109 millones de pesos aproximadamente y hacen parte de la larga lista de recursos invertidos para mantener la empresa de salud en servicio.

Desde que se puso la primera y única piedra del nuevo proyecto, la entidad, de recursos propios, ha gastado más de $4.000 millones en adecuaciones, construcciones y gastos de otra naturaleza relacionados con la operación en tres sedes, afirmó Horbes Buitrago Mateus, gerente de la entidad.

Vanguardia encontró que en contratos para arriendos, materiales y labores constructivas se han gastado $3.658 millones. A esto hay que sumarle otras reparaciones locativas, contratos de menor valor y los costos extras del funcionamiento en tres sedes.

Por ejemplo, aunque en el antiguo hotel Bella Isla no se paga arriendo, se hicieron reparaciones estructurales y se pagan los servicios públicos.

En septiembre de 2019 el Hospital firmó un contrato por $2.615 millones para hacer todos estos trabajos, con la particularidad de que al final esos recursos se invirtieron en lugares que no hacen parte del futuro del hospital.

El desgaste financiero y operativo ha sido muy grande, confesó Buitrago.

Dioselina Ríos Tangua, presidenta de la Alianza de Usuarios del Hospital Regional de San Gil, indicó que desde el principio se señaló que la casona necesitaba múltiples inversiones y en su momento esto fue tenido en cuenta por los gestores del nuevo proyecto.

“Ese techo se iba a caer. Llovía más adentro que afuera”, aseguró Buitrago, que siente como esta clase de inversiones aunque necesarias, se habrían podido evitar.

Si el cronograma se cumplía como se esperaba y no se presentaban los problemas con los diseños y los estudios de suelos, el Hospital Regional de San Gil ya debería estar funcionando en un solo lugar, con una infraestructura nueva y no una pegada a retazos.

Las dos preguntas que se hace la Alianza de Usuarios y la comunidad sangileña son ¿Cuándo se tendrá el hospital nuevo? y ¿quién responderá por el daño fiscal que se está generando?

Los usuarios
también sufren

En medio de las inusuales circunstancias de funcionamiento los usuarios son los más afectados. Aunque el Hospital Regional de San Gil sigue teniendo disponibles el mismo número de camas para el servicio intrahospitalario (47), las incomodidades son notables.

Ríos afirma que si bien poco a poco han intentado prestar un mejor servicio, hay situaciones poco comprensibles, como por ejemplo que la cocina y lavandería funcionen junto a maternidad.

Producto de la falta de espacio, ahora, con las obras que se desarrollan por la que venía siendo la entrada a urgencias por la carrera quinta, hoy la sede intrahospitalaria (las casonas) tienen una sola entrada para todo: vacunación, urgencias, hospitalización, maternidad, remisiones, cirugías, y hasta los pacientes respiratorios.

Para la presidenta de la Alianza de Usuarios la realidad del principal centro de salud de la provincia Guanentina es tan solo una consecuencia de la falta de planeación, de un proyecto mal pensado en que los sangileños y su salud quedaron a la deriva.

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