martes 18 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Santandereanos dejaron su huella en el Everest

En el campamento base, que está más arriba de los 5.000 metros de altura, Manuel Guacaneme y su hija Camila Franco llevaron la bandera nacional.

A los 59 años de vida, como un niño que quiere cumplir un sueño, Manuel Guacaneme, oibano de nacimiento y residente en Bucaramanga, se fue a volar o mejor, a caminar, pero muy alto.

La fuerza de sus piernas y su espíritu lo han llevado a diferentes zonas del país, páramos y montañas que solo conocen los aventureros y amantes de la naturaleza, esos que cambian dormir hasta tarde un fin de semana, por salir muy temprano a recorrer paisajes y caminos escondidos entre árboles, riachuelos y hasta nieve.

Sueño logrado

La última aventura de este docente que empieza a disfrutar de su pensión, por lo que ahora tendrá más tiempo para sus caminatas que pueden durar más de cinco horas, fue hasta la montaña que todos quieren conocer y pocos se atreven a visitar: el Everest, en donde los vientos fríos y la altitud hacen que respirar deje de ser algo natural.

Como todas las actividades de aventura en el mundo, el Trekking - nombre que se le da a los paseos o excursiones caminando por sitios naturales - tiene una especie de rutas épicas que todos los aficionados a este deporte sueñan con realizar.

Una de ellas es justamente a esa montaña blanca ubicada en Nepal, conocida como la más alta del mundo, con su último pico tocando los 8.848 metros de altura.

Sin embargo, el profesor y su equipo conformado por su hija y cuatro bumangueses más (Ludy Galvis, Ariolfo Ojeda, Nelly Herreño y Alba Sanabria), no llegaron hasta allá. No era la meta ni se habían preparado para ello.

Caminaron un poco más arriba de la mitad de la montaña, al campamento base y desde ahí hicieron un paseo - si es que se le puede llamar así - llegando a los 5.600 metros de altura. A los 6.000 metros el cuerpo necesita ayuda y el uso de oxígeno es casi que obligatorio.

“Esto es espectacular, es otro nivel, los Sherpas son sorprendentes con todo lo que llevan a sus espaldas, se pasa por sitios espectaculares, por monasterios, por pueblos, unas paisajes hermosos”, expresó Guacaneme, orgulloso de su rendimiento porque aproximadamente solo el 60% de los caminantes y viajeros que llegan a esta aventura son capaces de cumplir la meta de estar en el campamento base.

Hasta allá este grupo de santandereanos llevaron la bandera de Colombia, emocionados hasta las lágrimas, porque así se siente cumplir un sueño.

Volver hasta la cima

La meta más adelante es conquistar la montaña y para eso hacen falta dos cosas. Más preparación y dinero, porque según cuentan, una expedición para intentar alcanzar la cima de la montaña y ver el techo del mundo supera los 50.000 dólares, unos 235 millones de pesos, con la tasa de cambio actual.

La subida al campamento base, que debía tardar máximo 8 días, la hicieron con el corazón, porque duraron 4 días.

Camila Franco, que aprendió a enamorarse del Trekking con su padre, dijo que esta realmente fue la aventura más dura de su vida. Esa confesión la hizo a través de una llamada de Whatsapp el pasado viernes, a las 10:35 de la noche en Colombia y las 9:20 de la mañana en la montaña, cuando le esperaban dos días de caminata hacia abajo, de más de 5 horas cada una.

En el proceso sintió que se le iban las fuerzas, que los pies se le congelaban, pero aguantó, porque al final el deseo, el amor propio y la fortaleza mental pueden más; por eso, el otro año volverá, con su padre y más santanderanos.

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