martes 12 de agosto de 2014 - 2:55 PM

Una cruzada para salvar al río Frío

La preocupación por la falta de agua no debe llegar solo en el momento en que se secan los afluentes. Un grupo de investigadores analiza el río Frío que atraviesa Floridablanca y Girón, con el fin de implementar un metodología que permita estudiar las cuencas que pasan por la ciudad, la calidad del agua y las causas que disminuyen su caudal.

En un 30%, según reveló la Gobernación de Santander, ha disminuido el caudal de varios ríos del departamento, por el fuerte veranos que se registra en gran parte de la geografía nacional.

Esto ha llevado a muchos municipios a vivir una tragedia, para algunos, anunciada, por la falta de agua no solo para el consumo, sino para el riego y las actividades como la educación y la construcción.

Pese a que en la región el verde de los árboles y la caída inesperada de lluvias levanta los ánimos y crea una esperanza de que la sequía termine, lo cierto es que los cambios en el medio ambiente y en los ecosistemas terrestres y acuáticos son un hecho, y a simple vista las ayudas (donaciones, envío de agua embotellada y caravanas a favor de la preservación el agua) resultan ‘paños de agua tibia’.

Los optimistas se aferran al ahorro de agua y al cambio de hábitos en sus hogares, pero los que pueden hacer un aporte desde lo científico para contrarrestar el fenómeno de la sequía aseguran que es hora de monitorear de cerca el medio ambiente, en especial los ríos, y prepararse para los cambios que afrontará el planeta.

El grupo  de Investigaciones Ambientales para el Desarrollo Sostenible de la Facultad de Química Ambiental de la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga lleva seis años años analizando la cuenca del río Frío, uno de los afluentes más importantes del área metropolitana, ya que surte el acueducto que abastece del líquido a los habitantes de Floridablanca.

Su propósito, más allá de tomar muestras y adelantar campañas ecológicas, es determinar una metodología estándar que a futuro pueda aplicarse a otros ríos de Bucaramanga y el área metropolitana, también conocidos como ríos urbanos, los cuales se han transformado por la expansión de las ciudades, la tala de bosque, el descuido de empresas que vierten sus desechos a los afluentes y la construcción sin ningún tipo de control.

El estudio

Desde el año 2008, un grupo de docentes y estudiantes de primer y noveno semestre de la Facultad de Química Ambiental de la Usta monitorea el caudal del río Frío y analiza las condiciones físico químicas y tóxicas que presenta el afluente.

Durante la investigación han encontrado una relación directa entre el crecimiento urbano y el deterioro del río, a partir de la marcación de tres puntos.

El primer se encuentra en la bocatoma donde se encausa el agua del río para el acueducto de Floridablanca, conocido como ‘la estrella pluvial del ‘Pico’ de La Judía, que alcanza una altura superior a los 2.800 metros sobre el nivel del mar, cerca a la Hacienda La Esperanza o antigua  Clausen.

El segundo punto se ubica en el Jardín Botánico Eloy Valenzuela, en la entrada al barrio Bucarica, y finalmente, en inmediaciones de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales del anillo vial, hasta su desembocadura en el río de Oro, en Girón.

Según Ricardo Restrepo Manrique, docente e investigador en el proyecto, en la bocatoma, teóricamente, no debería presentarse ninguna afectación, pues allí no se da una intervención del caudal; sin embargo, ya se encuentran daños, que si bien no ponen en alerta a las autoridades ambientales, indican que el lugar no se puede descuidar, y menos teniendo en cuenta que a futuro obras como el Cerro del Santísimo esperan atraer centenares de turistas a la zona.

Restrepo Manrique asegura que el río Frío tiene una particularidad: es un lugar donde se extrae el agua y kilómetros abajo es un cuerpo receptor de contaminantes. “Está dentro del futuro de un río urbano como este ser un cuerpo receptor de residuos, como ocurre en la Planta de Tratamiento del anillo vial, pero hay que responsabilizarnos de esto. En cualquier asentamiento humano se necesita del río, pero las circunstancias los tienen en riesgo. Debe existir un equilibrio entre su uso y la conservación, para que no los perdamos”, añade el investigador.

Los microinvertebrados

El estudio también comprende el análisis de la comunidad de microinvertebrados, una serie de organismos que viven en el río, como insectos, caracoles, cangrejos y gusanos, entre otros, asociados a estos ecosistemas.

Estos organismos, asegura Restrepo Manrique, indican la calidad del agua del río. “Le doy un ejemplo. Cuando a usted le dicen trucha, sabe que es de aguas frías, de bajas temperaturas y de zonas ricas en oxígeno, pero si a usted le dicen bagre, de inmediato lo asocia con ríos, cuya calidad ha sido afectada por determinado suceso. Entonces los microinvertebrados nos hablan sobre la calidad que tiene el agua”, asegura el profesor.

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Durante el estudio, el grupo de Investigaciones Ambientales para el Desarrollo Sostenible de la Usta ha encontrado que en la bocatoma la calidad del agua aún es excelente, ya que allí habitan organismos que necesitan buena concentración de oxígeno, que no pueden tolerar mucha materia orgánica.

Sin embargo, al llegar al Jardín Botánico, los investigadores ya han encontrado animales que no son tan exigentes y conviven en aguas contaminadas o intervenidas. Y cuando se llega al sector de la desembocadura del afluente, en el río de Oro, se hallan organismos que toleran las peores condiciones del agua.

“Algunos son larvas de zancudos y los llamados gusanos rojos, cuerpos  que toleran una alta concentración de materia orgánica y baja concentración de oxígeno. Son rojos, porque dentro de su contextura tiene hemoglobina, lo que el ser humano necesita para capturar el oxígeno. Están adaptados a ese nivel de estrés. Ellos son lo que se conocer como un bioindicador del estado del agua”, expresa el investigador Restrepo.

Los investigadores no descartan que otros ríos de Bucaramanga y el área metropolitana estén en las mismas condiciones. Por esto, le apuestan a la entrega de una hoja de ruta que se pueda seguir para futuros estudios.

A manera de conclusión, Ricardo Restrepo asegura que la alerta no es solo para la ciudadanía o la autoridad ambiental.

A este debate también deben entrar las curadurías urbanas, encargadas de expedir licencias de construcción a quienes estén interesados en realizar o adelantar proyectos urbanísticos, pues no se regula el impacto que estas obras puedan causar en los ríos urbanos.

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