Los Magos | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-11-24 05:00:00

Los Magos

Desde que una noche, mientras dormías, tres magos de Oriente (sí, magos eran, más magos que David el de DMG, que multiplicó como Jesucristo, los panes y los peces.
Los Magos

David, este mesías terrenal multiplicó el dinero de miles de colombianos y alimentó la vana esperanza de ser ricos en un país donde 21 millones de habitantes viven en la pobreza absoluta. Mejor dicho, los que tomaban agua de panela en su desayuno, pasaron a tomar gaseosa).

Esos magos te dejaron unos juguetes (todo mago trae en la oscuridad del salón, sorpresas), desde ese momento ya no abandonaste la secreta necesidad de seguir siendo engañado con tal de que te dejaran jugar el resto de tu vida, seguir siendo niño. Te contaron que unos magos, después de ofrecerle oro, incienso y mirra a Dios, a ti, que no eras nadie, te regalaron un viaje, una pelota, una ida a Cartagena, un televisor de 40 pulgadas, un caballo de cartón y una tarjeta de afiliación a DMG.

Aunque los juguetes hayan evolucionado la ficción es la misma. Antes del uso de razón nuestro cerebro fue inoculado con esta ecuación: la ingenuidad equivale a un sueño lleno de regalos. Pero un día en el recreo un niño resabiado te abrió los ojos a la verdad. Esa fue la primera gran caída, el verdadero pecado original y desde entonces uno se ha pasado la vida realizando esfuerzos sobrehumanos para recuperar la gracia de aquel engaño primitivo.

“Miénteme, dime que me quieres”, le suplicó el amante a su amada. Tendrás ese juguete mientras creas en la magia. Miénteme, dime que cabalgando aquel caballo de cartón podré atravesar el horizonte. Miénteme, dime que en algún lugar del mundo existe aquella bicicleta roja que de niño me llevaba a la playa cuando todavía fingía creer en los Reyes Magos.

Miénteme, dime que con aquel lápiz, ya extraviado, aún podré escribir poemas y cartas a mi amor. Miénteme, dime que no ha desaparecido de aquella ciudad ni acabarán nunca aquellos placeres que en la juventud nos hacían inmortales. Miénteme, dime que, desafiando este tiempo sucio, no acabaré agachando la cerviz y tragando al final con todo, sonriendo a los poderosos imbéciles, dando la razón a los que me impidan soñar en ríos incontaminados, en fuentes limpias donde bailan las ninfas en la madrugada, en la aurora. Miénteme, dime que me quieres. Este es el último juguete de los magos antes del olvido, antes del silencio total. No tengo todavía la tarjeta de DMG para comprar mis sueños.

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