La realidad debe ser la fuente de la pintura | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-01-31 05:00:00

La realidad debe ser la fuente de la pintura

La pintura a lo largo de la historia del arte ha sufrido, si así lo permite el término, afectaciones que van desde la temática misma, pasando por las líneas o tendencias creativas, los soportes, materiales e, incluso, los anuncios y pregones sobre su defunción.
La realidad debe ser la fuente de la pintura

Sin embargo, como un ave fénix, ella ha resucitado entre las cenizas esparcidas por sus críticos y detractores de turno y su vigencia continúa con el mismo y quizá con mayor ímpetu y fortaleza.

Cuando se observa el trabajo creativo del pintor santandereano Óscar Salamanca, no se puede permanecer imperturbable ante las reacciones propias y extrañas que su obra suscita, pues, como él mismo lo afirma, en ella concursa la razón, lo sensible, la denuncia, la fuerza de su construcción como una especie de crónica real del absurdo, comparable al trabajo de Goya, de los hermanos Chapman, de la repetición del hecho frustrante de Warhol.

Es la expresión misma de la pintura contemporánea, la que responde al momento actual y la que sugiere el mismo tipo de reacción que en su tiempo provocaran los ‘Fusilamientos del 3 de mayo’ de Goya, ‘La Guernica’ de Picasso, ‘Los suicidas del Sisga’ de Beatriz González y ‘Las torturas de Abu Ghraib’ de Fernando Botero, para citar ejemplos de obras y artistas de diferentes tiempos, latitudes y trascendencia.

Colombia Desnuda

Para Salamanca, su último proyecto creativo, ‘Fragmentos de deyección’, que de manera exclusiva presenta a través de estas páginas, tiene como fuente creativa el acontecer diario de Colombia.

“Este trabajo lo hice en Europa, confrontándome como colombiano con los acontecimientos que sucedían en mi país y de los que me enteraba a través de las noticias y de los periódicos franceses y españoles. Era una especie de reclamo que hacía a mí mismo y a los demás artistas nacionales sobre la incolumidad y el estoicismo con que a veces actuamos frente a tanta crueldad, sufrimiento y angustias que hacen parte de nuestro diario vivir y que en otras partes del mundo son absolutamente escandalosas: el collar bomba, las decapitaciones y los partidos de fútbol con las cabezas de las víctimas de los paramilitares, el manejo político y mentiroso de situaciones que como el rescate de los secuestrados se muestran como ‘operaciones perfectas’ y que en la realidad no son sino facetas de esa gran mentira a la que todos le hacemos juego”.

De retomar esos fragmentos de la realidad nacional parte el desarrollo conceptual de la obra, pero el artista ahonda mucho más en la esencia de su denuncia creativa cuando se le ocurre cambiar los óleos, los acrílicos y hasta los colores tradicionales por un elemento pictórico no tradicional como lo es la mercromina, por nosotros llamada “mertiolate”, aplicándola igualmente sobre papel de acuarela.

“Con la mercromina estoy haciendo una doble representación en el sentido de que este material no sólo nos brinda una gama cromática específica que le da contexto a lo expuesto sobre el papel, sino que a su vez complementa perfectamente el mensaje.  La mercromina es bella, pero es una belleza cromática sospechosa que alarma y a la vez seduce; nos dice que algo no está bien, pero a su vez oculta y tranquiliza. Nadie sospecha que la curación de la seguridad democrática en Colombia actúa de manera similar”, asegura el artista al justificar el uso de ese elemento médico en su pintura.

Y es que si se indaga sobre las cualidades medicinales de este producto de uso popular para la curación de heridas menores, se descubre el interés del artista por este sustrato, pues esta sustancia que actúa supuestamente como medicamento no cura en esencia la herida sino que crea una escarcha que oculta en muchos casos el interior: la bacteria, el virus. Entonces, el material de la pintura cobra valor simbólico y expande el concepto de la pintura al terreno de la génesis crítica en sus fundamentos.

Contradicciones con la Estética

Entender la pintura vanguardista que exhibe Óscar Salamanca en su obra exige una particular posición crítica en relación con el concepto general que pende sobre el arte y su directa referencia a la estética y la belleza.

“Muchas veces he sido cuestionado al respecto y debo decir que mi estética va más allá de lo sentimental, de lo simplemente narrativo. Mi pintura se convierte en una especie de máquina de guerra que escupe raciones de consciencia sobre la barbarie en la que participamos todos, por hecho, omisión e indiferencia. Es un escrutinio a nuestra mala moral y, por eso mismo, se ajusta a la definición del arte contemporáneo, que no es nada distinto del entrecruzamiento con la realidad, por conflictiva que esta sea”.

 

 

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