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Peregrinos en masa | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2010-03-14 06:00:00

Peregrinos en masa

Desde hace siete a√Īos, Sorac√°, a s√≥lo quince minutos de Tunja, se convierte literalmente en un r√≠o de gente el primer s√°bado de cada mes, cuando miles de personas de toda Colombia, pero principalmente de Bucaramanga, se dan cita en una enorme planicie para o√≠r al padre √Ālvaro de Jes√ļs Puerta. Sus misas de sanaci√≥n tienen m√°s seguidores que el m√°s famoso de los grupos de rock en Colombia.
Peregrinos en masa

-Es muy bonita la Danza del Sol. Por eso esta vez sí llevo la radiografía para poder ver directamente.

-Tiene que concentrarse mucho en el momento de la sanación.

-Ya ver√° el aire que sopla cuando llega la Se√Īora.

Una mujer que est√° sentada en una de las sillas centrales de un bus de la empresa Transpiedecuesta, le confiesa a su vecina que es la primera vez que viaja a Sorac√°. Entonces, la mujer, entusiasmada, le habla de las bellezas que ha visto en el cielo guiada por la voz del padre √Ālvaro.

-Ya ver√°¬Ö ya ver√°¬Ö c√≥mo es de √ļtil la radiograf√≠a.

A las 8 y 30 de la noche del viernes, m√°s de 20 buses se amontonan en una de las calzadas de La Puerta del Sol y poco a poco se van llenando. Y no porque sea un viaje a un santuario, el grupo lo dominan los de la tercera edad. La verdad, esto se parece m√°s a la fiesta que antecede el viaje de los hinchas que atraviesan el pa√≠s para ver a su equipo del alma, o a la que arman los seguidores de un grupo de rock que nunca lo han visto en vivo. Aqu√≠ no hay s√≥lo abuelos, tambi√©n hay j√≥venes, familias enteras, ni√Īos y hasta beb√©s en brazos.

La mayoría lleva paraguas porque no se sabe si el viento será tan fuerte como para quemar los rostros de los peregrinos, o la lluvia los emparame durante las más de seis horas que durará la visita. Una y otra son una bendición, dice la guía de este tour religioso que tendrá su primera parada en Chiquinquirá, a las 4 de la madrugada.

A las 10 de la noche, ya rumbo a Soracá, la guía, empleada de una agencia de viajes, invita a rezar el primer rosario.

Entonces el bus enciende a todo pulm√≥n el aire acondicionado y en medio de padrenuestros y avemar√≠as, los peregrinos se entregan al sue√Īo. Un par de j√≥venes se resiste y el reggaeton de Calle 13 se mezcla con el susurro de los que rezan.

Primera parada

Ruby tiene 12 a√Īos y est√° levantada desde las 3 de la madrugada porque como sucede cada primer s√°bado de todos los meses y desde hace siete a√Īos, en Chiquinquir√° es el d√≠a de las mejores ventas gracias a los peregrinos que van hacia Sorac√°.

Ella acompa√Īa a su mam√°, una mujer en silla de ruedas que se ubica en una de las esquinas de la catedral del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs en Chiquinquir√°. Su trabajo, por as√≠ decirlo, es armarle charla al que le pare bolas y decirle cosas¬Ö para al final ofrecerles los escapularios de su mam√°, o si lo prefieren, uno bien econ√≥mico como el que lleva colgado al cuello con la imagen de San Benito.

-Si es la primera vez que vienes a la iglesia tienes que pedir tres deseos. Y también comprar un escapulario.

-Y no creas que los cuadros que est√°n expuestos son los originales. Esos los tienen bien guardados.

Es evidente que la mayoría no sabrá lo que afirma Ruby, o tal vez sólo sea una fantasía infantil. Lo cierto es que una larga fila de feligreses espera en silencio poder tocar uno de los cuadros donde aparece la virgen de Chiquinquirá. Algunos alcanzan a confesarse mientras empieza el segundo rosario del viaje.

A la salida, muchos, a punta de sentir el fr√≠o en los huesos, compran gorros, bufandas, ruanas y sombreros. La gu√≠a apura a sus clientes y de nuevo al bus. Ruby logra vender el escapulario de San Benito y dice que ha o√≠do mucho del padre √Ālvaro pero no hab√≠a podido ir a verlo.

