Lunes 22 de Septiembre de 2014
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Miércoles 27 de Febrero de 2013 - 06:13 AM

Caficultores se las ingenian para pasar el paro en Risaralda

Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL
Caficultores se las ingenian para pasar el paro en Risaralda
(Foto: Colprensa/VANGUARDIA LIBERAL)
La marcha de ayer solo la acompañaban unos 300 productores, pero algunos dirigentes prometían que en la tarde llegarían más caficultores.

Camiones y vehículos en general esperan con paciencia. El sancocho, el plato fuerte del paro. Espera.

Los cuentos, las trovas, las historias de su vida como cafeteros y hasta el baile se convirtieron ayer en una muestra clara en Irra (Risaralda) de que aunque los cultivadores siguen firmes en el paro, y están más angustiados que nunca, tampoco dejan de lado la felicidad, los cantos y la cordialidad que los caracteriza.

Las cerca de dos cuadras que cierran en plena plaza, por períodos de cuatro horas, se convirtieron en una especie de zona de distensión, pues no solo elevan arengas desde la tarima que montaron en el parque, sino que por ratos se retiran a cantar, a caminar de un lado al otro, a jugar un pequeño “picado” en la cancha de fútbol, y a charlar sobre sus problemas.

Algunos de los cafeteros, cuando los visitantes llegan al lugar, les dan la bienvenida, diciendo en forma jocosa que esto parece más bien una verbena o un pequeño carnaval.

Parte de ese mensaje lo entrega la canción de “Gaviota traidora”, que ese escucha desde el parque, en los grandes bafles que instalaron y que se completa con la alegría y el canto que repiten algunos sentados en la plaza.

Hacia las 9:00 a.m de ayer, mientras se conocía la noticia de nuevos bloqueos en el sector de Remolinos (Troncal de Occidente), en Calarcá, Cauca y Huila, en Irra varios productores se concentraban a tomar un buen desayuno, “bien trancado”, como ellos mismos resaltaban.

Mientras algunos seguían pateando un balón en la cancha, más adelante se concentraban dos largas filas esperando el desayuno. En una los cafeteros del resguardo indígena de San Lorenzo (Riosucio) repartían huevo perico, arepa y arroz, con una taza de aguapanela.

En la otra, los cafeteros de Quinchía (Risaralda) fritaban tortas, que entregaban con pan, y también tazadas de aguapanela, que repartía alegremente Marina Ortiz Ocampo, mientras resaltaba que ya no tenía finca, pero que acompañaba el malestar de sus compañeros.

Al fondo, mientras hacía fila para el desayuno, se escuchaba a Tiberio Trejos, el llamado “Parrandero de Quinchía”, y cafetero de la vereda El Higo, de este municipio. Él le escribió unos versos al café hace un par de días.

Asegura que aunque solo tiene una cuadra, el dinero no le alcanza para nada, por lo que decidió expresar su malestar a través de esta canción que comienza diciendo: “a todos los cafeteros el diablo nos va a llevar, con este precio tan malo ya no alcanza para mercar”…

Antes de seguir, dice que las mujeres también se afectaron y continúa cantando, “los brasieres y las tangas ya no se pueden comprar y las mujeres se mantienen por ahí mostrando el pa… pan es lo que necesitan todos los cafeteros, con este precio tan malo nos mantienen como el ternero”, señala, mientras sus acompañantes sueltan la carcajada.

TEMOR PORQUE SE VAYAN

Tiberio canta algo adicional que llama la atención de varios: “yo solo pienso en mis hijos y esta situación tan perra, no sea que de la pobreza se larguen para la guerra”…

El temor que describe la canción lo comparte Guillermo León González, cafetero de Quinchía, quien destaca que lo más angustiante es que cuando los hijos están terminando el bachillerato tienen que ir a pagar servicio militar, pero se terminan quedando en la ciudad, por lo que se pierde el llamado relevo generacional en la caficultura.

Asegura que el caso ya le pasó con sus dos hijos mayores, Luis Hernán, quien siguió carrera en el Ejército Nacional, como soldado profesional, mientras su otro hijo Daniel Felipe se quedó en Medellín trabajando construcción.

Solo le queda Juan David González, quien ya salió del colegio y ahora continúa ayudándole en el campo, aunque teme que también se vaya.

Él y su esposa, Luz Amparo, sostienen que esto es lo que los lleva a seguir insistiendo en que la caficultura sea viable y genere un empleo digno.

Mientras cuenta su situación, al fondo el ambiente se mantiene igual de tranquilo, mientras en los parlantes del parque repica la canción que repiten “su carita es como una marihuana que me traba, que me traba”…

En la cancha se encuentra el gobernador del resguardo indígena de San Lorenzo, Leonardo Gañán, quien insiste en que lo importante es que el presidente Juan Manuel Santos y la Federación de Cafeteros entiendan que no se trata de un paro injustificado.

Ese malestar condujo a que Héctor Darío Andica, estudiante de séptimo semestre de educación y desarrollo comunitario en la Universidad de Pereira, tomara la decisión de parar por una semana o el tiempo que sea en la institución para acompañar el paro que hacen sus familiares en Riosucio.

“Es un problema que nos afecta a todos, y de igual forma así uno tenga o no tenga café hay que venir a apoyar esta actividad”, explicaba mientras fritaba algunos plátanos.

Hacia la 1:00 p.m cuando se dio paso por la vía, después de unas tres horas y media frenados, los camiones no solo pasan felices, sino que en forma de agradecimiento y acompañamiento suenan continuamente sus bocinas.

Algunos cafeteros les responden aplaudiendo, mientras resaltan que posiblemente hoy los transportadores los podrían acompañar en el paro. Tiberio, quien sigue alegre, sostiene que la palabra la tiene el Gobierno y de nuevo suelta una parte de su canción: “hombre, al presidente Santos que salve la situación, pagando unos precios justos, se acaba este revolcón. Yo solo pienso en mis hijos y esta situación tan perra, no sea que de la pobreza se larguen para la guerra”.

SIGUE LA TENSA CALMA EN REMOLINOS (RISARALDA)

Aunque la calma fue predominante en el segundo día de paro en el sector de Remolinos, el disgusto de los cafeteros y su insistencia en la renuncia del presidente de la Federación de Cafeteros, Luis Genaro Muñoz, ha sido la consigna en una improvisada tarima que permanece en el lugar.

A veces el ánimo decae por las altas temperaturas, pero el deseo de los cientos de caficultores que se rotan para permanecer frente a los más de 30 policías, los hace sostener la bandera colombiana de escasos 5 metros. Esta sirve como límite en la zona neutral inconscientemente concebida por manifestantes y autoridades.

Mientras algunos recorren y pasan revista a los bloqueos instalados desde el día anterior, otros encabezan la comitiva encargada de preparar los alimentos para los manifestantes, que permanecen en tiendas de campaña o cambuches improvisados.

En la zona de bloqueo vehicular, los dueños de fincas se instalan a un lado de la vía con los ojos puestos en la línea de restricción y los indígenas acuciosos persisten en la idea de mantener los fogones vivos, para de esta manera cocinar los alimentos y servir de ayuda en la protesta.

Publicada por
COLPRENSA, BOGOTÁ
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