martes 04 de noviembre de 2014 - 9:45 PM

La delgada línea entre la vida y la muerte

Vanguardia Liberal cuenta las historias de vida de dos santandereanos que estuvieron muy cerca de la muerte. En ambos casos, los protagonistas afirmaron que tuvieron espacios de lucidez durante sus momentos críticos, aunque no se podían mover o comunicarse con la gente que estaba a su alrededor.

Cuando Sandra Milena Ayala Carreño despertó en una de las habitaciones de la Fundación Cardiovascular de Colombia (FVC), luego de estar cuatro meses en estado de coma quiso gritar desesperadamente.

Exigía rápidas respuestas sobre qué le había sucedido y dónde estaba.

Al abrir sus ojos, el primer rostro que reconoció fue el de su hermana menor a quien quería formularle mil preguntas, pero los tubos que atravesaban su tráquea no le permitían articular ninguna palabra.

De a poco se fue enterando que estuvo al borde de la muerte en tres ocasiones, en las que los médicos de la FVC tuvieron que reanimarla vía desfribilador y que durante 16 semanas estuvo inconsciente, conectada a muchos aparatos que ayudaban mecánicamente a mantener activas sus principales funciones orgánicas.

La sorprendente historia de esta joven, técnica en secretariado comercial, comenzó en 2010, cuando en su natal San Vicente de Chucurí presentó los síntomas comunes de un dengue clásico: fiebre y malestar general.

En San Vicente, los médicos sólo atinaron a recetarle  acetaminofén para sus males. Sin embargo la salud de Sandra no mejoraba y por el contrario el pecho le ardía, se le hinchó la cara y el desaliento general no la dejaba hacer prácticamente nada.

Pero lo que nunca imaginó Sandra es que su corazón, en verdad afectado por el peligroso mal de chagas, sufría silenciosamente los daños causados por la mortal enfermedad, que es transmitida por el insecto conocido comúnmente como pito.

Afectada por sus dolencias y sin hallar solución a sus males, Sandra decidió buscar ayuda profesional en Bucaramanga. Y fue en la capital santandereana, luego de pasear por varios centros asistenciales, en donde realmente dieron con la razón del resquebrajamiento de su salud.

“El chagas es un parásito microscópico que durante su vida necesita hospedarse en un ser vivo que le provea alimento, y los sitios más indicados para él son el corazón o el intestino humano. Con el paso del tiempo este parásito produce inflamación, que a su vez genexplica el médico especialista en anestesia Leonardo Salazar.  

Sandra, que para ese tiempo tenía 25 años, entró colapsada el 16 de febrero de 2010 a la FVC y seis días después le fue trasplantado un corazón nuevo. Pero antes de la delicada operación, a la sanvicentana le extrajeron su dañado músculo que fue reemplazado durante 48 horas por un ECMO, dispositivo que suple las funciones del corazón y el pulmón.  

Complicaciones posoperatorias la llevaron durante cuatro meses al estado comatoso, tiempo en el cual el sistema neurológico de Sandra siguió funcionando.

“Soñaba mucho, eso lo tengo bien claro. Soñaba que era protagonista de muchos accidentes, incendios y ahogamientos, pero lo más curioso era que me salvaba de todos. Tal vez, internamente me negaba a irme”, cuenta la joven trasplantada, quien recuerda que en una ocasión fantaseó con que se había ganado el premio mayor de la lotería, aunque actualmente ella se rehúsa a comprar este tipo de sorteo.

Durante su ‘sueño’, Sandra pensaba en que su hora no había llegado. No le temía a la muerte, a pesar de tenerla tan cerca, pero sí le asustaba el hecho de quedar convaleciente y postrada en una cama por el resto de su vida.

“Me dolía imaginarme que sería una carga para mi familia, más cuando mi mamá también se vio afectada por el chagas, y fue mi hermana quien cuidó de las dos. Tal vez por eso, la visita de ella a la clínica es la única que tengo muy presente durante mi estado de coma, pero me sentía impotente, porque le quería decir miles de cosas y no podía por mi estado crítico”, recuerda la joven.

Cuando despertó, para Sandra comenzó una nueva vida. Aprendió a valorar cada minuto de su existencia y supo que a pesar de las circunstancias siempre habrá personas dispuestas a darlo todo por nosotros.

“Por eso debemos ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, porque uno un día está bien y al otro está al borde de la muerte. Dios quiso que me quedara más tiempo en la tierra y creo que tengo varias misiones por cumplir”, afirma la joven secretaria.

