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Domingo 25 de julio de 2010 - 10:03 AM

Hijos del conflicto

Después del parto, cuando Karen* vio a su hijo, revivieron en ella los episodios con los que su naturaleza fue envilecida. El bebé era idéntico a su padre, el hombre que durante dos años abusó sexualmente de ella, sometiéndola a vejámenes insospechados.

Publicado por: MARÍA RUTH MOSQUERA mmosquera@vanguardiavalledupar.com

'No lo quiero ver'. Esa fue su primera reacción de la adolescente, que apenas llegaba a sus 13 años y que entró en la lista de víctimas de paramilitares que ayudados con fusiles consiguieron suplir sus antojos carnales.'Yo estaba en una finca con mi mamá y llegaron unos hombres; ese señor apenas me vio preguntó que quién era yo y dijo que me quería para él'. 'Yo tenía trece años cuando empezó todo'. Hablar de lo que pasó no es fácil para Karen, que hoy tiene 19 años y un ‘enjambre’ de incógnitas que siguen sin resolver, siendo la más grande '¿por qué a mí?'.Por eso, durante mucho tiempo se abstuvo de contar su historia, pues eran pasajes de su vida que deseaba borrar, porque le habían quitado la paz, la confianza en las personas y también su valía. Hace poco accedió a narrar su ‘cuento de horror’, en medio de un proceso de restauración que la está llevando a exorcizar el pasado, a reinventar una vida nueva y llena de esperanzas en la que ya incluye a su hijo.Ese día en la finca, durante 2004, el hombre del que supo tenía el alias de ‘James’, acompañado de otros más, armados todos, la subieron en una camioneta y se la llevaron a un paraje solitario, en el que los acompañantes descendieron del vehículo y lo rodearon 'como montando guardia'. Allí Karen* fue ultrajada y abusada. 'Yo me dejé hacer todo eso porque tenía miedo; él tenía un arma y me podía matar después, me dio un dulce y se echó a reír y me llevó otra vez a la finca'.A partir de entonces, alias ‘James’ sometió a Karen a abusos sexuales de manera constante, bajo las amenazas de asesinar a toda la familia si no acataba sus órdenes. 'Me mandaba a buscar con sus guardaespaldas, me hacía todo lo que quería y me regresaba como si yo fuera una encomienda', relata la joven, que junto a su madre sufría en silencio, pues estaba advertida de que el precio de una denuncia sería la muerte.Y mientras todo ocurría, la madre de Karen* prácticamente moría por el miedo y la impotencia de no tener cómo proteger a su hija. Día tras día sus fuerzas y su fe se agotaban.'Duró dos años abusando de mí, hasta que un día quedé embarazada', contó Karen*.  Con el paso del tiempo ella y su madre se hicieron inmunes al miedo y, tras el anuncio de que un bebé venía en camino, decidieron escapar. 'No llegamos muy lejos porque al poco tiempo él me encontró y me mandó a buscar; yo me negué. Después me mandó un celular y me llamaba, pero yo le decía que no iba más y que no me importaba que me matara; entonces me dijo que me iba a dejar quieta'.IdénticoCuando Karen* completaba la mitad del embarazo tuvo lugar el proceso de desmovilización de las autodefensas. Alias ‘James’ entregó su fusil y desapareció, pero el tormento de la joven sólo se transformó, porque pese a que tenía la certeza de que no volvería a ver a su verdugo, era consciente de que dentro de ella germinaba la semilla de sus temores. 'Al principio me daba puños en la barriga para que se me saliera el niño', comentó.El embarazo fue un periodo difícil, que se agravó con el nacimiento del bebé. Éste según la madre,  resultó ser idéntico al papá, lo que generó el rechazo de Karen*. Durante sus dos primeros años de vida no lo amamantó ni tampoco lo cargó , tiempo en el cual el niño fue atendido por la abuela.Sólo ahora, cuando está ad portas cumplir sus cuatro años, Kevin* ha empezado a experimentar lo que es una caricia, un abrazo y un beso de una madre.La restauraciónComo un caso complejo describió una psicóloga adscrita al área de atención a víctimas de la defensoría del Pueblo, que ha tenido a su cargo la restauración de Karen*. Cuenta que la encontró  en un estado caótico de ensimismamiento y mutismo. Fue mediante un proceso largo que Karen* han ido recobrando la esperanza en la vida. 'Uno de los momentos más hermosos lo viví hace poco cuando Kevin* llegó y ella lo abrazó con cariño', dice la psicóloga. 'Por difícil que haya sido la situación para la víctima, siempre es posible construir un nuevo proyecto de vida, emocional y familiar', aseguró la experta. Por años, las mujeres víctimas de los grupos armados han callado los ultrajes y han declarado ser víctimas sólo desde el punto de vista del homicidio de esposo, hijos u otro familiar, así como de desplazamiento, despojo de tierras y otros daños, pero afecciones, como abuso sexual, los dejaban en el olvido. 'En 2007 y 2008 usted no escuchaba a nadie denunciar abuso sexual, pero ahora las cosas son distintas', puntualizó la psicóloga.Buscando un espacio para que las víctimas de delitos sexuales puedan denunciar, en el Cesar han emprendido un trabajo que persigue un trato diferencial por parte de las entidades de justicia a la hora de atender estos casos. Con esto se busca que las denuncias y declaraciones se den en un escenario adecuado, en el que la víctima no sea revictimizada. Esto va en concordancia con lo ordenado por la Corte, en el Auto 092, que establece una protección especial a las mujeres en estos casos.Según Lina Céspedes Báez, de la Consultoría para Derechos Humanos de Desplazados, Codhes, 'la Fiscalía debe diseñar una política nacional para los casos en los que se haya presentado violencia sexual, pero hasta ahora no se ha dado y si se dio, no la conocemos'.Registros De acuerdo con registros de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, CNRR, en el Cesar más del 17 de casos de violaciones de paramilitares dejaron ‘frutos’ en las jóvenes. También se conocen tres casos registrados de abortos provocados, uno porque golpearon a la joven cuando estaba embarazada  y los otros a causa del sufrimiento o el desplazamiento forzado, persecución que agrava las posibilidades de aborto en un embarazo.(*) La identidad de los protagonistas del testimonio fueron modifAicadas.Pocas confesionesPese a que existen profusos datos sobre delitos sexuales cometidos por los paramilitares, pocos lo han confesado en las versiones que entregan a los jueces de Justicia y Paz de la Fiscalía. Jhon Jairo Esquivel Cuadrado, alias ‘El Tigre’, aceptó que en la masacre perpetrada el 17 de febrero de 2000, en El Salado, Bolívar, violaron mujeres, pero dijo que él no había participado. Édgar Ignacio Fierro Flores, alias ‘Don Antonio’, aceptó su responsabilidad en violaciones, pero no porque él hubiera participado sino ‘por cadena de mando’. Salvatore Mancuso Gómez, alias de ‘Santander Lozada’ o ‘Triple Cero’, dijo que el abuso a las mujeres no estaba dentro de las políticas de las tropas; por eso, quienes lo hacían eran ajusticiados.  

Publicado por: MARÍA RUTH MOSQUERA mmosquera@vanguardiavalledupar.com

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