Primera tomaFue en marzo de 1992, durante la inauguración del acueducto de Cabrera, un pueblo muy parecido a Barichara pero con la fortuna, aún, de conservar la tranquilidad que posee un paraíso que no ha sido descubierto.
Publicado por: ELIZABETH REYES LE PALISCOT
Era un acto político. A una hora de San Gil, las calles empedradas y las casas en tapia pisada que rodean el parque principal acogían a los visitantes. El fotógrafo disparaba su cámara. Nada realmente notable. Pero el acueducto era un acontecimiento para los habitantes de Cabrera y entre la multitud, un niño observaba el protocolo apoyado en un muro. Lo que sobrecogió al fotógrafo fue precisamente aquello que escribió el famoso cronista Juan de Castellanos hace más de 400 años para describir a los indígenas Guanes: sus ojos de un azul intenso, delineados por unas espesas pestañas y unas cejas tan pobladas que parecían una sola. Tomó la foto. El niño preguntó para qué eran las fotografías y el fotógrafo le preguntó su edad. 14 años. No averiguó el nombre. Siguió su trabajo y la imagen quedó guardada. Eso fue todo.Tres meses después el fotógrafo la envió a participar en un concurso nacional que se organizó para celebrar los 500 años del descubrimiento de América y ganó. Se llevó el primer puesto en la categoría Retrato, fue expuesta en Bogotá y luego estuvo en otras muestras artísticas.Nueve años después también fue publicada en el libro Santander, Los Rostros de la Tierra, editado por Tres Culturas. El niño se volvió famoso.Un motivoAl año siguiente, en 2002, al otro lado del planeta, en Afganistán, el fotógrafo de la National Geographic, Steve McCurry, anunció que luego de 17 años había encontrado a la niña que fotografió en junio de 1984, en un campamento de refugiados de Pakistán durante la guerra contra la invasión soviética. La foto, que fue portada de la revista, se convirtió en una de las más famosas de la historia debido al expresivo rostro de ojos verdes de la niña .Pero como sucedió con la fotografía de Mauricio Olaya tomada en Cabrera, McCurry tampoco supo quién era su protagonista y se obsesionó en buscarla con la gran complicación de que en Afganistán, las mujeres viven totalmente cubiertas.Finalmente la encontró convertida en una mujer de 30 años. Se llama Sharbat Gula, vive en una aldea remota de Afganistán, está casada, tiene tres hijos y otro murió poco después de nacer. Y como era de esperarse, ignoraba que su rostro se había hecho famoso.McCurry tomó una segunda fotografía y la identidad de la mujer fue confirmada en un 99,9 por ciento mediante una tecnología de reconocimiento facial del FBI y la comparación del iris de ambas fotografías. Con el hallazgo se acabó con el mito sobre su paradero, el cual afirmaba que la buscaba la CIA y que era maestra de inglés de los hijos de Osama Ben Laden.Las imágenes conmovieron al mundo. Antes y después. Segunda tomaEl pasado miércoles 13 de agosto Henry Monsalve cumplió 31 años.Amanda Vargas, una funcionaria de la Alcaldía de Cabrera vio la fotografía que Mauricio Olaya tomó hace 16 años y lo reconoció. Marcó su celular y le pidió que fuera a la Alcaldía.Henry apareció recién bañado con una gorra que ocultaba sus grandiosos ojos. Es un hombre delgado, tímido, de pocas palabras y estaba nervioso por el encuentro.Cuando vio la fotografía, su fotografía, se rió nervioso y asintió: 'Sí, ese soy yo', dijo. Es que además de sus inconfundibles ojos está una cicatriz al lado izquierdo de su boca que aún se nota bastante; por si queda la duda.-'Esa me la hizo un perro por quitarle un hueso', dijo.Enrolló la fotografía, la guardó en un tubo de papel y fue directo a su casa, donde vive con doña María del Carmen, una mujer nacida en Cabrera hace 63 años, y con unos ojos más azules que los de su hijo.La casa es herencia de la familia de María del Carmen y siempre ha vivido allí con su hijo. Es su única propiedad. Se acompañan. No hay más hijos ni hermanos y Henry aún no se ha casado porque -dice su madre-, en Cabrera las mujeres ya no quieren más a los hierbateros.