miércoles 01 de julio de 2015 - 4:18 PM

La pasión por los videojuegos es hereditaria

Cuando tenía siete años, Leonardo Arias recibió de su papá una caja gris que contenía una consola Atari 2600.
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Madrugaba los fines de semana con la intención de jugar con su padre, quien se enfocaba en el comegalletas Pac-Man, mientras que él prefería Frogger, la clásica rana que debía pasar una gran avenida sin que la atropellaran.

“Más adelante, mi viejo reparó un Family y yo servía como probador y me echaba unas partidas de Mario Bros. Ahora a mis 23 años, si llego a tener hijos, seguramente les daría ese legado que papá me dio en su tiempo”, explica Leonardo, quien como muchos recibió de sus padres la herencia de los videojuegos.

De padres a hijos

Las consolas evolucionan y lo mismo sucede con los videojugadores. Sin embargo, la herencia no se pierde. 

Quienes nacieron a finales de los 70 y durante los 80 fueron testigos de grandes cambios en el entretenimiento digital. Papá y mamá se engancharon a Mario, Luigi, Donkey Kong, Sonic o las maquinitas y sus hijos llegaron al mundo con un control bajo el brazo.

“Recuerdo que cuando tenía cinco años, mi pa me regaló un Famicom (Nintendo japonés), y se quedó casi toda la noche jugando, mientras que a mí prácticamente no me dejó (risas). Al día de hoy estoy casado y tengo una niña de dos años. Con ella juego mucho con el Nintendo Wii U y le encanta Mario. A pesar de su corta edad, comienza a entender el funcionamiento de los controles. Eso sí, que no se dedique solo a estar frente a la TV, mejor que se divierta con sus juguetes y desarrolle otras actividades”, dice el papá videogamer Luis Ramírez.

Hay casos en los que los padres de familia no gustan del videojuego, pero le regalaron a su hijo su primera consola por ser buen estudiante.

Esa es parte de la historia de Mauricio García, quien su primera consola la tuvo en 1989 cuando ganó un concurso de ortografía del colegio.

El Creation lo compró trabajando y haciendo tareas a sus compañeros, mientras que el Súper Nintendo se lo dieron “porque me la pasaba en las maquinitas y me llevaba a mi hermano menor para allá”, dice Mauricio.

Le enseña a su hija mayor la historia de los videojuegos, la evolución del mundo gamer y espera que así su pequeña, como esperan otros papás, no olvide la herencia del mundo de los videojugadores.

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