Los campesinos estiman que Fedepanela debería buscar los mecanismos para ser un regulador de precio en el mercado y así, poder enfrentar la intermediación.

Publicado por: REDACIÓN ECONOMÍA
La comercialización de la panela en Santander y Boyacá, siendo las siembras de la Hoya del río Suárez un epicentro nacional de producción, es informal de “cabo a rabo” como lo describan los campesinos. Solo contadas excepciones no se enmarcan en esa máxima de los labriegos.
Por ejemplo, el precio de la panela lo sabe el productor unas horas antes de comenzar la molienda pues, literalmente, la vende en el corte. Comienza la labor de confección con el primer adelanto que le da un comprador, luego recibe otro “pucho de dinero” para cancelar obreros y alimentación de los mismos; y el último saldo, puede llegarle dos meses después.
Esa informalidad se profundiza aún más y perjudica al productor con la caída de los precios, tal y como acontece hoy: el kilo de panela se vende a $1.800 (de buena calidad); cuando hace ocho meses se llegó a tasar a $4.000; es decir, la cotización se ha reducido un 55%.
De acuerdo con Pablo Castañeda, cultivador de la Hoya del Río Suárez, están trabajando a pérdida, ya que para la “siembra de una hectárea nueva se van $10 millones hasta corte y para molerla, otros $10 millones. Se obtienen 2.000 cajas que pueden valer $20 millones o menos en el mercado”, agregó.
Mano de obra escasa
Según, Armando Mora, productor de panela en San José de Pare, Boyacá, el kilo de panela se tasa entre $1.600 y $1.800, debido a la sobreoferta en el mercado.
“Con ese precio la actividad no es rentable. Para lograr una sostenibilidad de la actividad, ese kilo debería pagarse al productor entre $2.300 y $2.500”, estimó.
Don Jorge Ruiz es un antiguo productor en Guepsa, Santander, dijo que llegó a vender el kilo a $3.800 y ahora, lo comercializa a $1.650 en promedio.
“Apenas nos alcanza para sostener el cultivo, pero márgenes de ganancia no hay. Además, el verano se prolongó y ya comenzó a afectarnos, para terminar de completar”, agregó.
Don Jorge tiene sembradas aproximadamente 50 hectáreas de caña, y en su finca en temporada de molienda se mantienen 30 obreros diarios, una mano de obra escasa y costosa, pues pocas personas se dedican a esa dura actividad.
Número rojos
Para Clodomiro Ariza, productor de panela en Moniquirá, Boyacá, con los actuales precios, el margen de ganancia no existe, al punto que “se le queda debiendo al trabajo que se emplea para sacarla al mercado”.
En cuanto a la producción dijo que por hectárea se obtienen en promedio 15 mil kilos, que es estimada como buena; pero a pesar de lo anterior, los números rojos son una constante en el desarrollo de su cultivo.
De otra parte, un comercializador de panela en la Hoya del Río Suárez (pidió reserva de su nombre) dijo que históricamente el precio de la panela lo regula el mercado. “Los bajonazos se deben a que se tienen más de 80 mil hectáreas en la zona que entran a producción de totazo”, agregó.
Dijo además, que los mercados de las fronteras se han perdido por el accionar de los derretideros que operan en Venezuela y que entran panela de azúcar de contrabando a Colombia.















