Tienen en realidad enormes posibilidades de éxito, pero también afrontan grandes dificultades. Pueden ofrecer una trayectoria política limpia y esto no es poco en un país asediado por la corrupción. Han hecho tres alcaldías admirables en una ciudad compleja como Bogotá. Tienen historias y perfiles distintos que le dan una riqueza invaluable a su proyecto político. Son líderes con un gran carisma y una comunicación envidiable con la opinión pública. En realidad estos tres dirigentes y Sergio Fajardo, que anda igualmente forjando su propio movimiento, son quienes pueden generar un fenómeno de opinión distinto al presidente Uribe. Son ellos quienes pueden convocar al electorado de las grandes ciudades. Son también los que tienen una hoja de vida interesante para una buena parte de la dirigencia del país que no quiere una segunda reelección de Uribe. A las otras fuerzas de oposición les queda muy difícil presentar candidatos que arrastren el voto independiente, que muevan un electorado más allá de sus propios copartidarios. El Partido Liberal está haciendo un gran esfuerzo por ordenar sus filas y presentar un hombre o una mujer de trayectoria para hacer una campaña decorosa a la presidencia, pero no tiene una figura descollante entre sus precandidatos. El Polo Democrático se ha convertido en un partido esencial para el avance de la democracia, pero se ha desgastado mucho en sus polémicas internas y no tiene ahora un gran imán para disputarle los votantes al uribismo. En cambio los exalcaldes tienen cosas muy atractivas para los electores. Se caracterizaron por una férrea defensa de los recursos públicos y dieron una dura batalla contra el clientelismo y la corrupción. Mockus logró enunciar esta conducta en un lema: Los recursos públicos son sagrados, dijo. Peñalosa hizo una tarea admirable de dignificación del espacio urbano y demostró que esto tiene un impacto directo en la calidad de vida de todos los sectores sociales. Mockus se la jugó a la cultura ciudadana y a la defensa de la vida y generó una manera distinta de hacer política en el país. Garzón logró convertir la agenda social y la lucha contra el hambre en la preocupación más importante de una ciudad. Ahora bien, las dificultades para sacar la cabeza y ofrecer una batalla a Uribe no son menores. La mayoría del país sigue en la idea de que el problema mayor o el único son las Farc y las disputas con Venezuela y Ecuador. Pero la noticia es que han empezado a construir algo distinto y si persisten pueden oxigenar la política colombiana en los próximos años.