Después de tres años de capacitaciones en marroquinería, confecciones y belleza, de abandonar las calles y encontrar empleo como barrenderas de los parques del centro de la ciudad, un grupo de extrabajadoras sexuales reclama mayor atención y pide la conformación de una empresa sólida para no regresar a la prostitución.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
La reunión para celebrar el Día de la Madre en los talleres de la Congregación Mariana sirve de pretexto para hablar de un tema que un grupo de trabajadoras sexuales del centro considera más delicado que no tener dinero para cancelar el valor diario del cuarto en el que viven o contar con lo suficiente para alimentar a sus hijos.
En medio de una torta y la gaseosa donadas por unos comerciantes de la zona, del sonido de las máquinas de coser, los martillos y las tijeras que cortan los hilos, las mujeres intranquilas piensan en su futuro y en salir de una vez por todas de las calles.
Pero el cambio, como ellas aseguran, lo ven lejano, pues como en anteriores oportunidades las ayudas han llegado y se han esfumado.
T., quien luce uniforme de camisa roja y bluyín les dice que no desanimen, que sigan su ejemplo y trabajen como ‘parqueras’ o barrenderas de los parques del centro de la ciudad.
“Estuve 20 años en las calles y no pienso volver. Estoy muy agradecida con la Alcaldía que me ayudó a conseguir el trabajo, pues vivía en bares de mala muerte y hasta caí en el alcohol”, comenta T. mientras come una tajada de torta.
Su discurso es interrumpido por una mujer que cose un bolso. “No todas queremos barrer, sino hacer bolsos, vender y tener una empresa, porque lo hemos demostrado. Para dejar las calles debemos tener otro trabajo que nos brinde ingresos”, explica la mujer.
Resta una hora para regresar a las residencias que habitan. Algunas tienen unos cuantos pesos para la cena y el desayuno del día siguiente. Otras, por estar toda la tarde en los talleres, regresan al parque Antonia Santos a buscar uno que otro cliente.
En medio de la desilusión que las invade, también se ve la colaboración y se escuchan frases de aliento. “¡Le quedó muy bonito el bolso!”, “¡métale más colores!”, “creo que lo voy a dejar para mí, no lo voy a vender. ¡Me gusta!”.
La Congregación Mariana cierra sus puertas. No parten sin dejar las cuerinas, los pegantes y las herramientas en orden. En este pequeño lugar, donde abonan el sueño de tener una microempresa, estarán, aproximadamente, hasta agosto.
Una espera que incomoda
Desde hace tres años, la Alcaldía de Bucaramanga, desde el despacho de la Primera Dama, Glenys Pedraza, lidera varias capacitaciones para sacar de las calles a estas mujeres.
Talleres de marroquinería, confecciones y de belleza han sido impartidos en la Congregación Mariana y el hogar de las Hermanas Adoratrices, que según el director del Instituto Municipal de Fomento Empresarial de Bucaramanga, Imebú, Cristián Rueda Rodríguez, se consolidarán con la puesta en marcha de una microempresa.
Sin embargo, líderes de esta población expresan su preocupación. “El tiempo pasa y seguimos en los talleres. El año pasado nos dijeron que la microempresa se crearía en 2013, luego que antes junio de este año, y nada pasa. No entendemos qué más debemos demostrar para conseguir esta oportunidad”, comenta Fátima Bacca, líder de esta población.
“En la Alcaldía nos hablan de unos ayudas económicas, pero no pedimos dinero, ni mercados, ni fiestas, queremos que nos guíen y conseguir un negocio, porque sin dinero es difícil que muchas mujeres salgan de las calles”, asegura Bacca.
Rueda Rodríguez del Imebú comenta que en agosto se iniciarán los estudios para hacer la entrega del ‘capital semilla’ que les servirá a las mujeres para la creación de la microempresa. “El ‘capital semilla’ se entregará a un operador y miraremos qué tanto cuesta la microempresa. Una vez se tenga la maquinaria necesaria, las vamos soltando para que cojan camino. El acompañamiento que les hará el Imebú será por tres años”, explica el funcionario.
Al Director del Imebú le preocupa el tema de la asociatividad, pues algunas mujeres de las que han participado en los talleres no han sido constantes. “La idea es legalizar la empresa y a finales de diciembre, probablemente, entregar los recursos. No podemos hablar de cuánto costará el montaje de la microempresa, porque aún no lo tenemos proyectado”, añade el funcionario.
Un camino trazado para recorrer
Hamlet Acevedo Rodríguez, representante de Asfacab, la Asociación de Fabricantes de Calzado, y quien ha participado en la capacitación de estas mujeres, dice que es prioridad definir su futuro, por el empeño que han puesto y las necesidades por las que atraviesan al optar por un cambio de vida, que son críticas.
“Ellas vienen cuatro veces a la semana, de 2:00 a 6:00 de la tarde, a trabajar en los talleres. Muchas no tienen dinero, porque se han alejado de las calles, y es preocupante su situación”, comenta este empresario del sector del calzado.
Según Acevedo, Asfacab les ha ayudado con el análisis del mercado y la definición de una marca. En próximos días, añade el empresario, realizarán pruebas de mercado y montarán exhibidores con 10 diseños exclusivos hechos por las mujeres.
No obstantes, la realidad es que en este momento, por la falta de insumos, materiales y de un espacio físico para desarrollar la microempresa, a las mujeres les es más rentable que pierdan lo ganado y regresen a las calles. “Hemos escuchado a la Primera Dama (Glenys Pedraza) en distintas oportunidades comprometerse con este sector de la sociedad, y la mayoría de mujeres han dado muestra de cambio. Necesitamos un ‘empujoncito’ más para que esto sea una realidad. Ya están capacitadas, ahora queremos verlas trabajar”, concluye el empresario.
Atención en salud
Fátima Bacca asegura que más de una docena de mujeres que trabajan en las calles están contagiadas con enfermedades de transmisión sexual y no están bajo tratamientos, porque no cuentan con Sisbén. “Tenemos conocimiento que en abril se presentó una propuesta para implementar una estrategia de promoción y atención a trabajadores sexuales y habitantes de calle, por parte de una corporación, pero la Secretaría de Salud del Municipio no ha respondido”, dice la líder.
Por su parte Claudia Amaya, secretaria de Salud de Bucaramanga, dijo: “Es responsabilidad de las trabajadoras sexuales ir y hacerse los chequeos médico. No existe ninguna obligatoriedad del Estado de irlas a buscar para que se hagan los exámenes. En este momento, todas las trabajadoras sexuales que tenemos en los listados tienen régimen subsidiado o contributivo, y sus servicios de salud están cubiertos”.













