Viven rodeadas de cuidados y monitoreadas por expertos que buscan conservarlas. En Barrancabermeja, como en otras zonas petroleras del país, las iguanas son más que la imagen de la refinería. Aún se conoce poco sobre la especie, por lo cual Ecopetrol y el Von Humboldt buscan desentrañar sus secretos.

Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
A las 11:00 de la mañana varias iguanas macho se asolean sobre la alfombra verde y natural del campo de golf del Club Miramar de Barrancabermeja. Necesitan los rayos del sol antes de la llegada del ‘banquete’ que a diario les preparan los empleados del lugar.
Se escucha el ruido de aves como los milvagos y los ‘garrapateros’, que sobrevuelan el cielo y que se posan sobre los almendros, palmas y demás matorrales que les dan sombra a los reptiles. Por estos días no hay huevos ni recién nacidos que cazar. Si insisten en saborear y tratar de comerse al ‘animal verde’, lo máximo que podrían conseguir sería un coletazo de los tranquilos machos.
El ruido que generan los golpes que Edinson Saravia da al balde donde lleva el alimento las hace salir a todas de su escondite. Los infantes, por la intensidad del color verde, casi no se distinguen del césped. Las juveniles, imponentes por su tamaño y destreza, muestran sus crestas y papadas esbeltas, y las adultas, de caminar lento, exhiben sus lomos, que combinan tonos verdes, amarillos y cafés. Todas llegan a los pies de este hombre.
Para fortuna del animal emblema de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, en el Club Miramar, como en otras zonas del Puerto Petrolero, las iguanas son todas unas diosas, dignas de admiración. Un ejemplar de estos puede estar avaluado hasta en 4.240 dólares por firmas internacionales. Pero no este valor el que impulsa su cuidado. Como asegura Edinson, el hecho de tenerlas cerca y de evitar su caza y consumo, tiene más valor que cualquier otra cosa.
“Las pocas iguanas que veía estaban en las ollas de los sancochos en San Alberto, mi pueblo. Acá, si uno quiere trabajar, debe perdirles (risas). En medio de todo uno aprende a quererlas”, expresa este trabajador.
A profundidad
Fabio Leonardo Meza Joya y Eliana Ramos son biólogos que recorren los predios del Club Miramar y los alrededores de la ciénaga San Silvestre, como parte de una investigación que adelantan sobre la iguana.
Los profesionales que cursan estudios de maestría en la Universidad Industrial de Santander, UIS, hacen parte de la iniciativa adelantada por Ecopetrol y el Instituto Alexander Von Humboldt, que busca determinar algunos aspectos poblacionales de la única de las 38 especies de este reptil que se encuentra en Colombia: la iguana-iguana. La idea es determinar aspectos como su actividad reproductiva, la tasa de mortalidad y supervivencia y el entorno donde habitan, que permitan su conservación, especialmente en zonas de actividad petrolera.
Mientras descansan bajo la sombra de los árboles, Fabio y Eliana cuentan que al menos han logrado estudiar y marcar 87 individuos adultos de los casi 300 que podrían existir solo en las zonas aledañas a la ciénaga y los campos del golf del club.
Aseguran que los machos son territoriales hasta con los animales de la misma especie, que amedrentan a los extraños con coletazos, que se comunican moviendo la cabeza ante la presencia de los enemigos y que a pesar de abarcar extensas zonas, su espacio es limitado. También han identificado que algunas personas las llaman ‘iguana verde’ por su color, que los machos son más grandes que las hembras, que el búho es otro de sus grandes depredadores y que en promedio, una iguana, según su tamaño, puede llegar a incubar entre 30 y 50 huevos, muchas veces apetecidos por los amantes de las comidas exóticas y afrodisíacas.
“Sabemos que el ritual de apareamiento se da en los meses de diciembre y enero, y que nacen en febrero las primeras crías, pero una de las cosas que queremos determinar es cuántos de los huevos sobreviven, pues hasta el momento se estima que la tasa de mortalidad es alta y que en ella tienen que ver no solo los depredadores, sino las condiciones de humedad y de temperatura”, comenta la bióloga Eliana Ramos.
La iguana, según los estudios adelantados por Ecopetrol y el Von Humboldt, y los datos entregados por organizaciones internacionales que se dedican al cuidado de especies silvestres, es una especie amenazada.
En zonas como el Cesar, la Guajira y San Andrés, según el Von Humboldt, son cazadas para el consumo diario. Un plato de iguana es ofertado entre los $15.000 y $20.000. En poblaciones del Atlántico, Magdalena, Córdoba y Bolívar solo se consumen los huevos, situación que preocupa aún más, pues muchas veces los cazadores no esperan a que las hembras pongan los huevos en sus nidos y se los sacan a la fuerza, dejándolas infértiles y con infecciones que las llevan a la muerte.
Defensor de corazón
Fernando Álvarez, un pensionado de Ecopetrol de 73 años, recorre a diario los pasillos de la Plaza de Mercado Torcoroma del Puerto Petrolero, buscando lechugas, pimentones, repollos y toda clase de verduras desechadas por los vendedores, para alimentar a las iguanas que habitan en los alrededores del malecón del Cristo Petrolero, sobre la ciénaga San Silvestre.
Desde hace ocho años realiza esta labor. Según él, quiere recuperar el tiempo perdido en su época de juventud, cuando las espantaba de los árboles y cazaba sin razón toda clase de aves. Ahora se declara un defensor de los animales.
“Un día pasé y vi a los animalitos que se pasean de un lado a otro en la carretera, expuestos al tráfico, solo por buscar comida. Entonces pregunté sobre su dieta, sus cuidados, y así empecé con esta labor. En una época vi morir a 16, llenas de huevos, y eso me dio mucho pesar”, explica este hombre, residente en el barrio Uribe Uribe, quien además de alimentarlas las acompaña en largas jornadas, para “espantar” a jóvenes inquietos que llegan a lanzarles piedras.
Según Fernando, en la zona existe un ‘lobo pollero’, de color negro y manchas blancas, que las acecha en la época en que ellas excavan sus nidos y ponen sus huevos. El pensionado asegura que no le hace nada, porque ese es el curso de la naturaleza. Al igual que con las garzas que buscan iguanas recién nacidas.
Mientras alista la bolsa con el alimento que llevará a las iguanas, este hombre resalta la labor que está adelantando Ecopetrol y otras entidades por la preservación del medio ambiente. Y recomienda a todos que no consuman iguana. Incluso, dice que no es recomendable comerla, porque en caso de una cirugía “el cuerpo puede llegar a no asimilar la anestesia”, concluye.
¿Por qué preservar las iguanas?
Según Óscar Villadiego, vicepresidente de HSE y Sostenibilidad Operativa de Ecopetrol, la iguana es un animal que siempre ha hecho presencia en las zonas donde la empresa petrolera ha estado. “Desde que definimos que este animalito nos representaría, hemos buscado la forma de trabajar para generar información que permita determinar el estado real de sus poblaciones y desarrollar acciones que garanticen su sostenibilidad”, comenta el profesional, uno de los líderes del proyecto ‘Iguana Viva’, que se adelanta en zonas como Meta, Norte de Santander, la Orinoquía y el Putumayo.
Ana María Moncaleano, profesional ambiental de Ecopetrol, encargada del convenio Ecopetrol y el Von Humboldt, asegura que la responsabilidad y el cuidado de este animal no solo está en las comunidades en las que crecen, sino también en las personas que buscan consumir un plato exótico.