Después de siete meses, la vida para Sandra Milena Ayala Carreño transcurre en normal tranquilidad. Dieta, pastillas, ejercicio moderado y controles periódicos hacen parte de la agenda diaria de esta mujer a quien le quedó claro que cualquier persona es susceptible de vivir lo que ella vivió.

En vísperas de su matrimonio con el amor de su juventud, esta mujer invita a todos los santandereanos a hacer parte de los programas de donación de órganos, porque ese noble gesto también le puede dar una segunda oportunidad de vida a muchas personas, la misma que ella tuvo.  

[ pagebreak ]

El partido aún no termina

El domingo 15 de abril de 2011 transcurría para Freddy Camacho Barajas como cualquier jornada dominical, disfrutando de lo que más le gustaba hacer: jugar al fútbol.

El sol canicular se posaba casi en la mitad de cielo. Eran las diez de la mañana y Freddy encaraba un partido muy complicado en la cancha La Salle, escenario del famoso Campeonato del ‘Coco Forero’, defendiendo los colores del equipo Veteranos del Acueducto.

Solo se habían jugado once minutos del segundo tiempo, cuando el comerciante bumangués sintió que su corazón, literalmente, se partían dos. Un infarto casi fulminante atacaba la hasta ahora férrea línea defensiva de Freddy.

Con tan solo 36 años, el reconocido jugador de barriada colapsó en la mitad de terreno de juego ante lo que el mismo denominó como “un dolor insufrible”. Desesperados, hasta sus propios rivales lo ayudaron a componerse de nuevo y él, tal vez en un acto reflejo, solo atinó a quitarse su guayo izquierdo y de nuevo cayó al suelo, pero esta vez en las graderías del escenario deportivo.

“Recuerdo que pateé un balón y de un momento a otro todo se oscureció. No me acuerdo que me quité el guayo izquierdo y mucho menos que me dieron agua  o que me sobaron el pecho, pero sí recuerdo claramente un dolor, sentí que me desmembraban lentamente”, narra Freddy, quien es padre de dos hijos, uno de ellos con la misma vena futbolística de su progenitor.

Aunque su corazón estaba colapsado, su mente sí seguía en funcionamiento. Le pidió insistentemente al ‘Todopoderoso’ que no se lo llevará, porque aún tenía muchas responsabilidades terrenales.

“Apenas se oscureció todo, lo primero que hice fue pedirle a Dios que no me llevara con él, porque mis hijos estaban muy pequeños, aunque sabía que posiblemente había llegado mi hora. Además, me faltaba despedirme de mis seres queridos”,  recordó.

En medio de las tinieblas, el infartado escuchaba las voces aterradas de quienes lo daban por muerto: “Uy, ese man se murió”, decían unos; “está más allá que acá”, exclamaban otros.

Sin embargo, Freddy podía escuchar claramente todo lo que ocurría a su alrededor, en un mundo paralelo que ni él mismo puede explicar.

“Cuando me trasladaron a la Ardila Lulle mi mamá y mi esposa me dijeron que me vieron muerto en la camilla, lleno de cánulas y entubado. Mi mamá presintió lo peor. Yo podía sentir sus lágrimas, pero estaba impotente y sólo podía pedirle a Dios que me diera una oportunidad más. No quería morir, de eso estaba seguro”, narra sin poder contener las lágrimas.

Con un taponamiento del 99% de su arteria coronaria, las posibilidades de sobrevivir de Freddy eran casi nulas, pero aun así desde su estado inconsciencia luchó por no atravesar el umbral, en una batalla casi perdida.

Sin embargo, luego de tres cirugías, cuatro válvulas coronarias, cientos de medicamentos, una dieta balanceada y con un corazón que rinde menos, la vida de este santandereano lentamente vuelve a su normalidad.

Atrás quedaron el peligroso hábito de fumar, la mala alimentación, el sedentarismo y el estrés, que juntos son el mejor coctel para generar problemas cardiovasculares mortales.

Freddy aún no cree que haya sobrevivido nueve horas infartado y que hoy, cuatro años después, pueda contar su historia y jugar fútbol con su hijo.

Él más que nadie sabe que la delgada línea que divide la vida de la muerte se atraviesa con un solo paso. Sencillamente,  su partido frente a a la vida aún continúa, el balón sigue rodando.

Publicado por

Etiquetas

Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad