Bucaramanga
Viernes 10 de noviembre de 2017 - 05:37 PM

“Tengo el síndrome Asperger”

Angélica Vega Aroca tiene asperger, un síndrome del espectro autista que aunque le ha permitido desarrollar sus habilidades cognitivas perfectamente, le ha cerrado las puertas a nivel laboral y relacional. Ella le contó su historia a Vanguardia Liberal.

“Tengo el síndrome Asperger” (Foto: Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL)
“Tengo el síndrome Asperger” (Foto: Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: IRINA YUSSEFF MUJICA

Brillantes como para desarrollar sistemas de  ingeniería, ser los número uno de su clase o los preferidos de los jefes por su excelente rendimiento y efectividad; pero incapaces de hacer amigos o entablar relaciones interpersonales con facilidad porque están desprovistos de las habilidades que les permiten distinguir lo gracioso de lo grave, lo fantástico de lo real, la mentira de la verdad.

Ellos no captan las reglas implícitas del juego, no comprenden los chistes, son inflexibles de mente y comportamiento e interpretan todo literalmente, nada de metáforas.

El Síndrome o Trastorno de Asperger es considerado un autismo de alto rendimiento, es decir, no tan severo: la comunicación, el habla y las habilidades cognitivas se desarrollan con normalidad. Y a pesar de que más o menos de cada 300 personas nace una con esto, la mayoría nunca han sido diagnosticadas y pasan por excéntricas, según ha documentado el Centro Leo Kanner, un centro de tratamiento de trastornos de la comunicación en Chile, que ha sido pionero en el tratamiento del autismo y sus espectros en América Latina.

Marcelo Ríos, el ex número uno del tenis; Bill Gates y el cineasta Steven Spielberg son ‘aspies’, término que se utiliza dentro de esa comunidad para hacer referencia a los que tienen el síndrome.  

Salir del clóset

— Quiero decirte que esto es como salir de clóset para mí, así que  no es  una bobada —dice Angélica Vega Aroca mientras se sienta en una de las sillas de la terraza del edificio donde vive.

— ¿Por qué quiere contarlo?

— Porque me mamé. Yo me siento en un país que valora es el folclor, al más amigable, al que la pasa bueno, y al que es responsable lo ven raro. Me mamé de que siempre me pongan el apodo de “la Juiciosa”, pero que sea yo la que siempre se tiene que ir de los trabajos. No quiero ser noticia, quiero justicia para mí y muchos que al igual que yo sufren por ser como son en una sociedad que además de desconocer este síndrome, no acepta la diferencia.

Hasta hace apenas un año Angélica supo cuál era la causa de su diferencia. Leyendo por ahí encontró un  artículo sobre niños con el síndrome y al ver sus fotos, con la cabeza gacha y la mirada diferente, recordó sus fotografías de niña y se sintió tan identificada que empezó a investigar.

Todo lo que leía coincidía con su comportamiento y entonces entendió que no estaba loca sino que pertenecía a un mundo en el que no encajaba. Comprendió  que su obsesión con la limpieza y el trabajo, su incapacidad para mostrar emociones y expresarlas, comer siempre a las mismas horas, no desviarse de su rutina y  evitar al máximo el contacto social, no era cuestión de rareza sino de patología.  

Está casada. Es su segundo matrimonio, el cual espera que sea el último. Tiene dos hijos de su primer matrimonio con los que no vive “porque la vida me quedó grande, toda vez que no he sido capaz de hacerme cargo ni de mi propia existencia”, pero a los que acepta amar con locura.

Solo a ellos y a su actual esposo les ha dicho te quiero o te amo. Sus padres y sus hermanos no han contado con tanta suerte.
Vivir en pareja

— Usted dice que los asperger se encuentran limitados a nivel afectivo, ¿cómo logró entonces tener una familia y ahora vivir en pareja?

— No lo sé.  A veces no lo entiendo. Y creo que nunca estuve, ni estoy  preparada para eso, pero lo intento.  Mi primer matrimonio lo sobreviví porque nosotros siempre hacemos caso, no solo en el trabajo sino en todo. Era muy joven y era sumisa. Y además nosotros creemos que la gente siempre dice la verdad y todo  lo creemos. Hasta los chistes.  

Con su actual esposo lleva nueve años. ¿Difícil? Él responde que sin duda, pero que está agradecido porque lo que su esposa le ha enseñado no lo hubiese aprendido en otro lado.

— Yo aprendo de eso y ella conmigo aprende que todo lo de afuera no es malo. Es un toma y dame que aunque ha sido difícil por su condición, nos ha hecho fuertes. Ella sabe amar, solo que el mundo no está preparado para la forma en que lo hace —expresa.

Angélica estudió psicología, lo que para ella resulta una ironía, pues su síndrome  es considerado un trastorno mental  que habría sido posible auto diagnosticar mucho antes.

