Espiritualidad
Martes 21 de marzo de 2017 - 12:01 AM

La salud, a prueba de fe

La fe ha sido un factor clave en la curación de las enfermedades. Y aunque las medicinas y los tratamientos son claves, una gran parte de la curación radica en que el paciente quiera y decida sanarse.

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Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

Hace algunos meses le diagnosticaron a un amigo una grave enfermedad.

Al saber ese duro parte médico, él me dijo que sintió que el mundo se le vino encima y que su estado de ánimo se derrumbó.

La enfermedad ha ido avanzando de manera vertiginosa, al punto que ya lo tiene atado a una silla de ruedas.

Él me confesó que nunca había sido un hombre religioso; sin embargo, en medio de este momento difícil, siente que todo su futuro depende de una práctica religiosa. Decidió acudir a un culto específico para que le ayudara a hacerle frente a este reto de la salud.

No obstante, me cuenta que más allá de las oraciones, su proceso médico se ha visto afectado por la carga de ansiedad que percibe con respecto a la posibilidad de morir. Quiere saber el por qué la fe que hoy tiene no es suficiente para sentirse bien

¿Qué debería responderle a mi amigo ante este duro episodio de su vida?

Y como la inquietud que él tiene podría ser la de muchos de nuestros lectores, sobre todo si en estos momentos atraviesan por algún quebranto de salud, quiero escribir algunas líneas sobre este delicado tema.

Antes de hablar del tema de la fe, es preciso recordar que siempre las enfermedades son acontecimientos que pueden provocarnos ciertas confusiones. Pero, al mismo tiempo y de manera curiosa, ellas suelen ser situaciones que nos pueden cambiar la vida en todos los sentidos; y aunque suene irónico, muchas veces para bien.

Soy de los que cree que nada sucede por casualidad. Estoy seguro de que este complicado asunto de salud que vive mi amigo es tan solo una prueba que el destino le puso para saber qué está haciendo bien o mal en cada una de las dimensiones de su vida.

¿Por qué será que la práctica religiosa en la que se encuentra él, más allá de brindarle tranquilidad, pareciera no alcanzarle para frenar sus momentos de ansiedad?

Podría decir que quizá él está cometiendo el error de buscar la solución a sus temores e inseguridades afuera y no adentro, en su alma y su corazón.

Antes de ponerse en contacto con Dios, él y todos los enfermos deben comunicarse con ellos mismos.

Solo así podrán comprobar que su relación con nuestro Creador será más próspera e íntima.

Más allá de un credo, es el nivel espiritual lo que le ofrecerá a mi amigo un verdadero bienestar en todos los sentidos.

Dicho de otra forma: Cuando se encuentre con él mismo, encontrará esa paz que tanto está buscando.

Por supuesto que con el acompañamiento de Dios y los tratamientos médicos, él le dará un sentido y un significado a la situación que está viviendo, entre otras cosas, porque ya no se sentirá solo ni abandonado.

Si usted, tal y como le ocurre a mi amigo, está enfermo, le planteo lo siguiente:

Conéctese con su yo interior y pregúntese cuáles son los miedos que no ha querido enfrentar. Desnude su alma sin tapujos.

Una vez tenga plena conciencia de ello, alcanzará el nivel suficiente para enfrentar su realidad. No se dé golpes de pecho ni se sienta culpable por lo sucedido porque eso no le aportará nada.

En cuanto al miedo a la muerte es algo que debe evitar ciegamente porque no debe existir nada que lo aflija en este momento respecto a un acontecimiento como este.

La vida se trata de procesos y debe disfrutar de cada momento y olvidarse de este paso, porque es algo que no tenemos la capacidad de detener.

Diviértase con su familia y amigos, haga todas aquellas cosas que no haya hecho antes, quiérase y consiéntase de la mejor manera posible.

La idea es disfrutar cada momento, no piense en el mañana, sino en el presente. Estoy seguro de que será el hombre más feliz del mundo cuando lo entienda y lo ponga en práctica.

¡Se lo aseguro. Mil bendiciones!

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA

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