- 'Será salir a buscar una mujer, porque las de acá ni voltean a mirar'. Lo dice con un dejo de seriedad que parece entristecerlo. Y vuelve y mira la fotografía mientras su madre muestra las únicas que ella posee de Henry, del día que celebraron su primera comunión; tan delgado como ahora y con esas facciones marcadísimas. No ha cambiado mucho aunque aparenta más años de los que tiene. Y sus días también se parecen a los de hace 16 años cuando fue fotografiado.Estudió hasta segundo de primaria porque aprender se le dificultaba. 'Eso no se me dio'. Por eso, algo escribe y algo lee. Dice que se retiró porque cada rato le salía un voleíto y se cansó de repetir.Desde siempre su madre lo espera cada vez que sale a tirar azadón. Y así sobreviven. Hoy le pagan 10 mil pesos por el jornal. Y cuando el clima se los permite, hacen algo con el maíz que insisten en sembrar en el traspatio.De la foto algo supo cuando un vecino que tiene una tienda, salió con el cuento de que lo estaba buscando la ley porque una fotografía suya había salido en el periódico. Incluso, Henry mostró un pedazo de cartón con la imagen fotocopiada y casi deshecha por la humedad. Sus ojos, que siguen atrayendo como un imán, hoy están muy rojos. Henry dice que hace tres años le empezó una picazón que aún no se le quita. 'En una brigada de salud me dijeron que era por trabajar la tierra, por el polvo y me recetaron unas gotas que nunca compré'. La verdad es que no pudo comprarlas. Y así quedó el asunto.Cuando no trabaja, juega tejo y toma chicha. 'Eso sí, día que no beba chicha es porque estoy purgao', dice.Hasta ahora nunca pensó en la razón por la que su rostro salió en periódicos y libros.- ¿Acaso no le han dicho algo por sus ojos?, le dice el fotógrafo.- Claro, que me los iban a robar. Por eso siempre salí corriendo.La niña vietnamitaEn Trang Bang, una población de Vietnam, una niña de nueve años totalmente desnuda, huye despavorida víctima de un ataque con Napalm que le causó quemaduras en todo el cuerpo. Ocurrió el 8 de junio de 1972 y el fotógrafo Nic Ut de la agencia Associated Press, capturó la imagen que se convirtió en un ícono de la crueldad de la guerra.'Mis ropas se consumieron con el fuego. Agradecí a Dios que mis pies no se habían quemado y pude seguir corriendo', narró mucho después Kim Phuc, la protagonista.El fotógrafo fue quien la llevó al hospital donde permaneció 14 meses y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel. Cuando pudo regresar a estudiar, logró entrar a la Universidad de La Habana donde aprendió español y conoció a otro estudiante vietnamita, Bui Huy Toan, con el que se casó y tuvo dos hijos.Kim Phuc actualmente vive en Toronto (Canadá) donde trabaja como embajadora de la UNESCO, y preside la fundación Kim Phuc, para la ayuda a los niños víctimas de la guerra.'Cuando veo esa imagen una y otra vez, le agradezco a Dios que el 'tío Ut' congeló ese momento de la historia con su fotografía, y permitió que las próximas generaciones vieran lo que puede ser el horror de la guerra', dice. La foto consiguió aquel año el premio World Press Photo y su autor fue galardonado más tarde con el premio Pulitzer.Adios guerraLa fotografía 'Beso de despedida a la Guerra' fue tomada por Víctor Jorgensen en Times Square, Nueva York, el 14 de agosto de 1945. Allí, un soldado de la marina norteamericana besa apasionadamente a una enfermera. La fotografía es considerada una analogía de la excitación que significa regresar a casa luego de participar en la Segunda Guerra mundial, poco después del rendimiento de Japón. Sobre sus protagonistas surgieron muchos rumores. Pero la versión que más se conoce es que el marinero y la enfermera no se conocían, y que el beso fue fruto de la alegría. Y mucho más, cuando el marinero vio al fotógrafo. Fue una imagen posada.














