Cuando se es un ávido lector, se es intelectual; y cuando se es intelectual, se es poeta; y cuando se es poeta, se es comunicador, es decir, un creador, un artista.
Publicado por: Álex Nicolás Peña Naranjo / Estudiante de Comunicación Social Organizacional (Unab) / apena3@unab.edu.co
Wystan Hugh Auden, poeta y ensayista británico, decía que la principal diferencia entre el artesano y el artista es que el artesano sabe siempre qué tipo de objeto piensa elaborar, mientras que el artista sólo sabe lo que busca cuando lo encuentra. Tomás Vargas Osorio era un artista. En él se cumplen estas características porque él era un literato. ¿Y qué significa ser literato o escritor? Es tener el don de crear fantasías similares a los sueños y comunicarlas al mundo; porque la literatura, como lo diría el gran escritor argentino Ernesto Sábato, 'cumple una obra de liberación muy parecida a la de los sueños y alivian al hombre de todas las precariedades que nos vemos obligados a cometer en la vida diaria'. Es, entre otras, una obra de purificación. Dicen que son las obras las que hablan por sus autores y las que los inmortalizan. Las de Tomás Vargas Osorio cumplen con ese adagio, ya que develan un gran criterio literario y excelente técnica, pese a su temprana muerte el 21 de diciembre de 1941. Sin embargo, las influencias de pensadores como de Fedor Dostoievsky, Friederich Nietzche, Sigmund Freud, Miguel de Unamuno, Karl Marx, Ortega y Gasset, Marcel Proust, Tomas Mann, entre otros, hicieron que sus trabajos fueran denominados en dos vertientes. Marx y Nietzche. En Marx encontramos la novela de crítica social, la denuncia, las desigualdades sociales y los excluidos; y en Nietzche encontramos la novela que explora la angustia, el existencialismo y la soledad del hombre. Novelas que el mismo Vargas Osorio calificó como 'novelas bárbaras', pues en ellas situaba al hombre 'en conflicto con la naturaleza exterior y con la suya propia'.Cerca del centenario de su nacimiento, ¿por qué es tan importante Tomás Vargas Osorio para el departamento de Santander? Porque él simboliza gran parte del legado cultural santandereano; porque, como manifiesta el escritor bumangués Gonzalo España, Vargas Osorio 'estaba enseñándonos a escribir con una nueva estética, introduciendo una clara diferenciación entre eso que los ingleses llaman telling (contar), y eso otro que se denomina showing (mostrar). Vargas Osorio no narra; hace sentir'.De igual manera, Rymel Serrano Novoa, literato de la Universidad Javeriana y docente de la Facultad de Literatura de la Unab, indica que Vargas Osorio fue el escritor que 'describió de la manera más profunda lo que es el pensamiento, el temperamento y las características del hombre santandereano. Su literatura no es regionalista; es una obra de valor universal'. Vargas Osorio es importante por obras como Hombres, La aldea negra, Encrucijada, Tempestad y El enganche; pues 'son los mejores relatos que se hayan escrito al respecto en nuestro departamento', como lo acota España. Para Ricardo Alipio Vargas Mantilla, artista estudioso de la cultura artística de Santander, la vida de este intelectual 'describe la idiosincrasia del territorio santandereano y sus pobladores de forma precisa, de ahí a que sus poemas merezcan un elocuente reconocimiento a la libre expresión de la palabra'.Pero no sólo es importante por sus grandes obras, cuentos y poesías, también por su actividad cultural y política. Participó en el Suplemento Literario del diario El Tiempo; fue cofundador del movimiento artístico cultural Piedra y Cielo; porque fundó y dirigió el periódico El Día, en 1939; porque creó el suplemento literario de Vanguardia Liberal, aún vigente.Como político también tuvo su cuarto de hora como diputado a la Asamblea de Santander y como Representante a la Cámara por Santander en 1939. Así mismo, como colaborador en la campaña presidencial de Enrique Olaya Herrera, en 1930.'Pese a su corta vida acota España Vargas Osorio ha sido lo más próximo entre nosotros a un pensador. Su avidez intelectual, sus lecturas, muy al día con el mundo de su tiempo, la originalidad de sus juicios y comentarios, le permitieron acercarse, mejor que ninguno de sus coterráneos, a los grandes temas de la modernidad'.Su entornoA pesar de que a finales del siglo XIX Bucaramanga logró consolidarse como un importante centro de comercio, ser intelectual en la época de Vargas Osorio era ser un bicho raro, ya que la ciudad tenía desarrollos culturales bajísimos. Así lo recalca Rymel Serrano Novoa: 'En Santander se presenta un rasgo particular; la elite intelectual es desplazada y ahogada. Socorro, la cuna de formación intelectual de Vargas Osorio, era la capital y el centro de desarrollo cultural. Luego, Bucaramanga se convirtió en la capital del departamento, pero no lideraba el desarrollo cultural, puesto que en la ciudad había renuencia absoluta a cumplir un papel importante del desarrollo de Bucaramanga y de la región'.Aún así, hubo una minoría que siguió manteniendo viva la tradición artística; entre ellos, Blas Hernández, Gustavo Cote Uribe, Jesús Zárate Moreno, Ernesto Camargo Martínez, Jaime Ardila Casamitjana, Jaime Barrera Parra, Pedro Gómez Valderrama; todos magníficos escritores, iguales de importantes a su contemporáneo Tomás Vargas Osorio. Todos estos intelectuales de la década se hicieron en el café, en los periódicos, en el teatro y en la política. Fue el mismo Vargas Osorio quien dijo en su época -y aún sigue vigente- que 'el santandereano debe aprender a sonreír'. Y la literatura, la poesía y la creatividad son esos puentes para la alegría. Por ello, es necesario rescatar el legado cultural santandereano, así 'la tentación de abolir el pasado sea tan antigua como el pasado', como expresa el soneto de Jorge Luis Borges, lo cual se debe al divorcio entre el arte y la vida, que explica los grandes males de la cultura en la que vivimos. Pues, como afirma Carlos Arnulfo Arias Mendoza, docente de cátedra de la facultad de Literatura de la Unab, 'es necesario rescatar el patrimonio cultural, y no seguirnos condenando a la doble muerte: a la muerte natural, y a la muerte del olvido'.














