En la carrera hacia el Elíseo hay un duelo de discursos ideológicos indiscutiblemente opuestos cuyo desenlace supondría, si las encuestas y los pronósticos no fallan, un giro hacia el socialismo, luego de cinco años de hastío social hacia un impopular gobierno conservador, que cierra con un balance negativo y salpicado de escándalos.

Publicado por: ÁNGELA CASTRO ARIZA
A los ojos de muchos dentro y fuera de Francia, el socialista François Hollande es visto como el líder sobrio capaz de estabilizar al país en medio de un contexto de turbulencia económica que tiene a la zona euro en ‘saldo en rojo’, especialmente a Grecia y España.
Hollande, de 57 años, encarna un estilo de socialismo moderado, que está en sintonía con los tiempos de crisis que vive Francia, a diferencia de su adversario y actual mandatario, Nicolás Sarkozy, quien a pulso se ha labrado una imagen de ‘presidente de los ricos’.
El díscolo Sarkozy, de 57 años, cuya credibilidad durante el último lustro ha caído a niveles históricos, al punto de que solo el 36% de los franceses aprueba su gestión, se ha convertido en el presidente más impopular de la V República.
Otro factor que pesa en su contra es su estilo personal. Es descrito como un líder agresivo y ambicioso que proclama a los cuatro vientos mano dura contra los inmigrantes. Le reprochan su forma de ser y de hacer.
Inmigración, caballito de batalla
Laura Werle, una bogotana que vive en Francia hace ocho años, asegura que si pudiese votar no dudaría en hacerlo por el socialista Hollande, porque Sarkozy les cierra las puertas a los inmigrantes.
“Para los colombianos y en general para los inmigrantes que estamos aquí la mejor opción, o sea la menos peor, es François Hollande, pues la política de izquierda permite que tengamos acceso a muchas prebendas, acceso a arrendar un apartamento más económico, ya que el Estado subvenciona una parte”, asegura esta economista de 40 años.
Y es que la inmigración se ha convertido en caballito de batalla de la actual contienda por la Presidencia gala.
Mientras Sarkozy, quien proviene de una familia húngara, busca el voto xenófobo e insiste que ya Francia no puede recibir a tanto extranjero, Hollande ha manifestado que limitaría la inmigración durante periodos de crisis.
De acuerdo con cifras oficiales, 11,5 millones de inmigrantes o hijos de inmigrantes viven en Francia, lo cual representa el 19% de los 65 millones de habitantes del país. Cerca de 180.000 personas llegan a Francia cada año. Según cálculos del Gobierno, son más de 300.000 los inmigrantes ilegales pero la cifra podría ser el doble.
¿Cómo se interpreta la inmigración dentro de las preo-cupaciones de los franceses?
Jerónimo Ríos Sierra, investigador doctorando en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid dice que “responde en buena parte del lado más conservador de la población a lo que en sociología se conoce como tetralogía de la xenofobia, es decir, la inmigración genera desempleo, lo que supone a su vez delincuencia y, por ende, inseguridad”.
Sustenta esta afirmación en la realidad actual francesa, que atraviesa momentos de crisis, donde el país presenta las peores cifras de desempleo desde 1999.
La economía pesa
En Francia, quinta potencia comercial del planeta, la tasa de desempleo se ubicó en 10%, hasta marzo de 2012 y hay actualmente ocho millones de pobres (13% de la población).
Según Ríos Sierra, quien además es profesor de Periodismo e Información sobre la UE en el Máster en Unión Europea de la Universidad Nacional de Educación a Distancia de España, Sarkozy ha asumido una postura más severa frente al tema de la inmigración con el propósito de recoger votos de la derecha ultranacionalista.
La propuesta de Sarkozy pasa desde la revisión de Schengen hasta la reducción en cinco años del 50% del número de inmigrantes legales, pasando por el conocimiento de la lengua francesa o el endurecimiento de las condiciones exigidas para el acceso a prestaciones sociales por parte de los extranjeros, enumera el experto.
