lunes 15 de febrero de 2021 - 12:00 AM

“He leído y acepto los términos y condiciones”

A diario se firman contratos con Google, Facebook o Twitter, entre muchas otras empresas, de los que no quedan claros los detalles. Vanguardia habló con una especialista en seguridad informática para exponer las implicaciones del “Acepto”.
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¿Cuántas veces ha leído esta frase? Probablemente, más de las que es capaz de recordar. Incluso, un estudio de la Universidad Carnegie Mellon, reveló que un usuario promedio tardaría 76 días en leer los términos y condiciones de los servicios que utiliza a lo largo de un año.

Según los expertos, el hecho de consentir “tan a la ligera”, sin detenerse a pensar un momento qué es lo que implica “aceptar”, responde a que la frase está tan inmersa en el día a día que los usuarios subestiman el hecho de que están firmando un contrato. Ocurre cada vez que actualiza WhatsApp, Facebook o la versión operativa del software que usa su celular.

En conversación con Vanguardia, Cecilia Pastorino, especialista en seguridad informática del Laboratorio de ESET Latinoamérica, explicó que el principio básico es tener claro los permisos que se otorgan a las empresas, prestar atención y no subestimar el contrato.

Agrega que, si no se está de acuerdo, el usuario siempre tendrá la posibilidad de dar un paso al costado.

Preguntas y respuestas

¿Por qué sí hay que leer los términos y condiciones?

Hay que tener claro que esto es un contrato. Lo que hacemos cuando firmamos un contrato es llegar a un acuerdo con el proveedor del servicio. Hay que empezar por los términos y condiciones de nuestro proveedor de internet, ¿sabemos que información está recopilando?, ¿qué tipo de servicio tenemos y en qué nivel de acuerdo nos tiene ese proveedor? Hay un montón de cosas que están los términos y condiciones que muchas veces no se leen, especialmente en los servicios ‘online’, lo cual es un grave error.

¿Qué dice la letra pequeña de los servicios ‘online’?

La mayoría de estos servicios no los pagamos con dinero. Creemos que son gratis, porque no los estamos abonando con dinero, pero en realidad estamos haciendo entrega de un centenar de datos que esas empresas monetizan. Si usamos cualquier red social y no pagamos un abono mensual, hay que preguntarse de dónde sale el dinero para sostener esa empresa. Facebook, por ejemplo, ¿quién es su verdadero cliente?, ¿soy yo, como usuario? No, sus clientes, quienes le dan dinero y hacen posible que la red social sea una empresa, son los anunciantes. Lo que buscan estos clientes es que su publicidad sea lo más dirigida posible, entonces van a pagar más a aquellas empresas que le aseguren esto. Por lo tanto, muchas empresas utilizan los datos y la información que tienen de sus usuarios para tal fin.

9 de cada 10 internautas reconoce no revisar las condiciones de los servicios, según la Organización de Consumidores y Usuarios.

¿Parecería que están hechos para no ser leídos, ¿es posible con las regulaciones que han surgido?

Si las redes sociales o aplicaciones pusieran en sus términos y condiciones: “vamos a utilizar toda la información que subas para poder mostrarte publicidad cada vez más dirigida”, más personas dudarían en aceptar. Hasta cierto punto, porque luego no tendrían opción. Las gigantes tecnológicas lo hacen muy sigilosamente. Lo cierto es que los términos y condiciones son cada vez más fáciles de leer, hay una cuota importante de responsabilidad con los usuarios. Lo que pasa es que son largos y tediosos. No son imposibles de leer, no puede ser así.

El RGPD, Reglamento General de Protección de Datos exige a las empresas que sean lo menos invasivas posible con el usuario y dejen sus términos claros. Existen esas regulaciones, según la región, en lo respecta a la Unión Europea, y recientemente en Brasil, se hace hincapié en esto. No descarto que en un futuro cercano esto se extienda al resto del mundo, principalmente a Latinoamérica.

Los contratos de las grandes tecnológicas ya han quedado expuestos, pero ¿qué pueden hacer los usuarios con aquellos de los que no se habla?

Hay un sitio que se llama “Terms of Service, Didn’t Read”, una iniciativa que defiende los derechos de los usuarios. Ellos han desarrollado un sistema para clasificar las políticas de términos y condiciones de diferentes servicios web. Cualquiera puede enviar sus apreciaciones sobre una política en particular, y cuando tienen las suficientes revisiones las discuten y asignan una etiqueta: desde la A (de ‘muy bueno’) a la E (de ‘muy malo’), detallando además los puntos más sospechosos de los documentos. (Google pertenece a la clase C y YouTube a la D).

En la navegación habitual se encuentran las ‘cookies’, ¿estos también son contratos?, ¿es mejor aceptarlas o no?

Las ‘cookies’ son pequeños archivos que van dejando rastro de nuestro accionar en internet. Sirven para que cuando visitemos un sitio, los anuncios puedan saber en qué otros sitios estuvimos navegando y mostrar publicidad de ello. Esto les permite a los navegadores armar un perfil de cada usuario, con datos de su interés. Es una decisión personal de cada usuario si quiere aceptarlas o no, o borrarlas frecuentemente. Si entendemos que son los rastros que estamos dejando, y no queremos que eso pase, por supuesto que es una buena opción no aceptarlas, borrarlas o incluso navegar en el modo incógnito, el cual tiene esa particularidad de no guardar ‘cookies’ ni archivos temporales.

Ahora bien, las noticias que nos muestran en el ‘feed’ derivan de ello. ¿Está mal que me perfilen para mostrarme noticias que crean que son más de mi interés, o prefiero ver todos los días noticias que no me interesan? Ahí es cuando decido no borrar las ‘cookies’, cuando me interesa que Google conozca esa información, para que me muestre contenido interesante. Lo importante, siempre, es entender cómo funciona.

El marco regulatorio de Colombia, en relación con los datos personales, está enmarcado en la Constitución. Hay 24 leyes, 14 decretos en temas de internet, además de otras disposiciones de ciberseguridad, privacidad y de IT.

¿Cuál es la principal consecuencia de aceptar que accedan a nuestra información?

Que estén utilizando nuestros datos con fines comerciales. ¿Es grave? No. Hay que entender cómo funciona. No es lo mismo una empresa utilice esos datos anonimizados, es decir, que no los asocien con mi persona, mi nombre y apellido; a que los use a nivel estadístico y de forma anónima. Lo que sí hay que saber es que mucha de la publicidad que nos muestran en los sitios en internet es específicamente dirigida, acorde a lo que los datos indican que nos podría llegar a gustar. Hay que estar muy alerta de que esto no esté siendo utilizado con un fin de manipulación, como en su momento ocurrió con el escándalo de Cambridge Analytica. Hay que estar alerta de eso, de que no se utilice para cegarnos.

Entonces, ¿qué hacer para proteger la información?

Una opción siempre será no utilizar el servicio, tomar una decisión responsable. Como usuarios, si leemos y conocemos los términos y condiciones de una aplicación que nos parece sumamente abusiva, entonces deberíamos buscar otra, una que no me pida tanta información, tantos permisos. Además es importante empezar a decidir qué consumimos y hacerlo de forma responsable, entender lo que ocurre detrás, para que esa información que facilitamos después no sea usada en nuestra contra.

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