Región
Viernes 24 de mayo de 2013 - 05:38 PM

La carpa rodante de la paz que recorre el Magdalena Medio

Décadas atrás vivieron asediados por los grupos armados en la Comuna 7 de Barrancabermeja. Un día, tras la llegada de un italiano y una mexicana, lograron librarse de la guerra gracias al arte. Hoy viajan en bicicleta por pueblos del Magdalena Medio y consiguen, por medio del teatro, trazar un camino de reconciliación.

La carpa rodante de la paz que recorre el Magdalena Medio (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)
La carpa rodante de la paz que recorre el Magdalena Medio (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

El vallenato estridente se escucha a todo volumen frente a la cancha de tierra del barrio Ciudadela Pipatón, mientras algunos bebés toman tetero en los brazos de sus madres y unos niños cargan perros y gatos acunados en sus camisetas.

En el lugar también están adolescentes que protagonizan escenas de enamorados y mujeres que cargan bancas de madera con almohadas para sentirse cómodas. Todos aguardan en la entrada de la carpa azul. Esa noche, como pocas en el sector, habrá teatro gratis. 

A las 7:00 p.m. de ese lunes, una brisa fresca recorre este barrio de la Comuna 3 de Barrancabermeja. Aparece en la entrada de la carpa un hombre alto, canoso, de voz grave y pronunciación algo enredada. “La función comienza en media hora. Los actores se están preparando. Vamos a entrar con calma”.

Es Guido Ripamonti, un italiano, coordinador del grupo de teatro del Centro Cultural Horizonte y director de la obra que esa noche se presentará, llamada ‘7 Comunas’, la historia del Puerto Petrolero vista desde  los jóvenes de la Comuna 7, sobrevivientes del conflicto armado en esta zona de la ciudad.

Faltando 15 minutos para las 8:00 de la noche. El italiano pide silencio, pero nadie hace caso. Un perro ladra en busca de su amo y un niño llora al verse perdido. No hay remedio, la función debe iniciar y qué mejor que un aplauso para darles la bienvenida a los actores. Lo curioso es que en el escenario aún se acomodan objetos, se barre, se trapea y se encienden ventiladores para refrescar a los asistentes.

“Bienvenidos”, dice Guido Ripamonti desde el extremo izquierdo de la tarima. “Después de nuestro paso por Puerto Berrío, arribamos a Barrancabermeja en bicicleta para presentarles esta obra. No es una obra para niños 26 Espero la disfruten. ¡Ah! Y una cosa más, agradecemos un poco de silencio”, pide el director de la compañía.

Recuerdos sobre las tablas

El grupo de actores salta a la escena. Un fuerte aplauso ofrecido por los asistentes les sube el ánimo. ¿Cómo se puede resumir la historia de la Comuna 7 de Barrancabermeja, una de las zonas más azotadas por los asesinatos y desapariciones por parte de los grupos armados ilegales?

Eso se pregunta María Antonia, de 65 años, quien ve la obra por primera vez. Aprovecha que aún faltan por acomodar unos cuantos objetos en la tarima, para recordar la masacre del 16 de mayo en el barrio El Campín –Comuna 7–, comandada por el paramilitar hoy detenido, alias el ‘Panadero’, Mario Jaimes Peña, la noche en la que en esta zona sus habitantes recaudaban fondos en un bazar.

“¿En esa cacería caería el familiar de alguno de estos muchachos? ¿Sentirán miedo?”, dice la mujer. Pero nadie le responde. La obra empieza y la conversación tiene que dejarse para otro momento.

En medio de los cambios de vestuario, de las dos y hasta tres personificaciones que debe hacer cada uno de los actores, de la falta de sonido para amplificar sus parlamentos y de los ladridos del perro que aún buscaba a su amo, ‘7 Comunas’ fue contando la historia de Barrancabermeja.

Los jóvenes le recordaron a su público la llegada de extranjeros y la fundación de la refinería, las huelgas protagonizadas por los trabajadores y sindicalistas, el desplazamiento forzado y en especial, sus muertos. Entonces María dice, “si ve, aún los lloran 26”.

