La UIS no ha sido extraña a estos avatares. Pero durante años reinó la política de dejar hacer, de no meterse en problemas.. .que culminó con los destrozos del 2007. En esa ocasión, en una mezcla de ingenuidad y atortole, explicable y comprensible pero no justificable, el Sr. Rector se dejó enredar en conversaciones telefónicas con un personaje anónimo que buscaba informaciones por fuera de los cauces institucionales y legales. La grabación de esas conversaciones no pasó a mayores hasta cuando, personas actuales u otrora vinculadas a la Institución las dejaron filtrar en el proceso de elección de rector con el fin de manchar la candidatura del Dr. Camacho, enturbiando así dicho proceso y haciéndole un gran daño a la Universidad. Para entender el asunto hay que tener en cuenta ciertas circunstancias: . El Rector y/o el Consejo Académico había tomado algunas decisiones administrativas de mal recibo en algunos grupos. . El Sindicato estaba dolido por el manejo reciente de la convención colectiva. . Algunos sectores estudiantiles estaban inconformes por la sanción de dos estudiantes, por la instalación de cámaras dentro del recinto y por la filmación de algunas reuniones . Había informaciones sobre amenazas a algunos profesores, por razones que si se analizan, a menudo no están relacionadas con su actividad universitaria. . Corrían rumores de que grupos partidistas querían tomarse la Rectoría de la UIS. A este ambiente de confusión se sumó la reunión de una mayoría decisoria del Consejo Superior en vísperas de la reunión para la elección de Rector que puso contra la pared a su Presidente. En este ambiente enrarecido, después de un largo debate, el Consejo Superior, por motivos netamente académicos, escogió la mejor propuesta que fue la del Dr. Camacho. La reacción estudiantil se veía venir y el Consejo Académico procedió a suspender temporalmente las actividades académicas. ¿Qué hacer para salir del impasse sin atentar contra la institucionalidad? Considero que el reelegido es un ser humano integro y competente, que ha procedido siempre de buena fe en beneficio de la U., que tiene muchos méritos académicos pero en estas circunstancias, para su bien y el de la UIS, no debería aceptar el cargo. El respaldo de una mayoría significativa dentro de la comunidad universitaria debe llenarlo de satisfacción. Pero hay que aceptar la realidad. No es el momento de la justicia sino de la generosidad. Entre tanto, el Consejo Superior podría nombrar como Rector encargado a una persona de la comunidad universitaria, de gran prestigio y credibilidad que le quiera prestar ese valioso y difícil servicio a la UIS por un tiempo prudencial, mientras pasa la marea y se permita la elección de un Rector en propiedad.