Que se cometieron errores en el pasado y que se siguen cometiendo en el presente es un axioma del cual están convencidos, como también lo están de la necesidad de decirle alto a esos errores y empezar a restaurar los cimientos de la sociedad para hacer una nueva, libre, sin armas y sedienta de una transformación.
Publicado por: MARÍA RUTH MOSQUERA mmosquera@vanguardiavalledupar.com
Ketty y Mario son jóvenes que entran en la extensa lista de los de su generación que fueron víctimas del conflicto y que hoy se sienten olvidados por el Estado, sin herramientas para cumplir la responsabilidad natural de ser el futuro de su sociedad.Ketty es una sobreviviente del desplazamiento por parte de grupos paramilitares que cuando ella era una niña, irrumpieron en el corregimiento Río Seco y asesinaron a parte de la población.Las familias que sobrevivieron, asustadas, abandonaron sus entornos y entraron a hacer parte de la lista de errantes que hoy subsisten en territorios ajenos. 'La forma en que nos tocó acoplarnos a todos (una madre con cinco hijos) y comenzar a levantarnos nuevamente, mi mamá no tenía las condiciones económicas para levantar a la familia tuvo que ir al psicólogo porque caminaba por las calles y sentía que la perseguían tuvimos que apoyarnos mucho', relata Ketty.Mario, por su parte, es uno de tantos huérfanos, cuyo padre fue arrebatado por al conflicto armado. 'A mi papá lo mataron en Bosconia cuando yo tenía 15 años (hace seis). 'Fue duro para nosotros. Sentí rabia, rencor, resentimiento, sed de venganza', dice. Su resentimiento fue nutrido por la imagen de su madre sedada, sin ningún psicólogo o institución que dijera: yo ayudo. 'Nos aferramos a Dios; no tuvimos ningún otro acompañamiento, sólo Dios', relata este joven, que tras alimentar por cuatro años sus deseos de hacer justicia se levantó un día frente a una congregación y dejó salir todo aquello que lo contaminaba, lloró, explotó y luego se sintió aliviado. Sólo entonces estuvo listo para empezar el proceso de reconstrucción de su proyecto vital.'Ese día empecé a entender que yo era una víctima de la violencia armada, pero también era un ser humano que tenía metas, proyecto de vida, que era parte de la sociedad y era útil para ayudar a aquellos jóvenes que se encontraban en la misma situación que yo'.Ambos hacen parte hoy de procesos que buscan ayudar a jóvenes que viven lo que ellos vivieron y que viven aún gobernados por el fantasma del animadversión, que se manifiesta en todos sus momentos y les recuerda episodios que los dejaron huérfanos, sin hermanos, desarraigados y con sus familias desmembradas.Ketty es miembro del grupo de Memoria Histórica que adelanta trabajo con las comunidades en el Cesar, y Mario hace parte del programa de acompañamiento psicosocial y atención a víctimas.Sin alientoJóvenes apáticos, sin aliento para resolver sus conflictos emocionales, con un desinterés general por estos programas, ya que han escuchado mucha retórica acerca de la solución de sus dificultades, pero no han visto que esta pase a los hechos, son los que se han encontrado Mario y Ketty en el desarrollo de su trabajo. A esto se suma un componente de inseguridad para hablar porque 'uno nunca sabe a qué se puede enfrentar, no se sabe quién fue el actor, con quién está compartiendo', dice Ketty y añade: 'Creo que un error que tuvo el Estado fue no haber preparado a la sociedad para todos estos movimientos de reinserción porque tú no tienes la libertad de hablar en las calles, no sabes con quién estás compartiendo; la sociedad no está preparada para decir yo soy vecina del que asesinó a mi esposo'.'No es fácil, por lo general los jóvenes no aceptan ese trabajo psicosocial, están como inmunes a lo que se les dice, por eso el trabajo es complicado', dice Mario, quien ha visto muchas puertas cerrarse en su cara porque se enfrenta a una sociedad afligida y con una gran falta de fe. 