También hay tiempo en la tarima para una pieza de cumbia, que busca personificar a las lavanderas del río Magdalena y contar que todos los sobrevivientes del conflicto, debajo de una carpa azul, siempre tienen “sueños que apuntan a ser realidad”.

Un italiano que se quedó

Una vez más la propuesta liderada por Guido Ripamonti se roba el corazón de los barramejos. Con frases de agradecimiento despide a su público y les recuerda que la ‘Ciclogira’ por la Paz se extenderá hasta finales de mayo por los pueblos del Magdalena Medio (ver gráfico).

Dice que viajan en bicicletas para mostrar sus obras y llevar un mensaje de paz, que los jóvenes del Centro Cultural Horizonte hacen sus propios montajes, que escriben sus parlamentos y que exorcizan por medio del arte, el teatro y la danza, el pasado que fueron obligados a vivir por la intimidación de los alzados en armas.

Mientras el público se despide, este italiano aprovecha para contar que perteneció a una compañía de teatro ítalo-argentina al llegar al país gaucho a sus 22 años y que hace seis años se encontró con el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio y el padre Francisco de Roux, mientras recorría Suramérica.

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Asegura que inició su viaje por el continente esperando llegar a Estados Unidos, pero conoció la zona ru-ral de Colombia y se quedó junto a la actriz mexicana, Yolanda Consejo, su esposa.

Ahora es reconocido por las comunidades de todos los municipios golpeados por la violencia en esta zona del país. A muchas víctimas, como Giovanny Ayala, un actor de 30 años, Guido les ha entregado la oportunidad de cambiar por medio del arte. “La Barranca actual es el producto de una Barranca que no se quedó en la guerra ni en el pasado, que encontró otras alternativas desde el arte, la comunicación y sobre todo, el teatro, para cambiar imaginarios y estilos de vida”, dice este actor.

Los seguidores de Guido no solo son sus alumnos, los campesinos o los líderes comunales. También lo son algunos miembros de su familia. Uno de ellos es su hijo Ricardo Ripamonti, de 20 años, estudiante de Lenguas, que abandonó Milán para seguir los pasos de su padre y ayudarlo a construir su sueño.

“Decidí, como mi padre, que mi universidad será la vida. Tenía temor de estar acá, de dejar a mi novia, a mi mamá, pero quería entender qué es Latinoamérica, y bueno, es algo de Colombia y algo de Barrancabermeja”, concluyó este joven.

Guido lo escucha y satisfecho lanza una frase: “Hay mucha vía por recorrer, así que a descansar. El telón se cierra por hoy”.

Más sobre la gira

Según Guido Ripamonti, coordinador del grupo de teatro del Centro Cultural Horizonte, la ‘Ciclogira’ por la Paz busca acercar a la comunidad, por medio del teatro y la danza, entre otras expresiones culturales, al camino de la reconciliación.

La carpa azul, con capacidad para aproximadamente 200 personas, mide 20 por 12 metros, y está dotada de graderías, ventiladores, luces y sistema de sonido. Se espera que la gira termine la primera semana de junio en Mico Ahumado, población perteneciente al municipio de Morales. en el sur de Bolívar.  Ripamonti asegura que las empresas patrocinadoras creen en el proyecto desde que inició y que a pesar de que se diga que Barrancabemerja no es una ciudad para el teatro, todo se puede conseguir si se trabaja seriamente con las comunidades. “Que el grupo de teatro que tenga una carpa como esta es una maravilla. Todo se gana con constancia y calidad, y los chicos entendieron eso, y no porque hay alguien que los acosa, sino porque lo hacen por ellos mismos”, concluye este actor.

La carpa rodante de la paz que recorre el Magdalena Medio (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)
La carpa rodante de la paz que recorre el Magdalena Medio (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)

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La carpa rodante de la paz que recorre el Magdalena Medio (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)
La carpa rodante de la paz que recorre el Magdalena Medio (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

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