domingo 07 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Una travesía a ciegas por Colombia

La idea o, mejor, el sueño es de Juan Gabriel Espinel a quien en San Gil todo el mundo conoce como Laucha o Lauchita, un verdadero personaje dentro de la comunidad y al que literalmente todo el mundo reconoce
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Menos mal que no ve, porque si ve las subidas se devuelve”, suelta una risa y mira de reojo a su compañero, que responde también con una carcajada. El humor negro, de ese en donde los infortunios humanos se pasan entre burlas y sonrisas, hace parte de la relación de estos dos sangileños, hermanos de la vida y ahora compañeros de travesía.

Entre las 6:30 y 7:00 de la mañana de hoy este par de aventureros iniciarán montados en la misma bicicleta el reto de darle la vuelta a Colombia en unos 63 días de recorrido, según el cronograma planteado.

La idea o, mejor, el sueño es de Juan Gabriel Espinel a quien en San Gil todo el mundo conoce como Laucha o Lauchita, un verdadero personaje dentro de la comunidad y al que literalmente todo el mundo reconoce. Es ‘más famosos que el mismo papa’ dicen por ahí.

Laucha tiene 35 años y es invidente hace más de una década por un accidente que sufrió explotando piedra. Lleva consigo siempre un bastón, unas gafas negras y una actitud envidiable. Tal vez esa característica es la que le permite vivir entre risas y haciendo cada “locura” que se le ocurre.

Desde el momento del incidente que le dejó marcas en el pecho y cuello, Laucha decidió no dejarse vencer y es un ejemplo más de que eso de las limitaciones solo están en la mente. Ha participado en cuanta actividad deportiva se le cruza por el camino y eso lo llevó a ser campeón nacional de triatlón en los juegos Paranacionales de 2019.

Monta bicicleta solo en las rutas que conoce y con poco tráfico, siguiendo con su oído una campana que amarra a la bicicleta de su guía. Sin embargo, en esta ocasión, por el riesgo del trayecto, es mejor ir en una bicicleta doble porque “el riesgo es muy grande”.

Su acompañante es Martín Julián Mancilla Sanabria, de 31 años, a quien conoció hace casi 20 años cuando los dos trabajaban en deportes de aventura. Laucha lo sigue haciendo, dando recomendaciones a los turistas, y a veces hasta baja botes por el río Fonce contándole a la gente todo acerca del caudal sangileño. También trabaja en un taller de reparación de bicicletas.

La historia de la aventura que inicia hoy empezó a gestarse hace dos años, en una visita de vacaciones hecha por Mancilla a San Gil. Estaba radicado en Londres. En ese momento se encontraron “Laucha me contó, le dije que bacano. Ahí seguimos hablando todo este tiempo y aquí estamos”, aseguró el ahora guía y quien siempre va en la parte de adelante.

En medio de la pandemia, Mancilla se regresó de Londres y empezaron a planear el viaje, aunque inicialmente, por su estado físico y sus ‘kilitos’ de más no sería el copiloto. Un día se levantaron, salieron a montar y asumió el reto. “Bueno Lauchita, vamos a hacer hoy este recorrido y si le aguanto viajo con usted”, aguantó y desde ese momento no han parado de ir juntos. Eso fue hace un mes.

Hicieron acuerdos, claro. Por ejemplo, Laucha, que es un deportista entregado, le daría tiempo para coger ritmo. Hasta el momento no se han caído nunca y esperan seguir así.

El viaje iniciará con un primer recorrido hasta Bucaramanga, de ahí partirán hasta el Cesar, después La Guajira, la costa atlántica, y bajando hasta llegar a Pasto pasando por la zona cafetera. Subir para luego ir hasta el Meta, Boyacá y Villa de Leyva. En donde definirán, según lo digan las piernas, por donde regresan a San Gil.

Para no andar pensando en el dolor que les espera, no han contabilizado el total de kilómetros, eso sí, tienen un cronograma totalmente organizado.

Laucha no necesita ver para enamorarse de sus paisajes. Entre los relatos de su compañero y la sensación de los cambios de clima, la brisa, la lluvia y el sonido de la naturaleza, se hace una idea de lo que está viviendo.

“Para mí salir de mi casa todos los días es una aventura”, asegura con voz segura y sobre todo alegre.

La preparación de esta ‘Travesía a Ciegas’ como le han nombrado, no es solo física. Los gastos son muy altos. Cada uno ha invertido sus ahorros, venden pulseras, gorras y buff.

El objetivo del viaje, además del placer personal, es mostrar los paisajes del país y resaltar el turismo. Para todo esto compraron cámaras y crearon cuentas en Facebook, Instagram y twitter con @travesiaaciegas. Ahí contarán cómo van y se conectarán con cualquiera que los quiera apoyar.

Si usted va por la carretera en estos días y ve dos deportistas en una misma bicicleta, acompañados por un carro y una moto debidamente identificados, recuerde que los retos están en la mente y si puede darles una mano, hágalo, porque ellos están cumpliendo sueños.

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