El brindis | Noticias de santander, colombia y el Mundo | Vanguardia.com
Publicidad
Mié Oct 18 2017
23ºC
Actualizado 10:00 pm

El brindis | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-06 21:54:36

El brindis

¿Dónde nació ese sutil golpe que hacemos con las copas llenas de vino durante una fiesta? Mejor dicho, ¿Quién se inventó el brindis? Hay varias interpretaciones del asunto. Una de ellas da cuenta del acto protocolario que alimentaron los griegos para darle el poder al ‘señor y amo’ de la celebración: el vino.
El brindis

Otra explicación, que podría tener un buen argumento, habla de la vieja costumbre chilena de darle a ese elegante ‘toque’ un significado especial a un acontecimiento.

Hay otra lectura, que se remonta al siglo XVI. La misma recuerda las palabras que pronunció un monarca, tras la victoria de su ejército. Él dijo: bring dir’s. Palabras más, palabras menos, aseguró: ‘Yo os ofrezco’, para darle gracias, de esta manera, a sus hombres por la victoria.

Algunos sostienen que el choque de las copas le apuesta a mezclar el contenido de ambas copas, como una forma de demostrar que hay abundancia de felicidad.

Y podrían seguir más historias del asunto. Sin embargo hay un bonito concepto que dio, en algún tiempo, un humilde labriego español, llamado Joaquín.

Este campesino dijo que a la hora de beber un buen vino, están en juego todos los sentidos: El tacto, al sentir la copa; la vista, al apreciar el color del licor; el olfato, al catar su aroma; el gusto, al saborear en el paladar la exquisitez de la bebida.

¿Y el oído?

Pues, para eso fue que se inventó el brindis. Para escuchar este sonido sutil, el cual nos recuerda que es tiempo de disfrutar del buen sabor.

Tal historia cobra vigencia en esta página para explicar la importancia que les debemos dar a nuestros sentidos y, de manera especial, a lo que escuchamos.

¡Claro! hay otros sonidos que se convierten en los imanes de nuestros sentidos: los aplausos, la música, el trinar de un pájaro, la lectura de una bella poesía o las consonantes guturales de los bebés.

Sentir es sinónimo de vivir y, para ello, debemos hacerlo con los cinco sentidos.

Vivir es pensar; vivir es oler la naturaleza; vivir es saborear cada momento de felicidad que nos llega; vivir es amar; vivir es dejarse llevar como el garzón divino, entre las nubes de Dios.

Muy pocos asumen el día de hoy, como si fuese el último que luciera para ellos.

Los que sí lo hacen, disfrutan cada momento: gozan el presente y nunca se fían del incierto futuro.

No podemos permitir que la vida, que debería ser siempre una pasión, se convierta en una absurda costumbre.

Cuando a través de los sentidos logramos ser espiritualmente renovados, nuestro más profundo deseo existencial consiste en llevar a cabo la Voluntad de Dios. Y a Él hay que oírlo, así como se escucha el sonido del brindis.

Esta no es una fórmula para volverlo egoísta. La idea es consentirse. Haga que usted mismo sea su amigo.

¿Necesita alguien que le ayude a encontrar el remedio para los contratiempos de su existencia con alguien que lo apoye?

¿... Quién mejor que usted?

La mayoría de gente no trata de resolver sus problemas, recurre a especialistas para resolverlos.

Entonces las personas visitan sicólogos, se meten en terapias, creen en el esoterismo y, por qué no decirlo, hasta se refugian en textos como los que consignamos en esta Página de Espiritualidad.

No, no es que esas ayudas sean malas. Lo que ocurre es que, el mejor especialista para resolver sus problema, es usted. Así que comience a actuar, vaya hasta la cumbre y tome decisiones.

Ser amigo de nosotros mismos es la forma precisa de darnos algo, de sentir, es como tener en nuestra propia casa la medicina para nuestros males. Por eso, esta página lo único que pretende es hacer un brindis por usted y por nosotros.

Algunos sorbos

El vino, ese néctar que nos salva de desvelos tristes, se convirtió en la obsesión de un catador. En cada reunión a la que asistía, se dedicaba a descalificar las copas que le ofrecían.

Pese a la calidad de marcas de licores como el Jerez, el Manzanilla, el Montilla y el Cariñena, siempre les encontraba un ‘pero’.

Para él, los vinos de paladar eran joyas que, sólo se podían conseguir en las casas de los monarcas.

Un día bebió una exquisita copa de vino, producido por la Casa de la Vid y que se conocía como el cáliz de los dioses.

De pronto escupió y tiró la copa. Luego le enseñó su horrible dentadura al anfitrión, como una forma de desprestigiar el producto que se le había servido en la mesa.

Ofendido, el anfitrión hizo que le sirvieran una nueva copa con otro vino, éste sí de muy mala calidad.

“… Este es un vino de 10 pesos, ¡Cómo se le ocurre servirme algo así!”, exclamó.

“… Es la pócima que un destructivo como usted se merece”, le respondió el dueño de casa.

En nuestra vida hay personas que se atreven a calificar nuestros actos, tal como lo hacía este pesado catador. Son individuos que siempre se empeñan en encontrar faltas en todo lo que hacemos.

Los conceptos que emiten, resultan de la ‘fermentación’ que sale de sus erradas visiones. Destilan veneno, nos recriminan y, en más de una ocasión, nos sacan a relucir defectos que nunca tenemos.

Los ‘criticones’ desconocen que ellos deben ser los cronistas de sus propias sensaciones y no se la pueden pasar corrigiendo las obras maestras ajenas.

Porque, todos merecemos ser tratados con respeto. Nadie nos puede recibir con armas, pero sí con los corazones abiertos. No es cuestión de cerrarse a la crítica; la idea es saber distinguir entre un censor útil de un censor maligno.

Es cierto que hay críticos cultos, de gustos depurados, sin prejuicios ni envidia. A ellos, y sólo a ellos, hay que agradecerles, porque sus golpes no hieren, más bien nos esculpen.

A quienes llenan nuestras copas con juicios malintencionados, es mejor que nosotros mismos los censuremos.

¿Cuál vida prefiere?

En este mundo hay espacio para los que afrontan la vida como si se tratase de una buena ensalada: un poco de aceite suave, una buena cebolla, algo de tomate y lechuga, unas gotas de vinagre y listo: ¡he ahí una buena sazón!

Otros viven de manera lastimera. Todo lo que les ocurre es malo, se ven como mendigos a quienes la mala suerte los tiene sumergidos en la más profunda amargura.

Ni hablar de los que se agarran con arnés a la vida, como si fuera un rosario. Se la pasan rezando y buscando a Dios en todas partes, y desconocen que Él está muy cerca, justo en el corazón.

Y, a decir verdad, podemos seguir enunciando muchas formas de elegir vivir. Sea como sea, no se puede olvidar que no hay nada como vivir. Sólo es cuestión de disfrutar y brindar por ello.

 

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad