Girón
Lunes 27 de marzo de 2017 - 10:20 AM

Cuando una bicicleta y el arte ayudan a escapar de las drogas y la violencia en Girón

Varios grupos de jóvenes gironeses buscan salir de la vida de drogas y violencia y ayudar a otros jóvenes a preferir el arte. Para lograrlo buscan el apoyo del departamento.

Cuando una bicicleta y el arte ayudan a escapar de las drogas y la violencia en Girón (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)
Cuando una bicicleta y el arte ayudan a escapar de las drogas y la violencia en Girón (Foto: Suministrada/ VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

En una de las esquinas del barrio Santa Cruz de Girón se escucha ya la música que viene desde el centro del parque. Niños y niñas mueven las piernas y brazos según les indica el coreógrafo Julián Zafra. Es viernes a las 7 de la noche.

A un par de metros, unos muchachos en bicicleta hacen maniobras sobre ellas y las luces amarillas son una especie de filtro para la escena que captura sus movimientos. Tienen entre 14 y 22 años. Entre ellos aparece Jonny Tejada.

Es alto y habla con seguridad. No siente pena ni vergüenza de sus raíces gironesas. No teme tampoco a su historia. Cree que con ella puede ayudar a otros jóvenes que en el municipio naufragan desde niños entre las drogas y la violencia.

“Siempre en los barrios populares de Girón los niños crecen con la mentalidad de ser los más malos, los que quieren mandar, los que quieren pelear. Viven una infancia preparándose para ser vándalos”, dice Jonny.

De repente se pone serio. El barrio Santa Cruz necesita oportunidades para sus jóvenes. En febrero del año pasado, esta redacción evidenció la preocupación de los habitantes del municipio, que denunciaron que los estudiantes de los colegios de  la zona eran influenciados por los expendedores de drogas para iniciarse en el consumo en la orilla del río de Oro, en el muro de contención entre el barrio Santa Cruz y Gallineral.

Aunque hay cámaras, a los habitantes de la zona no les resulta suficiente. El mayor Dave Figueroa, comandante del III Distrito de la Policía de Girón, dijo a periodistas de este diario que se comprometía a realizar controles de vigilancia.

En junio del año pasado y a través del programa Dare, la policía capacitó a 520 estudiantes en materia de prevención del consumo de sustancias sicoactivas. El programa también desarrolla estrategias contra el matoneo escolar y a favor de un estilo de vida saludable para los jóvenes.

Girón presenta altos índices de violencia. Los habitantes denuncian a esta casa periodística que existe una alta deserción escolar que lleva a que los jóvenes ocupen su tiempo libre perteneciendo a pandillas que se lucran del expendio de drogas y en reclutar a niños como en su tiempo lo fue Jonny, que buscan un lugar en el mundo donde tengan una identidad.

El rap de la verdad

Jonny rapea mirando directo a los ojos. Su tono de voz es grave. Le habla de frente a los violentos, les recuerda que ellos también son seres humanos que, sin embargo, no valoran la vida de otros.

“Y robar y violar porque les apetece. A reclutar niños que solo tienen trece. Con la excusa de que les hicieron eso en su infancia, entonces por qué hacen lo mismo”, canta.

Jonny sabe bien lo que dice, lo vivió.

“Nunca estuve tan involucrado, pero sí probé muchas cosas. Pero lo olvidé, olvidé todos esos pareches y los problemas”.  
¿Cómo lo logró?

“A mí siempre me gustó el baile, la danza, pero nunca tuve a nadie que me enseñara. Entonces me hice amigo de un joven que empezó a hacer hip hop y a bailar ‘break dance’. Entre los dos comenzamos a armar nuestra propia escuela. La gente piensa que hay que ayudar a salir a los jóvenes que están en las drogas, pero no piensan en los que están más pequeños, que crecen con este deseo, con esta mentalidad”, cuenta Jonny.

No disimula su orgullo por lo creado, pero eso hace parte de aquello que lo mantiene firme: el deseo de ofrecer algo a los niños.

“Al año de estar entrenando pudimos ir a Bogotá, empezar a competir y ganar varias competencias”, dice Jonny.

Estos viajes los costeó con su propio dinero. Lleva ya dos años con su escuela. El grupo se llama ‘Inmortales Dance Crew’. Uno de sus niños ganó la batalla Get Down, un evento que se realizó en diciembre del año pasado en el Centro Cultural del Oriente y contó con jurados internacionales.

“La idea de la academia es que los niños y niñas amen la danza. De hecho tengo una niña que se enfrenta ya con bailarines profesionales”, cuenta Jonny y espera con ansia la llegada de Víctor Vicious, uno de los mejores bailarines de ‘break dance’ de Estados Unidos a Cali, para participar en un evento llamado ‘La batalla del fuego’.

