miércoles 12 de enero de 2022 - 4:50 PM

Entrevista: El embajador de Alemania y su amor por los paisajes de Santander

El embajador de Alemania en Colombia, Peter Ptassek, quien visitó Santander durante una semana le contó a Vanguardia los detalles de su visita al departamento, los lugares que visitó y si en otra oportunidad volvería a la región.

Peter Ptassek, embajador de Alemania en Colombia estuvo durante siete días en Santander. En su cuenta de Twitter documentó su estadía. En el departamento, además, le dio la bienvenida al 2022.

En Vanguardia tuvimos la oportunidad de hablar con él sobre los detalles de su estadía en esta región del país. Esto fue lo que nos contó:

¿Por qué eligió Santander como su destino para pasar el fin de año?

Si a uno le cuentan tanto de una región, entonces uno quiere verla con sus propios ojos, quiere ver las mil cavernas, las cascadas, Barichara y el Cañón del Chicamocha. Es decir, que en el fondo me animé por los paisajes, las montañas y por las fotos que esperaba poder tomar.

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Antes de Navidad hicimos la caminata al nevado del Tolima, donde pasamos tres días. Santander fue un poco la continuación de esa experiencia, pero también algo muy distinto. Mi familia y yo hicimos ese viaje con mucha ilusión.

Durante siete días recorrimos el departamento, para ver lo más que se pudiera, más de lo que se podría ver estando en un solo sitio. Pero, no pudimos ver todo, ¿Cómo iba a ser posible?.

¿Qué lugares del departamento visitó?

Las ventanas de Tisquizoque (cerca de Florián), donde un imponente salto de agua sale en dos cascadas de una gruta atravesada por el río. Es emocionante estar en la enorme entrada, desde donde el agua cae hacia la profundidad. Estuvimos en el interior de la gruta, pero también al pie de la cascada, donde la espuma lo moja a uno inmediatamente. No vimos a muchos turistas, ya que el lugar está retirado y el acceso no siempre es fácil. Pero valió la pena.

Estuvimos en Las Gachas cerca de Guadalupe, donde en las rocas bañadas por el río se han formado hoyos circulares, algunos de ellos muy profundos, en donde uno se puede meter. Es como un jacuzzi natural, pero mucho más divertido. No nos atrevimos a meternos en todos, porque uno no sabe cuán profundos son.

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Vimos a muchos colombianos que se estaban bañando en los hoyos junto con sus familias, un tipo de diversión dominical para todos. El acceso está muy bien hecho, es un camino peatonal bien construido, con lugares de descanso y miradores. Almorzamos en Guadalupe.

Fuimos a Barichara, probablemente una de las más bellas y acogedoras ciudades pequeñas de Colombia, con una oferta turística muy amena, muy buenos restaurantes, una librería que a la vez es un café muy agradable, donde pasamos dos horas hojeando libros.

Visitamos el taller del papel, donde uno aprende cómo se hace papel sin madera, ¡Muy bien!, un aporte a la lucha contra la deforestación. Cada uno de nosotros produjo su propia hoja de papel, eso fue muy impresionante.

Desde Barichara llegamos a Guane por el camino real y visitamos el museo, donde vimos fósiles increíbles; en tiempos remotos toda la zona estaba cubierta por mar y como muestran los fósiles, este estaba lleno de animales, algunos bastante espeluznantes.

En Guane descubrimos un bello restaurante con jardín, un lugar de esos que debería haber más en Santander. Uno se puede relajar sentado al aire libre en medio de un jardín florido, degustando deliciosos postres y jugos. Seguramente volveremos.

También visitamos las cascadas de Juan Curí al sur de San Gil, una bella caminata y un salto de agua impresionante.

Lo máximo fue la visita al Cañón del Chicamocha, un monumento natural de una belleza espectacular. Pasamos la noche en la Mesa de los Santos, desde ahí el camino al cañón es muy corto.

El paisaje de la mesa es verde y plano, el cañón es todo lo contrario: abrupto, árido y muy majestuoso. Para llegar uno toma el teleférico, que primero desciende hacia el río, donde lamentablemente uno no se puede bajar, nos hubiera gustado acercarnos al río, pero no está previsto.

Luego uno vuelve a subir y llega a Panachi, donde pasando por el monumento a la Santandereanidad se llega al mirador más alto con una maravillosa vista panorámica del cañón.

¿Qué fue lo que más le gustó de su estadía en Santander?

El Cañón del Chicamocha como el espectáculo natural más grande y hermoso, fue una experiencia sobresaliente. Barichara como una ciudad acogedora, es una joya del departamento. Este lugar atrae a muchas personas de todo el país, es muy importante conservar esa belleza, cuidar la sostenibilidad del turismo y proteger el conjunto de naturaleza y ciudad. Eso no es posible sin planeación y sin reglas para urbanizaciones en la periferia de la ciudad. Espero que se logre, ¡se debe lograr!.

¿Cómo le pareció la comida?

Comimos muy bien en Barichara, una cocina colombiana que combina los ingredientes tradicionales de manera innovadora, creando sabores nuevos y destacando todo el potencial de la cocina colombiana y santandereana.

El bello restaurante con jardín en Guane muestra qué hermoso es disfrutar de la cocina local en medio de la naturaleza. La buena comida no tiene por qué ser complicada, pero uno siente dónde se cocina con corazón e imaginación. Fue una experiencia muy inspiradora.

¿Volvería a Santander?

Claro que sí. Nos falta visitar la Cueva del Indio, en el Páramo, la Cueva el Chocó en Gámbita y muchas grutas más. ¡Tenemos que volver!

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