Región
Domingo 16 de diciembre de 2012 - 11:02 AM

Pepe Selem, el hombre más fuerte del mundo estuvo en Bucaramanga

José Manuel Selem Ramírez es considerado como uno de los ‘súper humanos’ de Latinoamérica. Tras su paso por la lucha clandestina del ‘vale todo’ en Lima, Perú, hasta llegar a ser campeón de Iberoamérica de powerlifting, ahora recorre el mundo contando su experiencia de vida y mostrando un espectáculo de fuerza en el que dobla varillas, enrolla sartenes de teflón y rasga directorios telefónicos.

Momento en el que José Manuel Selem Ramírez dobla la varilla apo-yada en su boca. Pepe Selem, como es conocido en todo el mundo, estuvo esta semana de visita en Bucaramanga ofreciendo una serie de conferencias sobre valores familiares y fortalecimiento de la auto-estima. (Foto: César Flórez León / VANGUARDIA LIBERAL)
Momento en el que José Manuel Selem Ramírez dobla la varilla apo-yada en su boca. Pepe Selem, como es conocido en todo el mundo, estuvo esta semana de visita en Bucaramanga ofreciendo una serie de conferencias sobre valores familiares y fortalecimiento de la auto-estima. (Foto: César Flórez León / VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

“Desde niño siempre quise ser una persona fuerte. A la edad de 14 años empecé mi entrenamiento en la lucha grecoromana y así fui aumentando mi fuerza hasta que me acerqué a un mundo oscuro y clandestino: el de la lucha conocida como ‘vale todo’.

Llegaba el sábado a las 10:00 de la noche. Mientras centenares de bailarines y amantes de la salsa esperaban a que las puertas de uno de los ‘salsódromos’ más frecuentados de Lima se abrieran, yo me preparaba debajo de una lámpara, en medio del olor a cerveza y el cigarrillo, para pelear ‘a puño limpio’ con cualquier contrincante que se me pusiera en frente.

Mi fuerza no tenía control. En el ‘vale todo’ no hay árbitros, mucho menos entrenadores que le piden a un juez que detenga la pelea y menos una novia que aplauda y celebre lo que ocurre en el ring improvisados. Allí se peleaba hasta quedar tendido en la lona, casi sin aire, con el rostro reventado y el resto del cuerpo magullado.

¿Qué había hecho de mi vida? ¿Acaso el sueño de llegar a ser un gran competidor olímpico se resumía en esto? No lo sabía. Algo o alguien me había desviado del camino que debía recorrer y estaba solo, en la oscuridad, alejado de mis deseos de ser un gran deportista.

Los que gozaban con nuestra desgracia eran los coreanos que pactaban las apuestas y se dividían las ganancias. Del los miles de dólares que se recogían la noche de pelea, los luchadores sólo nos quedábamos con 100. Al terminar el enfrentamiento, salíamos del lugar ubicado en un viejo estacionamiento, invadido por el sonido de la salsa.

Jamás maté a un hombre de un golpe, pero sí creo que dejé lesionado a más de uno. El mundo del ‘vale todo’ también trae revanchas y no siempre se viven en el improvisado cuadrilátero y mucho menos en medio de las apuestas. Lo viví en una esquina de Lima, cuando un hombre se me acercó por la derecha y me dijo: “¿Te acuerdas de mi?”. Al instante, por mi izquierda, tres de sus acompañantes me pegaron hasta caer. Lo único que recuerdo es que me golpearon la cabeza con una varilla, a la altura de la ceja.

Nunca vi por aquel lugar de las peleas a un policía imponiendo control. Tal vez los apostadores tenían todo muy bien estructurado y por eso, a lo mejor, nunca hacían redadas.

Me lastimaron tanto que dije no más. Hoy, tiene en su hoja de vida el haber alcanzado en siete oportunidades el título de Campeón Nacional de Levantamiento de Potencia –también conocido como powerlifting–, de ser en dos oportunidades el hombre más fuerte de Sudamérica y el cuarto en el mundo.

Catorce años después de todo lo vivido, con un diente menos, cicatrices por todo el cuerpo, la nariz menos respingada y con una secuela más, no poder llamar a las personas que conozco cuando están de espaldas porque olvido su nombre, he sido seleccionado, tras cumplir muchas pruebas físicas, como uno de los 30 ‘súper humanos’ de Latinoamérica. Además, me he convertido en el pastor de una iglesia y en el mensajero de los propósitos que tiene Dios en la tierra para con todos nosotros. Aprendí a administrar mi fuerza, tanto la física como la interna, y soy otro”.

Con fuerza

José Manuel Selem Ramírez, más conocido en el mundo como Pepe Selem, toma en sus manos una varilla de media pulgada, la misma que se utiliza para construir las rejas de las celdas de las prisiones, y la pone en su boca.