Un río de gente

Ya casi son las ocho de la ma√Īana cuando el bus hace una parada corta frente a la Iglesia de El Topo en Tunja. No todos los peregrinos se bajan. Est√°n apurados. No quieren que el bus se retrase porque podr√≠an perderse el inicio del tercer rosario del viaje, que esta vez encabezar√° el padre √Ālvaro.

Unos refunfu√Īan hasta que el bus finalmente llega sobre las nueve de la ma√Īana a Sorac√°, un pueblo diminuto a quince minutos de Tunja, rodeado de paisajes que parecen alfombras hechas de retazos de verde.

El sol quema. El viento tambi√©n. Don Lizandro, que viaja con un grupo de siete personas y que ha asistido en cinco ocasiones a las misas de sanaci√≥n del padre √Ālvaro, hace los anuncios respectivos porque ¬ďen Sorac√° s√≠ que hay ladrones que se aprovechan de la fe¬Ē, dice.

En toda la entrada del pueblo, dos enormes potreros están dispuestos para guardar los buses que como los de Bucaramanga, llegan de todas partes del país. Afuera, por la calle principal, ahora sí empieza a verse ese río de gente del que muchos hablan. Se desayuna a la carrera. Y rápidamente se inicia el ascenso hasta el Santuario.

Sorac√° es pr√°cticamente una gran calle que atraviesa el pueblo hasta la cima de una loma donde se encuentra una gran planicie. All√≠ han construido una tarima con paredes de vidrio donde permanecen el padre √Ālvaro, su gente m√°s cercana y algunos polic√≠as y militares.

La subida es lenta por la multitud. El trancón no sólo lo hacen los peregrinos, sino también los vendedores ambulantes que vienen de Chiquinquirá, Bogotá y algunos pueblos cercanos.

Cuando se llega, la sorpresa es mayor. La planicie ya est√° repleta de peregrinos y el paso se hace a√ļn m√°s lento. Al fondo, bien al fondo, numerosas banderas blancas y azules saludan a la que se convertir√° en una de las protagonistas del d√≠a. ¬ďLa Se√Īora¬Ē, as√≠ la llama el padre √Ālvaro. En un gran muro se lee ¬ďSantuario de Nuestra Se√Īora de la Esperanza¬Ē.

No es tan dif√≠cil obtener datos del padre. En una de las novenas que venden por todas partes, se lee que naci√≥ en Bol√≠var, una vereda de Antioquia, muy cerca al Choc√≥ y que se orden√≥ en 1988 en Tunja. Muchos lo conocen desde cuando era el p√°rroco de Motavita, hace ya 18 a√Īos, los mismos que lleva celebrando las misas de sanaci√≥n por las que se ha vuelto famoso.

Don Lizandro dice que cuando llegó como párroco a Soracá, se trajo también a toda esa multitud de peregrinos.

Una mujer que vende escapularios se apresura a decir que el padre se pele√≥ con el Alcalde de Sorac√°, que ya no es m√°s el p√°rroco del pueblo y que por eso est√° construyendo en la loma, un seminario. ¬ďPero usted no se crea. Aqu√≠ todo el mundo dice cosas pero nadie confirma¬Ē, dice don Lizandro.

Lo que todos ven

¬ďLos santuarios son en el mundo hospitales del amor. Vamos a exponerle a la Se√Īora nuestras peticiones¬Ē, dice el padre √Ālvaro y as√≠ inicia el rosario que se prolongar√° por cerca de dos horas.

Los peregrinos alquilan sillas a dos mil pesos. Se apretujan en un espacio que realmente es inmenso pero que se queda peque√Īo para tanta gente. El sol sigue siendo fuerte y el viento tambi√©n.

¬ďVamos a darle la bienvenida a la Se√Īora¬Ē, dice. Todos hacen silencio, las banderas se abren por causa del viento y un aplauso hace eco en las monta√Īas.

