Si bien la Alcaldía viene adelantando acciones para recuperar los más de 200 parques que hay en la ciudad y tiene varios proyectos de parques en el horizonte, lo cierto es que la capital santandereana sigue teniendo un bajo índice de áreas verdes: sólo 2,5 m²/hab.

Publicado por: JUAN CARLOS CHIO
Bucaramanga tiene algunos de los apodos más hermosos de Colombia, siendo ‘Ciudad Bonita’ y ‘Ciudad de los Parques’ los más recordados y los que más orgullo les hace sentir a los bumangueses.
No en vano, la capital santandereana tiene más de 200 parques distribuidos en las 17 comunas de la ciudad, y diariamente llegan centenares de visitantes y turistas a parques como San Pío, Los Niños, Mejoras Públicas y del Agua.
Pero, ¿merece realmente Bucaramanga seguirse llamando la ‘Ciudad de los Parques’? ¿Cómo es el estado actual de los parques? ¿Cómo está la ciudad en área verde por habitante si se compara con otras capitales del país?
Área verde por habitante
Según el Observatorio Metropolitano, Bucaramanga tiene un índice de 2,5m² de área verde por habitante, un dato que la ubica por debajo de Bogotá, que tiene aproximadamente 4 m²/hab, Medellín (3,8 m²/hab) y Manizales (4,1 m²/hab).
De hecho, está por debajo de Floridablanca (3,78 m²/hab) y Piedecuesta (5,5 m²/hab), y en el área sólo supera a Girón, que tiene un índice de 0,57 m²/hab.
Además, la ciudad está muy lejos de los estándares que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), que dice que una ciudad debe tener entre 10 m² y 15 m² de área verde por habitante para garantizar una buena calidad de vida y un aire limpio a sus habitantes.
Faltan más árboles
Un fenómeno que se ha dado es que Bucaramanga se ha densificado con la construcción de edificios donde antes había casas.
Esto ha llevado a que en zonas donde antes vivían 2 o 3 familias, ahora pueden residir 20 ó 40 (y esto implica, además, más carros y motocicletas).
Y mientras esto pasaba, el número de parques nuevos y el espacio público efectivo en la ciudad no crecieron al mismo ritmo.
A esto se suma que muchos parques no están en las mejores condiciones. Si bien en los últimos años se han hecho esfuerzos para mejorar estos espacios y la actual Administración ha recuperado varios parques con la instalación de prado japonés, la realidad es que aún hay zonas verdes que se mantienen deterioradas, especialmente en algunos barrios del norte y occidente de la ciudad.
Proyectos de la Alcaldía
Frente a esta situación, tanto la Alcaldía como el Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB) promueven varios proyectos de parques para la ciudad.
En el caso de la Administración Municipal, el más destacado es el Gran Bosque de los Caminantes, que se hará en los Cerros Orientales, pero también hay otras iniciativas como el parque del lote de Boca Pradera (Real de Minas), Ciudad Jardín (Norte) y el Camino de la Juventud (Comuna 2).
Por su parte, el AMB tiene proyectadas 157 hectáreas de parques metropolitanos, siendo el más destacado la continuación del Parque Lineal Quebrada La Iglesia, que irá de Bucaramanga a Girón.
El problema, no obstante, es que la mayoría de estas iniciativas se ejecutarían por fuera de la meseta (salvo el caso del parque de Boca Pradera), en gran parte porque ya no hay terrenos para hacer nuevos parques y la alternativa es tumbar cuadras enteras, lo que puede salir muy costoso.
Además, en muchos casos lo que se buscará es adecuar bosques o zonas verdes ya existentes para que los habitantes puedan recorrerlas y disfrutarlas.
Precisamente, la ciudad aún mantiene grandes pulmones en zonas como los ya mencionados Cerros Orientales y los alrededores de quebradas como El Loro, El Macho, La Cuellar, La Iglesia y La Guacamaya, que les dan un respiro a los habitantes de los gases de efecto de invernadero que se producen en Bucaramanga, pero son zonas de difícil acceso que realmente no son disfrutadas por los habitantes.
Árboles talados por las ‘megaobras’
Una de las iniciativas más destacadas de la Alcaldía es el programa de recuperación de parques, que ha permitido la instalación de 19 mil metros cuadrados de prado japonés en la ciudad, lo que hace este tipo de pasto más estético y fácil de mantener.
Algunos de los parques que ya han sido intervenidos son Los Niños, San Pío, Las Palmas, Turbay, García Rovira y La Esperanza.
En total hay más de 170 personas trabajando de la mano de la Emab para el mantenimiento de los parques, quienes también están a cargo de la poda y la limpieza.
No obstante, según la comunidad, hasta ahora los efectos de este programa de la Alcaldía son más evidentes en los parques centrales y grandes, ubicados en el Centro y Cabecera, mientras que en los parques más pequeños (que están en los barrios) es más notoria la falta de mantenimiento. Residentes de barrios como Villa Rosa, La Feria, La Victoria, Provenza, La Concordia y Gaitán, entre otros, piden que mejoren sus parques, no solo en los prados, también en los juegos infantiles y en los gimnasios.
Nuevos parques y POT
Una de las dificultades para aumentar el índice de área verde por habitante en Bucaramanga es que no hay terrenos para hacer más parques en la meseta.
El único caso destacado es el lote de Boca Pradera (Real de Minas), donde la Alcaldía ya prepara una licitación por $2.195 millones para hacer un nuevo parque.
También está el proyecto del gran Parque Mirador del Portal del Norte de Metrolínea, cuya licitación se adjudicará en los próximos meses.
Con el POT que se aprobó con la Administración anterior se busca que los constructores aporten para mejorar el espacio público, para que no le quede todo el peso al sector público, pero en la práctica aún no se verán los efectos del nuevo plan, pues aún se construyen edificios con licencias aprobadas con el antiguo POT.
Instalación de prado japonés
Según un dato de la Camacol del año pasado, en Bucaramanga se talaron más de 2.400 árboles para darle paso a diferentes proyectos urbanísticos y obras viales.
Quizás donde más árboles se sacrificaron fue en el llamado ‘Tercer Carril’ de la Autopista, donde se calcula que se talaron o reubicaron más de 600 especies.
Las autoridades ambientales están exigiendo a los constructores la compensación ambiental con la siembra de nuevos árboles y plantas, para recuperar la biomasa que se perdió, pero al final parte de este proceso se termina dando por fuera de las zonas de influencia de las obras, pues no hay dónde sembrar tantos árboles en los sectores afectados. Por ello, muchas de las siembras se han hecho en el Norte y otras zonas alejadas.