El sol que entra por los cristales de gimnasio donde este limeño realiza la prueba para Vanguardia Liberal, ilumina el momento en que éste tarda tan solo cinco segundos en doblar la varilla y dejarla convertida en una argolla. Luego, camina triunfante por el lugar con la barra colgada de su boca.

Pepe Selem, de 48 años, tiene algo especial en su sistema óseo y History Channel, en ‘Súper Humanos Latinoamérica’, una serie que muestra a hombres y mujeres con habilidades extraordinarias en sus respectivos países, así lo demostró.

Fue entonces cuando Selem supo que tiene la mordida dos grados superiores a la de un humano normal y tres grados por debajo de la mordedura de un perro de raza pitbull, considerada una de las más fueres en el mundo de los canes.

El examen realizado en un centro de alto rendimiento para deportistas en Buenos Aires, Argentina, demostró que su mandíbula está intacta, a pesar de los golpes recibidos durante sus días de ‘peleador sin ley’, así como su cráneo y sus lumbares.

“Nunca en mi vida me habían hecho estas pruebas. Dicen que tengo el organismo de una persona de 20 años, lo que indica que podré vivir hasta los 90 o 100 años”, asegura este hombre.

Además de doblar una varilla con la boca y con la cabeza, Pepe Selem también enrolla sartenes de teflón hasta dejarlos como una tortilla o panqueque, rasga directorios telefónicos de más de mil páginas; revienta y aplasta latas de gaseosa llenas al presionarlas con sus dos manos; hala motocicletas, infla bolsas de hule para agua caliente o fría hasta reventarlas y rompe bloques de madera de distintos tamaños y grosores.

“Igualmente hablo de Jesucristo, soy el pastor de los artistas y deportistas de mi país…La gente habla de Pepe Selem y piensan que soy un hombre grande, pero sólo mido 1,68 metros. He llegado a lugares donde la gente no me ve y no me reconoce y he tenido que presentarme”, asegura en medio de risas.

Se vale ser ganador

“Al abandonar el mundo del ‘vale todo’, tomé rumbo a la selva peruana y me reencontré con mi padre, un empresario árabe dueño de un molino de arroz. Allá  me puso a trabajar en su empresa y allá conocí a mi esposa, con la que hoy tengo dos hijos, uno de 19 años y una de 12.

Un entrenador que confió en mí me llevó a Italia, donde participé en varias competencias de fuerza y logré posicionarme. Me ofrecieron un salario y un lugar de entrenamiento, pero no acepté. Regresé a Perú porque mi hija estaba a punto de nacer y no quería perderme este regalo. Estuve un tiempo en Estados Unidos participando en distintas competencias de powerklifting y fue allí donde descubrí todo lo que podía hacer con mi fuerza y perfeccioné mis ejercicios.

La fuerza también lo vuelve a uno torpe. Lo he vivido en los momentos menos esperados como cuando choco con alguien y lo golpeo, sin querer, o cuando estrecho la mano con las personas que me saludan. Por su cara sé que lo he lastimado; sin embargo, sé controlarlo.

Mi vida es muy distinta a lo que era antes. Me acuesto temprano, me dedico a las labores de la iglesia y viajo ofreciendo toda clase de conferencias sobre valores en la familia y motivación.

En las mañanas despierto y desayuno casi siempre siete huevos cocidos, granos y fruta. En el transcurso del día como seis veces más, en porciones pequeñas, y cuando cae la noche mi comida es aún más liviana. Consumo fruta sólo hasta las 4:00 de la tarde, porque en la noche se convierte en glucosa. Complemento mi alimentación con proteínas en polvo y otros productos, todos naturales.

Ser deportista en mi país es complicado, como ocurre en otros países de nuestro continente. En el mío, por ejemplo, solo hay apoyo para el fútbol y el voleibol, pero poco a poco disciplinas como el powerklifting ganan terreno.

A mi edad finalmente pude conseguir un patrocinador, cosa que no tuve en mis mejores años como peleador y que perdí en medio de las luchas en el ‘vale todo’. Figurar en canales internacionales ha sido mi mejor respaldo y en Perú cuando recién eres famoso te apoyan en todo, porque tienes una imagen. No lo hacen porque quieran desarrollar tu talento, lo hacen porque ya tienes un camino trazado y una carrera sólida a punta de tu esfuerzo.

Soy conocido como el pastor de los artistas y los deportistas en mi país, quienes tenemos el mismo problema con el ego. Estamos acostumbrados al aplauso y los halagos, y esto es difícil de cambiar. Por ahora sigo mi camino, ayudando a todo aquel que crea no puede superar cualquier obstáculo”.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

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