Bodega Central est√° de fiesta | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-10-12 01:46:40

Bodega Central est√° de fiesta

Javier Mart√≠nez Romero es un ni√Īo delgad√≠simo de ocho a√Īos. Corre con el se√Īo fruncido por el barrial en que se ha convertido el corregimiento¬† Bodega Central ¬Ėsur de Bol√≠var- por culpa de la lluvia. √Čl mismo tiene fango hasta en la punta de la nariz.
Bodega Central est√° de fiesta

Est√° de pie frente al ferry ¬Ėo Johnson, como se les llama en la Costa Atl√°ntica a las embarcaciones con motor-, ubicado, a su vez, a un kil√≥metro de distancia suyo, sobre el poderoso r√≠o Magdalena.

Espera por su pap√°, Javier Mart√≠nez, nombrado hace ocho d√≠as h√©roe local, sin formalismos pero con esperanza. Los habitantes del corregimiento esperan que la avalancha de periodistas y la visita del Presidente de la Rep√ļblica los ponga en la mira de los organismos gubernamentales. No se quejan pero tienen problemas. El m√°s evidente, la inundaci√≥n de las calles cuando llueve.

El domingo pasado Bodega Central fue noticia. Un ferry se hundió en el río Magdalena, frente al corregimiento y se llevó consigo varios camiones. Uno de ellos con cerveza y el otro con 96 canecas de cianuro que serían utilizadas en la explotación minera.

El hecho prendió las alarmas en el país, que temió la mortal contaminación del agua.

En el corregimiento en cambio se prendió la alegría.

Ante esta oportunidad de llamar la atenci√≥n del pa√≠s, los ni√Īos en Bodega Central est√°n felices, corren y se carcajean alrededor de la orilla del r√≠o.

Los jóvenes esperan que la chalupa llegue con los mercados que ofreció la Presidencia y se ríen de los pantalones cortos que usan los buzos cuando están descansando; los hombres de Bodega Central colaboran con la Armada Nacional en el rescate de las canecas pero sin afanes, y las mujeres atienden a los periodistas y a los organismos de socorro mientras cuchichean.

Hay algo en qué ocuparse para superar los días todos iguales, casi aburridos, en el olvido.

El √ļnico que permanece serio es el peque√Īo Javier. Se r√≠e apenas de vez en cuando y espera juicioso a que su pap√°, de 25 a√Īos, descienda del ferry para almorzar.

Javier Mart√≠nez ¬Ėpadre- colabor√≥ con los buzos militares en la b√ļsqueda de las canecas de cianuro, puesto que en el corregimiento es el √ļnico que sabe sumergirse m√°s de diez minutos. De hecho, es uno de los pocos dentro de este pueblo pesquero que sabe nadar.

El s√°bado, ¬Ņqui√©n es Javier?

La mejor amiga de Javier ¬Ėhijo- es Mar√≠a Helena Rinc√≥n Jim√©nez, de 9 a√Īos. Su abuela, Dorina Pacheco, es la mujer m√°s popular en cuatro cuadras a la redonda.
Los ni√Īos saben lo que Dorina sabe porque ella es la l√≠der de la comunidad y est√° enterada de todo.
¬ďEl s√°bado en la madrugada sentimos un ruido a la una y pico, como estaba haciendo bastante brisa pensamos que era algo que se hab√≠a ca√≠do, una cocina, alg√ļn lavadero, porque aqu√≠ se utilizan muchos lavaderos provisionales para las bateas. Luego sent√≠ los pasos de la gente, que desde temprano estuvo pendiente de lo que pas√≥. Por ejemplo, hay un muchacho que puede aguantar debajo del agua 10 minutos. Ahora mismo √©l est√° colaborando con los buzos. Parece ser que el Presidente lo va a premiar por eso¬Ē.

Dorina explica que al medio día, Javier padre consiguió detectar dónde habían caído los camiones y amarró dos: uno que llevaba melaza y salvado y el otro, que era el peligrosísimo vehículo que trasportaba el veneno. Sin esta acción rápida, las canecas habrían chocado río abajo, lo que habría provocado el derrame del cianuro granulado y la contaminación del agua. Un verdadero desastre que fue evitado.

El ni√Īo, Javier, levanta con orgullo la cabeza mientras sus amigos se√Īalan con el dedo a su padre, que viene bajando del ferry.
Las botas de Javier se hunden en el lodo casi dos centímetros.

Nació en El Cerrito, un corregimiento de El Banco, Magdalena, ubicado a 94 kilómetros de Gamarra.

Hace siete a√Īos Javier sali√≥ de all√≠ para buscar mejor fortuna. En su traves√≠a juvenil sigui√≥ la macondiana ruta del Magdalena hasta desembocar en Bodega Central. Ah√≠ se cas√≥ con Maril√ļz Romero Carvajalino y vio nacer a su peque√Īo Javier. A√Īos despu√©s Maril√ļz falleci√≥ de c√°ncer y hace siete meses convive con Sonia Isabel Matus P√©rez.

