Que se siente a comer con un desconocido, eso buscan algunos restaurantes en el mundo que incluyen las conocidas mesas comunales, compartidas o largas.

Publicado por: TOMADO DE ELCOLOMBIANO.COM
Esta tendencia se identifica en ciudades como Nueva York y Londres, sin embargo, en Medellín ya hay establecimientos que están incluyendo este tipo de mobiliario: Zorba, Olivia y El Village son algunos de ellos.
Comer al lado de alguien a quien no se conoce puede ser una buena experiencia para unos o algo que otros, en definitiva, no quisieran hacer, prefiriendo esperar a que desocupen una de las mesas tradicionales.
Daniel Hinestroza, socio de 3 Sibaritas, cuenta que cuando lo hicieron en la primera sede de Olivia sintieron que era una apuesta arriesgada. Al comienzo la gente se resistía un poco a ocupar la mesa compartida, y era la que más tardaba en llenarse; sin embargo, asegura que ahora es la primera en hacerlo y les pareció tan buena la iniciativa que decidieron replicarlo en sus demás sedes.
“La idea surgió después de que los socios visitaran algunos restaurantes en Nueva York, entre ellos Eataly, donde se sentaron en una mesa de estas con comensales de otros países, hasta terminaron compartiendo la comida” dice Daniel.
Según Diego Mejía, chef ejecutivo del Hotel Portón y de El Village, las mesas largas son una tendencia mundial, se trata también de presentar la comida para compartir y que los comensales se sirvan. Si usted no quiere crear un vínculo, no tiene que hacerlo, pero sí facilita la interacción.
En una publicación de The Atlantic, Jay Miranda, directora de Chipman Diseño Arquitectura, asegura que los restaurantes en Nueva York respondieron a la necesidad de la gente de interactuar y ahora un 85% de sus clientes pide incluir este tipo de mesas.
La intención de poner este tipo de mobiliario no es solo porque se trate de espacios reducidos, o para que cuando llegue un grupo numeroso puede encontrar un lugar sin necesidad de tener que juntar varias mesas. Es también para que los visitantes encuentren fuera de casa otra forma de socializar.
No obstante, algunos prefieren hacer esto en otros espacios y buscan que el momento para comer sea más íntimo. Eso piensa Andrés Felipe Pérez, comunicador: “Ir a un restaurante sigue siendo para mí un momento de privacidad. Con la escasez de tiempo que a veces hay para este tipo de momentos, lo último que quiero es sentarme con extraños”.
Al contrario, Isabel Roldán, otra comensal, cuenta que en su pereza de cocinar se dedicó a buscar corrientazo en el sector de Laureles y encontró El Balcón de San Juan, donde el almuerzo es a $3.500 y hay que compartir la mesa, “y eso me parece divertidísimo”, menciona.
Asímismo, la tendencia se está dando en otras ciudades de Colombia, En Bogotá, cuenta Paula Rendón, está Felipan “y funciona así: el que llega ocupa la silla vacía, es raro pero chévere, una vez me senté con unos alemanes”.
El antropólogo, sociólogo y cocinero Daniel Gómez, explica que comer en este tipo de mesas no es tan nuevo, que en las plazas de mercado es común; por ejemplo, en la de Popayán las mesas están dispuestas para que se siente el que vaya llegando. También recuerda en especial la de Bolonia, ciudad que alguna vez visitó.
“Desde la antropología se entiende el alimento como algo que no solo nutre, que tiene diferentes representaciones y significados, no solo llevamos comida que nos nutre, también un montón de lenguajes que nos acompañan; el corporal, por ejemplo, que ha sido aprendido o enseñado en cada uno de los momentos sociales y compartir la mesa es llenarnos de significaciones”.