Especialista en Relaciones Laborales, próxima a los 40 años de edad y comprometida con todo lo que sea trabajo. Sin embargo,  ese campo, el laboral, es el que más le ha costado a pesar de ser en el que mejor le va .

El mundo laboral

Febrero de 2014. Primer día de trabajo como docente de Psicología en una universidad de la ciudad. Angélica llegó en punto, como siempre y como su condición asperger siempre se lo exige. Un rato después llegó alguien más y mientras esperaban al resto, entablaron conversación. Media hora después, sala completa, la decana de la facultad la presentó y resaltó que ella ya había aprovechado para conocerse con algunos.

— Pero  con nosotras no ha hablado aún, no la hemos conocido —soltó una de las docentes.

— No, porque todos ustedes llegaron tarde —respondió Angélica.

Desde ese día la guerra estuvo declarada y todo empeoró con los halagos de su jefe en público por su excelente trabajo y la incapacidad para vincularse socialmente con sus colegas, porque sencillamente no entendía por qué perdían el tiempo o no hacían las cosas que les correspondían.
La tensión, las burlas,  las miradas de desprecio y los apodos fueron tantos, que Angélica renunció.

En el 2015 ingresó a un Centro de Empleo de una Caja de Compensación junto a ocho personas. En poco tiempo su jefe empezó a delegarle las actividades más complicadas y el resto del grupo empezó a resentirse. Sumado a eso, sus compañeros no comprendían por qué ella no iba a desayunar con ellos en la tienda de la esquina, a hablar en la cocina y por qué a veces hacía comentarios respecto a eso.

— Sí. Somos demasiado sinceros, realizamos comentarios ofensivos sin saber que pueden serlo para los demás. Pero es que discúlpame, ¿qué es eso de llegar a las 8:00 a.m., salir a desayunar, volver a las 10:00 a.m., redes sociales todo el día, dos horas de almuerzo, otra más para las onces y treinta minutos antes de la hora de salida correr en puntillas para que el jefe no se dé cuenta? Es que no puedo entender eso.

Y vuelve y juega. Computador desconectado, sabotajes, burlas, acoso. Luego enfermedad por estrés laboral y la respectiva  renuncia.

— “¿Cómo es posible que te vayas? Eres la mejor empleada del mundo”, me dicen los jefes siempre. Y yo me quedo pensando ¿por qué en vez de lamentarse no le exigen a los otros que trabajen igual, que no pierdan el tiempo y que respeten las diferencias? —se queja.

Aceptar y aprender

Angélica solo quiere una cosa: inclusión. Considera que las personas deben enterarse de que las limitaciones no son sólo físicas sino sociales y emocionales y que es necesario que sean comprendidas y aceptadas.

Alza la voz para que los que son como ella y sienten que llegaron a donde no debían, sepan lo que tienen, que no están solos y que no están limitados como los otros quieren hacerlo ver.

— Vamos al parque —le dice a Angélica su esposo.

— ¿Al parque a qué? Mire toda la loza que hay en la cocina para lavar. Además, ¿con qué fin? No le veo la lógica a sentarnos ahí a hacer nada. Tengo que limpiar

— Hay solo dos platos y yo los lavo cuando volvamos. Salimos ya.

Ella va, no porque quiera, sino porque desde que conoce lo que tiene está intentando encajar en ciertas cosas. Se sienta en el parque pensando en la loza que dejó en el fregadero y anhelando que se devuelvan ya para lavarla; pero se está ahí, como todos, como cualquiera.

Una enfermedad en ascenso

Aunque en lo social, conductual y  comunicacional cada persona con el Síndrome de Asperger  es diferente, para Andrés Felipe Abril Campos, psicólogo, magister en neuropsicología clínica, hay ciertas características que tienen en común como la falta de expresión de sentimientos, las obsesiones frente a temas o actividades, como el aseo y la limpieza, la dificultad para evadir responsabilidades y para entender frases con doble sentido, la evasión de momentos y lugares en los que haya que compartir con personas y el rechazo a ciertas sensaciones, colores, texturas, sabores.

Según Abril Campos, este trastorno ha venido en aumento no solo en Colombia, también a nivel mundial, y aunque en el país hay algunas instituciones que se dedican a la atención de estas personas, debido al poco conocimiento y los pocos diagnósticos que se realizan, los niveles de atención e inclusión son demasiado bajos.

“Desafortunadamente no se cuenta con estadísticas claras sobre este Síndrome en Colombia, de hecho, al revisar la página del ministerio de salud en Colombia, se evidencia  que este síndrome no ha sido contemplado dentro de las estadísticas que se hacen sobre las enfermedades en Colombia”.

Publicado por: IRINA YUSSEFF MUJICA

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