Jonny tiene el patrocinio para que los jóvenes participen en el evento, pero no cuentan con el millón y medio de pesos que le cuesta llevarlos. Espera conseguirlos desde aquí hasta julio , con rifas y otras actividades lúdicas.

Jonny lucha. Y quiere que los niños y niñas también lo hagan.

“Uno puede ser muy cool y caerles bien a las personas sin necesidad de ser vándalos. He salido con amigos que fuman marihuana, pero yo no fumo. Ya llevo también dos años sin tomar alcohol. Es una pérdida de plata y tiempo. Lo peor que está ocurriendo en Girón es que los chicos no hacen nada en el tiempo libre que les queda”, cuenta Jonny.

Una lucha por vivir

Un joven en una bicicleta aparece para conversar. Quiere contar que también logró salir de las drogas gracias a su hija. Es  ya veinteañero, pero es pequeño, por lo que parece tener menos edad.  Hace piruetas elegantes en su bicicleta y dice que sus papás, muy religiosos, nunca supieron la vida que estaba viviendo.

“Así pasaron cuatro años, en drogas y en robos. Yo asistía a una iglesia, pero aún así no servía de nada”, dice.

¿Y cómo logró cambiar?

“Las ganas de hacerlo. La música. Lo que es de uno es uno, lo que Dios tiene para uno son grandes cosas. Y mi hija. Quise demostrarme que hay que luchar por los sueños”, narra”, dice y guarda silencio.

Mira a Diana Ríos, una líder juvenil que hace año y medio dedica su vida y sus días completos a alejar de la violencia y las drogas a los jóvenes con los que creció.

“Fue una tarea difícil, porque no sabía cómo empezar. Comencé a trabajar con la Alcaldía, pero nadie me dijo qué hacer. Empecé a buscar a los amigos con los que había crecido, a ver la problemática que estaban viviendo, la delicuencia, el consumo, el pandillismo. Busqué entonces estrategias para el sano esparcimiento de los jóvenes”, cuenta Diana.

En agosto del año pasado ese trabajo arduo dio sus frutos.

“Creamos una plataforma de líderes. Trabajo con las uñas, hasta con plata de mi bolsillo, pero lo hago con amor, con el deseo de transformalos. Soy estricta con ellos, pero les doy una palabra cariñosa, a veces es lo único que  necesitan”, narra la líder.

Pero el dinero también es útil para adquirir el sonido para ensayar las rutinas de baile, alquilar un lugar donde prepararse.  
“Al principio los chicos no tenía confianza, porque les han prometido tanto y no les han cumplido. He conocido muchos de ellos con tanto talento inexplorado, pero yo les digo, mostrémonos, abramos oportunidades”, dice Diana.

Diego Ruiz, de la Corporación ConPAZes, está acompañando el proceso y haciendo las gestiones para conseguir el dinero que hace falta.

“Encontramos grupos de jóvenes que ya se están formando y que vienen trabajando en el arte, la danza, en la inclusión de los demás jóvenes del municipio para lograr la disminución del uso de psicoactivos. La idea es hacer un llamado a las empresas privadas y al departamento para conseguir uniformes, recursos en especie”, dice.

A cumplir los sueños

Uno de los coreógrafos, que en ese momento da un descanso a los niños y niñas es uno de sus ejemplos: César Augusto Vengas nació en Girón y gracias a su perseverancia llegó a aprender de los grandes.

Cuando tenía 10 años “era muy amargado y no me gustaba bailar. Mi hermana me llevó entonces a una discoteca para menores y ahí vi a los bailarines. Me gustó. Me hice amigo de uno de los primeros coreógrafos de Bucaramanga, José Manuel Alarcón. Comencé a hacer coreografías en los colegios con mis propios pasos”. Corría 1997.

Su talento llamó la atención de las directivas de Inderbú, quienes lo llamaron para hacer un taller con Adriana Castro, una de las principales coreógrafas de Hip Hop del mundo. Con ella aprendí a ser un maestro y a llegar a unas competencias nacionales”, cuenta César.

Hizo todos los talleres posibles. Y luego de estar con los grandes, quiere enseñarles a los niños y niñas del municipio en el que nació no sólo a ser bailarines, sino a perseverar en sus sueños.

“Sé que cada uno de los jóvenes tiene un sueño, pero no lo expresa. Ser compositor, cantante, bailarín, cualquier cosa. Pero no lo hacen realidad por el qué dirán o por ponerse excusas, pero no dejes que tus excusas sean más grandes que tus sueños”, dice Jonny.

De repente llega su novia, una rubia delgadita y pequeña que canta rap también con RH Family. Lo saluda y lo toma del brazo. Van de afán, tienen mucho trabajo. Y sueños por cumplir. 

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Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

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