domingo 23 de enero de 2022 - 12:00 AM

Mujeres de Sucre fabrican canasto talla familiar

En este alejado y pequeño pueblo santandereano, ubicado entre las montañas
de la provincia Vélez, un grupo de mujeres sigue apostándole a la creación de
los canastos como forma de mantener viva una tradición, honrar a sus
antepasados y, a través del arte, lograr el sustento para sus familias.

Este año a Sucre volvieron las fiestas y con ellas los canastos, esas tradicionales fabricaciones hechas de caña y bambú, que durante años fueron parte esencial de los hogares colombianos para ir a comprar alimentos a las plazas de mercado, hasta que fueron de a poco remplazados por bolsas de plástico, tela y otros materiales.

En este alejado y pequeño pueblo santandereano, ubicado entre las montañas de la provincia Vélez, un grupo de mujeres sigue apostándole a la creación de los canastos como forma de mantener viva una tradición, honrar a sus antepasados y, a través del arte, lograr el sustento para sus familias.

Tradicionalmente cada enero en Sucre se celebra el festival del Canasto, que este año cambió de nombre y por la moda en la economía generada por el COVID-19 se rebautizó como Festival de la Reactivación Económica, realizándose el reciente fin de semana de Reyes, los días 8 y 9.

Durante la celebración hasta el parque central del pueblo llegaron 28 mujeres que hacen parte de la Asociación de Mujeres Emprendedoras de Sucre con su más grande creación: un canasto gigante, de tres metros en la base, más de dos metros en alto y por lo menos cuatro metros de diámetro en su parte más ancha, contó Maritcen Ardila Vargas, una de las artesanas integrante de la asociación que trabajó durante 10 días en la obra de arte.

El trabajo no fue fácil. Armadas de machete le dieron forma a varas de bambú de entre tres y cuatro metros de largo que usaron para armar el esqueleto. Luego, a punta de cuchillo, convirtieron las venas de la caña brava en el hilo grueso necesario para tejer el canasto.

Con las manos ampolladas, cortadas y largas jornadas trabajando al sol y sancochos comunitarios, lograron terminar el canasto con el que esperaban obtener el reconocimiento de su gente, del país y del mundo, porque hasta con un Guinness récord soñaban.

Ardila Vargas es de familia de canastos: su papá , abuela y bisabuela se dedicaban a lo mismo. “Nosotras seguimos haciendo, aunque no hay casi quien compre”, dice con un poco de tristeza.

La asociación de mujeres se creó en 2019 con el ánimo de buscar alternativas productivas. “Hacemos de todo, trabajamos en el campo, criamos gallinas, lo que sea”, expresa la mujer de 42 años, recordando que en medio de la pandemia el mercado de los canastos se puso ‘cuesta arriba’, como dicen por ahí.

Ellas no pierden la fe, aunque sienten que a pesar de quedar muy bonito su canasto no ha tenido el impacto y mucho menos el reconocimiento esperado.

No niegan que recibieron apoyo de la alcaldía para los materiales y hasta mercado para dos sancochos, pero más allá de eso no pasó nada. No hubo sueldo, medios de comunicación reconocidos en el evento como les habían prometido y mucho menos nadie del Guinness récord.

Tras el transporte en camioneta del canasto desde la vereda La Peña - también con apoyo de la alcaldía - hasta el parque de Sucre, Vargas siente que no se le dio el valor a la obra ni a ellas como sus creadoras.

Ahora, aprovechando las redes sociales y espacios como estos, invitan a todos a conocer el trabajo que hacen a través del perfil de Facebook que tiene el mismo nombre de la asociación.

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