Los días de Sonia, Javier padre e hijo, eran todos iguales hasta el pasado sábado.
En la ma√Īana, Javier sale a pescar, Sonia deja el almuerzo listo y camina dos cuadras m√°s abajo de su casa para trabajar en oficios varios y el peque√Īo Javier se va juicioso a estudiar en la Instituci√≥n Educativa Bodega Central. Va en segundo.

Javier padre se parece mucho a Javier hijo. Es un hombre menudo, con un bigote gracioso y que habla tan nerviosamente que cuesta mucho entenderlo.
¬ďCuando mis compa√Īeros ¬Ėpescadores- y yo vimos el ferry que se estaba hundiendo, corrimos hacia el r√≠o con cabuyas y lazos. Nos subimos en un Johnson y yo me hund√≠ en el agua hasta que consegu√≠ amarrar el primer cami√≥n. Llamamos a las autoridades y con ellos llegaron los buzos. Yo segu√≠ sumergi√©ndome para colaborar con ellos hasta que consegu√≠ amarrar el cami√≥n que trasportaba el veneno¬Ē.

Javier sigue con su hijo hasta su casa, situada en la √ļltima calle del corregimiento. Llega embarrado hasta las orejas, al igual que los ni√Īos que lo siguen.

El domingo y lunes, la vista del Presidente

Ya el domingo, las m√°ximas autoridades del pa√≠s estaban presentes en el sector. El presidente √Ālvaro Uribe recorri√≥ el corregimiento acompa√Īado del ministro de Protecci√≥n Social, Diego Palacio y de Juan Lozano, ministro de Vivienda y Medio Ambiente.

Días después permanecía allí el Gobernador de Bolívar, Joaco Berrío y el comandante de la Fuerza Naval del Caribe, contralmirante Roberto García Márquez.
Otros que permanecieron y esperaban su turno de sumergirse con sus trajes pegados al cuerpo fueron los buzos de la Armada, quienes aprovecharon para contar la verdad, de manera extraoficial, acerca del ¬Ďextrav√≠o¬í de una caneca de cianuro.

¬ďLo que sucede es que el r√≠o baja a la velocidad de ocho nudos por hora y trae consigo troncos muy grandes. Uno de ellos golpe√≥ la caneca y por la fuerza que tra√≠a, la desprendi√≥ de las manos del buzo¬Ē.

Ese domingo los ni√Īos tocaban a los buzos ¬Ďcomo qui√©n no quiere la cosa¬í, seg√ļn el refr√°n coste√Īo.
El lunes llegaron relevos desde Barranquilla y Cartagena. Dorina Pacheco asegura que, seg√ļn sus c√°lculos, son los primeros que logran sumergirse durante m√°s tiempo.

El martes, ¬ďse les llen√≥ mucho de cianuro el cami√≥n ¬Ėa los buzos- y tuvieron que ponerle comprensor y lavar por la parte de adentro para poder entrar hasta las canecas¬Ē, explica Dorina.

A pesar del peligro que estos inconvenientes representaban, Dorina se√Īal√≥ que la poblaci√≥n no se sinti√≥ preocupada por el posible envenenamiento del agua.
Bodega Central cuenta con un pozo a 101 metros de profundidad y es allí donde obtienen el agua. Eso sí, el ganado los tenía pensando porque con el agua del Magdalena se realizan las actividades de pastoreo y riego.

Pero ninguna de estas preocupaciones consigui√≥ ¬ďaguarles¬Ē la alegr√≠a, que, sin embargo, si se camina por sus calles, no logra esconder las necesidades del corregimiento.

¬ďNuestra situaci√≥n es terrible porque en este pueblo se necesita todo¬Ē, se√Īala Sonia Matus.
¬ďLa venida del Presidente nos favoreci√≥, aunque se tuvo que ir r√°pido. √Čl pensaba quedarse unos d√≠as m√°s pero lamentablemente tuvo que ir a atender la bomba que sucedi√≥ en Cali¬Ē, relata Dorina con la mirada puesta en el horizonte del r√≠o.

De vuelta en la casa de Javier Mart√≠nez, tanto padre como hijo han terminado de almorzar. Los ni√Īos se adelantan a su salida y en tres minutos est√°n a la orilla del r√≠o.
¬ĎEl Johnson¬í espera para recogerlo y ellos no pierden oportunidad para insistir una vez m√°s a los pescadores que los lleven hasta el ferry para observar el lugar exacto donde se cay√≥ el cami√≥n, un hecho que, parad√≥jicamente, los tiene muy contentos.

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