El actual Mandatario sabe que para lograr la reelección tiene que cautivar a ese electorado. Es una carta que se juega para aferrarse al poder.
“Sarkozy es conocedor de que necesita incorporar el electorado ultraderechista si quiere renovar el mandato en el Elíseo. Desde el inicio de la campaña ha sido conocedor de ello”, destaca el analista político.
No es para menos, ya que son casi seis millones y medio de votos (18%) los que obtuvo el partido ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen en la primera vuelta de las elecciones, en abril pasado, consolidándose como la tercera fuerza política del país. Un dato histórico que a todas luces preocupa por su discurso reaccionario y homófobo, señala Ríos Sierra.
¿Es posible que Sarkozy conserve el poder?
Si bien todos los sondeos apuntan a una derrota clara del presidente Nicolás Sarkozy, los socialistas no pueden cantar victoria antes de mañana. Es más, los últimos sondeos de ayer mostraban que Sarkozy ha recortado distancia de su rival socialista.
Hollande obtendría el 52% de los votos frente a Sarkozy, que llegaría al 48%.
Frente a este tema, el analista Jerónimo Ríos Sierra subraya: “que el candidato Sarkozy conserve el poder pasa en buena parte por cómo sea capaz de movilizar el voto de la ultraderecha francesa. Si se observan los resultados de la primera vuelta, Sarkozy-Le Pen han conseguido en suma siete puntos porcentuales más que el binomio Hollande-Mélenchon”.
Y ese sentido el investigador agrega: “para la segunda vuelta, y de acuerdo con las dinámicas de incorporar el voto útil, la abstención de los votantes del Frente Nacional en consonancia con el voto del castigo juegan claramente en contra de Sarkozy”.
Ante este panorama, que podría ser la debacle electoral para el actual gobernante, Ríos Sierra estima que este viraje hacia la extrema derecha “es el último recurso que le queda a Sarkozy para sacudirse las vestiduras de una imagen como candidato que, en parte del imaginario colectivo conservador francés, se encuentra desvirtuada… Su gusto por la opulencia y sus guiños a las grandes fortunas y capitales del país no encajan con sus promesas de austeridad, sacrificio y reforma estructural”.
Dos posiciones, dos gobiernos
Los dos candidatos marcan la diferencia sobre los temas que afectan la vida cotidiana de los franceses.
Crisis económica, empleo, migración y seguridad son algunos de los aspectos que acaparan la atención de los dos candidatos finalistas, señala Jhon Alexander Rodríguez Castañeda, periodista con Maestría en Estudios Políticos y Sociales de Universidad Nacional Autónoma de México.
Rodríguez Castañeda, quien actualmente cursa un doctorado en París, considera que las actuales elecciones presidenciales francesas marcarán la pauta de gobierno durante cinco años.
François Hollande del Partido Socialista defiende la generación de empleo, la recuperación de puestos en la educación nacional, una reorganización de la economía, un aumento de impuestos para los más ricos, explica el analista político.
Pero no solo predica, también aplica: en señal de austeridad, Hollande ha dicho que la primera decisión de su Gobierno será recortar un 30% su salario y sus ministros.
En la orilla de Sarkozy, abanderado del partido Unión por un Movimiento Democrático (UMP), se plantea la austeridad financiera, un referendo para decidir qué hacer con los inmigrantes, reducción de la aceptación de títulos de estadía y residencia y aumentar efectivos de seguridad. Insiste además en que se debe aumentar impuestos, economizar y eliminar puestos públicos.
Al respecto, la colombiana Laura Werle, con máster en la Universidad Louis Pasteur de Estramburgo, al noreste del país, donde reside con su esposo de nacionalidad francesa, asegura que a Sarkozy no le perdonan que “no haya manejado bien la crisis económica ni su estilo arrogante y que haya sacrificado los intereses del pueblo francés”. Esto, dice, ha sido aprovechado por el bando socialista a favor de Hollande, para capitalizar el descontento generalizado por la Presidencia de Sarkozy.