A don Lizandro le gusta el efecto que causa el viento porque dice que es la Virgen quien lo est√° acariciando. Por eso aplaude y vuelve a aplaudir cada vez que sopla con fuerza.

Vienen los padrenuestros, las avemar√≠as, las peticiones, m√°s silencios, ejercicios de respiraci√≥n, ¬ďhay que desentumecer los m√ļsculos¬Ē, los abrazos entre familiares, ¬ďqui√©rete mucho¬Ē, m√°s aplausos, los cantos, ¬ďreciban el ox√≠geno que nos da la Se√Īora¬Ö¬Ē.

Y luego viene la esperada Danza del Sol. Con radiografías, gafas oscuras, celulares y cámaras digitales, estos peregrinos alzan su mirada al cielo. No quieren que se les escape lo que afirman es un fenómeno divino.

El padre lo explica de la siguiente manera: est√° girando el sol, primero se vuelve peque√Īo y luego grande, van a ver c√≥mo se forma un arco iris y de all√≠ saldr√°n rostros de la virgen, de Jes√ļs, cruces, un c√°liz.

Don Lizandro saca sus gafas oscuras y una sonrisa se le dibuja en la cara.

-Yo s√≠ lo veo. ¬ŅLo ve?

En medio de una alegr√≠a que podr√≠a confundirse con la histeria, cada cual saca sus propias conclusiones. Los que se re√ļnen en esa planicie en Sorac√°, en su mayor√≠a creyentes, afirman ver lo que el padre anuncia. Otros se quedan callados y observan con atenci√≥n.

Don Lizandro cree. Y con eso basta. A él le basta.


Los sanados

A la 1 de la tarde es la cita de encuentro en el Santuario para la misa de sanación. De nuevo el río de gente se dispersa para buscar qué comer. Las gallinas abundan en las ollas y la carne se asa en parrillas enormes. Hay mondongo, papa, mazorca, cerveza al clima y gaseosa.

Entrar al ba√Īo cuesta $400. Ese es otro r√≠o de gente el que entra y sale de las diminutas cajas que sirven de sanitarios.

La voz de los ayudantes del padre se multiplica por los parlantes. Advierten que hay que comprar la novena original del padre √Ālvaro, que no se dejen enga√Īar y hasta dan las caracter√≠sticas de algunos ladronzuelos.

Cuando empieza la misa, el n√ļmero de peregrinos ha aumentado. Hasta en las monta√Īas que rodean a la planicie se ve gente resguardada por sus paraguas. Son muchos. Miles. La ceremonia durar√° dos horas y el padre hasta har√° un par√©ntesis para afirmar que ¬ďCat√≥lico muere cat√≥lico, cat√≥lico da el voto por un cat√≥lico¬Ē.

Todos aplauden. Siempre aplauden. Luego vendrán las barras por departamentos y quedará claro que los jóvenes son los más numerosos y que a los bumangueses nadie les quita el trono de mayor asistencia. Los demás vienen de Bogotá, Boyacá, Casanare, Arauca, Huila, Tolima, Manizales, Pereira, Antioquia y Meta.

¬ďEs que el padre mejora mucha gente, ha hecho milagros, por eso lo siguen, √©l tiene un don¬Ē, dice una de las mujeres que acompa√Īa a don Lizandro.

El gran final, la sanaci√≥n, cerca de las 4 de la tarde, es la raz√≥n principal por la que todos van a Sorac√°. El padre inicia lo que llama la oraci√≥n de s√ļplica por la salud. ¬ďPor el poder que me has concedido, ordeno a la enfermedad que desaparezca¬Ē. Mientras habla, los peregrinos hacen silencio; es un silencio que aturde. Le habla a los que est√°n en sillas de ruedas, a los que est√°n en muletas.

A lo lejos se escuchan gritos de j√ļbilo. Aplausos. Hasta alzan una silla de ruedas como muestra de que alguien se ha sanado. En medio de tanta gente, simplemente no se ve nada. Ese ser√≠a un final. Pero hay otro. A unos 20 metros de distancia de don Lizandro, un hombre respira afanosamente y suda mientras intenta pararse de su silla. Y lo logra, alza los brazos con un esfuerzo infinito y avanza lentamente.

 

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