'Me da mucha tristeza porque los jóvenes se encuentran muy afectados'.Cambio de mentalidad, la urgenciaEl relato de la mujer estaba impregnado de tristeza, desesperanza y preocupación: a su paso por Atánquez, el conflicto armado se llevó a más de 300 adultos, de modo que los jóvenes, adolescentes y niños quedaron huérfanos, otro tanto de mujeres, viudas y muchas familias desmenuzadas. Esos muchachos hoy han decidido que tomarán las riendas de su vida y dicen que nadie más los volverá a someter, por lo que existe rechazo a todo lo que represente autoridad; algunos tienen en mente la venganza como única forma de hacer que la justicia obre. 'Los posconflictos tienen ese problema; toda sociedad que supera los conflictos armados tiene esa fase existencial', asegura Antonio Calvo Silva, coordinador regional de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, CNRR, quien dijo que en ocasiones estos estados terminan en suicidio, ya que los jóvenes sienten que su única posesión, en la que pueden gobernar es su vida y por lo tanto disponen de ella; así ocurrió tras la segunda guerra mundial.El trabajo perentorio a realizar es cambiar la mentalidad de los jóvenes, adolescentes y niños, dice Calvo Silva, 'que entiendan que la violencia no es una opción ni para el ejercicio político ni para la resolución de los conflictos, que la violencia es un instrumento que históricamente dejó de ser útil y no tiene opción para la humanidad hacia el futuro y menos en Colombia; entonces a los jóvenes les corresponde la responsabilidad de romper el ciclo de la violencia en Colombia, les corresponde un cambio de paradigmas y este es la no violencia como forma de ser y hacer para que en este país la violencia alguna vez deje de ser la herramienta favorita de quienes quieran detentar el poder'.Pero para eso no cuentan con herramientas a su alcance, pues hoy se les dificulta incluso el acceso a un empleo, a la educación y a la salud y cuando logran penetrar alguno de estos escenarios, no se les tiene en cuenta como víctimas para, por lo tanto, darles un trato diferencial, sino que se les aplica el mismo tratamiento.'Una madre de familia, que todo el fin de semana duró soñando con la imagen de su hijo decapitado y amanece en lunes con jaqueca recibe el mismo tratamiento que el que fin de semana se emborrachó y el lunes amanece con jaqueca, es el mismo acetaminofén que le recetan al uno y al otro sin diferenciar el origen de cada padecimiento', precisó Antonio Calvo.LA VOZ DEL EXPERTOAntonio Calvo SilvaCoordinador regional de la CNRR'Siento que en este proceso la sociedad en su conjunto debe reflexionar y entender que el problema que viven los jóvenes le atañe a todos, que no es cierto que quienes detentan el poder puedan trazar las políticas para los jóvenes, que no es cierto que los jóvenes sean mentecatos o disminuidos mentales que no entienden lo que con ellos ocurren y que no pueden tomar en sus manos su propio destino, que no es cierto que el que es más viejo sabe más que el más joven, que no es cierto que la sola norma sea suficiente para curar y que es menester que se explore, desde distintas opciones, posibilidades para los jóvenes y que ellos entren a formar parte activa de esos procesos Aquí el principal responsable es el Estado que ha permitido el escalonamiento de niveles de violencia y de degradación en la sociedad, al punto que ha tocado a jóvenes y a niños de manera tan absurda. El estado debe asumir un papel preponderante para que esto comience a superarse'.LA VOZ DEL EXPERTOPadre Wilson Herrera Q.Director de la Pastoral Social 'Respecto al tema de atención a víctimas, en enfoque en este caso de muchachos y muchachas hay que decir que la cosa en nuestra región, en lo que conozco, es incipiente, está comenzando; como se comprenderá la dinámica de la violencia no ha terminado, aunque ha tenido cambios hacia mejoras muy significativo'. El Sacerdote el miembro del Programa de Desarrollo y Paz del Cesar.














