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El Destape de una Generación | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-07-11 05:00:00

El Destape de una Generación

Tras catorce a√Īo de ausencia, los bumangueses vuelven a encontrarse de frente con la obra de la artista antioque√Īa D√©bora AraAngo. Esta vez, con la presunci√≥n de que su aceptaci√≥n ser√° mucho m√°s abierta y podr√° despojarse del manto de prejuicios que por d√©cadas persigui√≥ a la pintora y su obra, pues, como lo cuenta la propia directora del Museo de Arte Moderno, Lucila Gonz√°lez Aranda, cuando se trajo por primera vez su obra, sin que oficialmente se declarara la censura, por debajo de la mesa fueron muchas las zancadillas y palos que le atravesaron, para aun as√≠ seguir hoy ostentando el t√≠tulo de la exposici√≥n m√°s visitada en la historia del Mamb.
El Destape de una Generación

Y es que la obra de Débora Arango sin dudas es distinta de lo que ofertan muchas otras exposiciones, pues en ella el paisaje es el cuerpo de la mujer, con muchas particularidades, porque la expresión se constituye en la síntesis misma de lo que refleja el impactante color y la fuerza mítica de su pincelada.

Pero es también la oportunidad de reencontrar la esencia que inspiró a posteriores generaciones más aceptadas, pues como quiera que se pueda tomar esta premisa, no cabe duda de que para citar solo dos casos muy cercanos a nuestros afectos, en Beatriz González y en Saturnino Ramírez hay muchos de los ingredientes de las recetas pictóricas de la paisa. Porque Débora Arango retrató a sus anchas los acontecimientos políticos y sociales del país, inspirada en las noticias que le llegaban a través de la radio.

Llev√≥ a sus lienzos las consejas de gamonales y politiqueros, fotografi√≥ pict√≥ricamente la verg√ľenza del conflicto pol√≠tico, ironiz√≥ hasta el cansancio a los protagonistas de la vida nacional de su √©poca e hizo uso del color, llev√°ndolo a los l√≠mites del gusto popular; en pocas palabras, hizo lo que muchos a√Īos despu√©s Beatr√≠z Gonz√°lez hiciera y descrestara al universo conceptual de la cr√≠tica nacional. Pero tambi√©n se meti√≥ de lleno en la vida cotidiana del pueblo, de la sociedad que empezaba a abandonar el campo y a poblar las ciudades. Mostr√≥ las facetas de la miseria social, de los oficiantes de las tareas poco dignas de emularse: coteros, matarifes, prostitutas. Retrat√≥ las amanecidas en los burdeles, los gestos lascivos de quien ha disfrutado las mieles del amor por alquiler; registr√≥ las sombras de los bares y bailaderos; hizo lo que igualmente muchos a√Īos despu√©s hiciera Saturnino Ram√≠rez con sus cr√≥nicas pict√≥ricas de burdeles, billares y cafetines.

La mujer con ojos de mujer

Pero lo que sin duda suscit√≥ mayores tragedias y salpullidos fueron las acuarelas de mujeres desnudas, en¬† una faceta de g√©nero que hasta ese momento no era posible considerar dentro de los c√°nones de la pintura: mostrar a la mujer sin sus m√°scaras, complejos y verg√ľenzas; retratar la feminidad con ojos de mujer, con sus virtudes y sus pecados, con su carga de erotismo, sensualidad y silencios y, sobre todo, mostrarla como un paisaje de carne y hueso, sin las orlas y las poses repetidas que marcaban la l√≠nea de algunos pintores de su √©poca, altamente influenciados por las escuelas rom√°nticas europeas y que fueron los primeros en llevarla al cadalso de la oposici√≥n y la cr√≠tica negativa. A esta ¬ďse√Īorita de bien¬Ē (D√©bora Arango no pod√≠a catalogarse como un ser extraterrestre)¬† le correspondi√≥ nacer, crecer y vivir en el seno de una sociedad como la antioque√Īa de comienzos del siglo pasado, donde las campanadas sobre la moral, el acato y simplificaci√≥n del rol de la mujer se constitu√≠an en uno de los baluartes del buen cristiano.

Debi√≥ enfrentar una lucha en plural contra la sociedad y los mismos artistas de su generaci√≥n, con el ingrediente positivo de que su mente y su esp√≠ritu siempre sintieron que esa lucha en realidad se daba en singular, pues se hac√≠a contra ella misma, contra lo que se pregonaba que deb√≠an ser las virtudes de dama, en contrav√≠a con lo que le dictaba su mente revolucionaria e inconforme. De ah√≠ que su obra resultara contraria, incluso a lo que ella misma pretend√≠a alcanzar, pues, como anecd√≥ticamente lo relata, las cosas no le sal√≠an como ella esperaba:¬† ¬ďEn una oportunidad quise¬† pintar a una mujer distinta, con expresi√≥n piadosa, y la pint√©, e incluso titul√© la obra como ¬ďLa m√≠stica¬Ē y, al final, result√≥ tan pagana como las dem√°s¬Ö¬Ē.

Voces en vía y en contravía

Basta recoger algunos comentarios flotantes que sobre la artista se suscitaron a partir de su obra para dimensionar el alcance de su propuesta creativa. En 1943, la artista present√≥ en las salas del Museo Zea una serie de desnudos y en particular una obra llamada ¬ďAdolescencia¬Ē, que no tard√≥ en ser descalificada por el arzobispo de Medell√≠n, quien la calific√≥ de imp√ļdica. En conversaci√≥n recriminatoria con la artista, el sacerdote le aconsej√≥ que dejara de estar pintando esas cosas pecaminosas. Ella le reconvino sobre el hecho de que en la misma sala estuvieran expuestos otros desnudos, como los que pintaba Pedro Nel G√≥mez, a lo que su respuesta fue: ¬ďEs el que √©l es hombre¬Ö¬Ē.

A modo de conclusi√≥n, una reflexi√≥n de la artista que, m√°s que un epitafio, debe considerarse una lecci√≥n para todas las generaciones: ¬ďSi con tantos obst√°culos, prohibiciones, censuras, ausencia de oportunidades, las mujeres hemos llegado a donde estamos, ¬Ņc√≥mo ser√° cuando eliminemos las barreras? Sin lugar a dudas el mundo ser√° diferente: m√°s humano, m√°s grande y m√°s lleno de atractivos. Por eso, a las mujeres les digo: Adelante, no desfallezcan, enfrenten con entereza cuanta dificultad se les presente y seguro saldr√°n airosas. Al final, habr√°n experimentado dos satisfacciones muy profundas: el haber contribuido a un mundo mejor y el haber realizado sus aspiraciones. Por eso, al mirar mis obras, suelo recordar lo grato que ellas involucran y me lleno de inmensa alegr√≠a¬Ē.

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