Bucaramanga
Lunes 10 de abril de 2017 - 11:06 AM

Una noche de rumba en ‘Cuadra play’

El nombre ha cambiado y la policía ejerce controles, pero la densidad de ‘Cuadra picha’, ahora ‘Cuadra play’, afecta a los vecinos que buscan una solución para el ruido y el caos. Crónica de una noche de rumba.

Una noche de rumba en ‘Cuadra play’ (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Una noche de rumba en ‘Cuadra play’ (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN

La pelea comenzó poco después de las diez. La multitud en la calle de ‘cuadra picha’, ahora ‘cuadra play’, hizo un círculo para ver cómo uno de los vigilantes del lugar sacaba de un establecimiento a un joven de no más de 25 años.

El hombre, cubierto con un chaleco antibalas, atenazaba con un brazo la cabeza del joven y con el otro, su torso.

Lo arrastró hacia el andén contrario al lugar que custodiaba y pasó el cuerpo a otro vigilante tan grande y tan fuerte como él. El jovencito ebrio también era alto y fornido, pero nada pudo hacer contra el vigilante que ya lo llevaba hacia una de las esquinas de la calle.

Algunos otros, adentro del local, discutían. Otros reían en la acera. En los locales aledaños, la gente observaba como cualquier cosa, como un episodio más de una telenovela repetida ya hasta el cansancio.

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Las luces amarillas de los faroles le dan un aire decadente a lo que ahora se llama ‘Cuadra Play’, antes conocida como la temible ‘Cuadra picha’: la carrera 34 entre calles 48 y 49, sitio de reunión de una rumba densa, con alcohol, drogas, peleas, menores de edad y delincuencia.

La acción de la policía ha logrado controlar las consecuencias, pero los vecinos del sector no están contentos. Los que van a rumbear saben que es peligroso, pero no niegan que lo que les atrae es justamente eso, meterse a la boca del lobo.

“Todo el mundo sabe cómo es esta cuadra, para nadie es un secreto que aquí la rumba es pesada, pero igual lo hacen. Ha habido hasta tiroteos, pero de todas formas muchos seguimos viniendo, porque aquí se puede conseguir de todo”, explica una de las jóvenes que está en la rumba. Tiene un vestido largo, negro. Parece que fuera a una fiesta, pero sólo está esperando a su acompañante para el resto de la noche. Para matar el tiempo, se toma una pastilla blanca, similar a una menta.

¿De dónde la sacó? “Se la compré al tipo de allá” y señala a uno de los hombres que cuida la motos y carros.

El ritmo de la noche

Unos minutos después de la pelea llegan varios agentes. Permanecen afuera de los establecimientos, pero nadie parece alertarse. Es como si no hubiera habido una pelea, para el resto de las personas que están allí todo sigue como si nada.

Un joven sale de una licorera aledaña. Lleva cuatro botellas de aguardiente. Un hombre mayor entra a un establecimiento de streptease.

“Ese es un profesor de universidad”, comenta la joven que siente ya el efecto de la pastilla que acaba de tomar. ¿Cómo sabe su profesión? “Le dicta clases a mi hermana”. Se ríe.

Una mujer alta y pálida atraviesa la carrera hasta el extremo de la 49. Habla sola y sus extremidades se sacuden en pequeñas convulsiones. Nadie le presta atención.

Un grupo de cuatro chicas, dos morenas y dos blancas, con vestidos cortos pegados al cuerpo cruzan también la calle, ellas hacia la 48, y miran a lado y lado de los locales. Aún es temprano, les dice una a las otras y se gira para ver si alguien las sigue.

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Pero quienes podrían interesarse por ellas están reunidos en un círculo grande, afuera de uno de los locales, organizando a cuál entrarán.

Tienen varias opciones. Uno de los establecimientos está abierto desde temprano y cuando el sol apenas se ha escondido, ya hay varios hombres y mujeres en estado de embriaguez.

También hay sitios donde venden comida temprano en la noche, en una sección de cara a la calle, y tipo 11, a puertas cerradas, ofrecen un espectáculo con música, celebración de cumpleaños, mujeres que se pasean por las mesas y alcohol.

A esa hora, la calle continúa llena. Un hombre habla con una jovencita, apenas mayor de edad, que no tiene ya la capacidad para sostenerse sola. Apenas puede contestar al hombre, que se toma selfies con ella a pesar de que no puede abrir los ojos.

Hay también dos muchachos con rostro y cuerpo delgado y pequeño que piden minutos a celular en una de las ventas cercanas.

Son ya las 12. Un carro viejo, muy popular en los ochenta, pero ya destartalado, pasa por la vía en un fuerte contraste con las camionetas grandes, todo terreno, que también circulan. La joven que se ha tomado antes la pastilla sube a esa carcacha. Va acompañada del amigo que estaba esperando. Suben a los asientos traseros y se alcanza a ver cómo el copiloto lanza algo hacia atrás.

La rumba ya está candente. Hace quince días, a esta misma hora, dos hombres en alto estado de alicoramiento partieron botellas y comenzaron a discutir, amenazándose uno a otro con los vidrios rotos.

Pero esta noche hay policías por todas partes y los vigilantes también se pasean listos a defender los negocios de posibles daños a la propiedad

La rumba no termina

Es ya la una de la madrugada y la cuadra está demasiado llena. Como la rumba es extendida nadie tiene afán de irse. El grupo de mujeres que antes pasó por la vía da otra ronda, pero aún no hay nada qué hacer. Avanzan entonces hacia la carrera 35, donde también hay jóvenes sentados en el piso y algo de música, pero el ambiente es más oscuro. Una de las vecinas del sector observa por la ventana del edificio donde vive.

“Una vez encontré vómito frente a la portería”, dice la vecina. “Hay mucha gente, mucho desorden. Cuando salen de los bares se sientan en las gradas de cuarta etapa y siguen tomando en la calle. Se pelean. Hace unos meses un hombre le estaba pegando a la novia, nadie hizo nada. Y el Código de Policía no se hace cumplir por las autoridades”, la vecina termina su desahogo.

El Capitán Richard Guzmán Murillo, Comandante de Estación de Policía del Centro, explica que el tema de ‘Cuadra picha’, ahora ‘Cuadra play’ “ha mejorado muchísimo con la intervención que empezó en diciembre pasado y con la ejecución del Código de Policía. Han disminuido en un alto porcentaje las riñas, hurtos, escándalos, orinar como si nada y llevar mascotas”. Y agrega “todos los días tenemos un grupo de infancia y adolescencia aplicando el Decreto 050: el adolescente que deambule por las vías, parques, puentes peatonales y en los establecimientos públicos se llevará a la Comisaría de Familia, le aplicarán actas de compromiso a los padres y aparte de eso se le aplicara la Ley 1801 a los padres y se enviarán a cursos pedagógicos”.

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Diego Rangel, administrador de empresas y vecino del sector, explica que la rumba en esta zona ofrece más complejidad: “no se planificó la adjudicación de licencias para el funcionamiento de los negocios y el sector se invadió de todo tipo de establecimientos nocturnos sin control. Tampoco existe un seguimiento serio por parte de las autoridades municipales para controlar el tráfico de drogas, prostitución y las riñas. Todo esto ha causado que los residentes del sector perdieron la tranquilidad y el precio de los inmuebles se ha afectado. Ya nadie quiere vivir cerca de dicha cuadra”.

Pero Rangel ofrece una solución: “Se requiere de la presencia constante y permanente de las autoridades y funcionarios de la Alcaldía que acompañen las jornadas de ‘rumba’. Es necesario que se cumpla el POT (Plan de Ordenamiento Territorial) y no sea manipulado al antojo de concejales y funcionarios de la Alcaldía”.

Aunque la rumba está permitida hasta las cuatro de la mañana, pasada la una ya muy pocos pueden sostenerse en pie. ‘Cuadra play’ no distingue estratos, ni género. Hombres y mujeres se obligan a quedarse un rato más, en una rumba que parece no tener fin.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN

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