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Domingo 15 de Diciembre de 2013 - 09:16 AM

¡Yo no maté a mi hijo, soy inocente!: Johana Macías

No habló jamás durante su juicio. Nunca dijo nada en su defensa. Nadie la oyó explicar cuáles fueron las razones por las que supuestamente le dio muerte a su hijo recién nacido y por lo que hoy está condenada a 37 años de prisión. Y en mayo, por primera vez en casi 4 años, rompió su silencio para decir que es inocente. Esta entrevista recibió el premio Luis Enrique Figueroa.
César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL
¡Yo no maté a mi hijo, soy inocente!: Johana Macías
(Foto: César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL)
César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL
¡Yo no maté a mi hijo, soy inocente!: Johana Macías
(Foto: César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL)
César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL
¡Yo no maté a mi hijo, soy inocente!: Johana Macías
(Foto: César Flórez / VANGUARDIA LIBERAL)

Fue uno de los casos que más golpeó a la opinión santandereana en los últimos años. Era la historia de una mujer que denunció el secuestro de su hijo de seis días de nacido y que movilizó a todo un país en marchas y oraciones para pedir por su liberación. Pero luego, como en el peor de los guiones, confesó ser la autora de la muerte de su propio hijo, cuyo cuerpo fue arrojado en una bolsa plástica en pleno cañón del Chicamocha.

Desde entonces la imagen de Johana Macías pasó de ser la de adolorida madre a la de una fría mujer, a la que jamás se le vio remordimiento por la muerte de su hijo. O por lo menos esa es la historia que se registró en los medios y la idea de todo aquel al que en esta ciudad se le pregunta por ella.

Pero esa mujer que describen no es la que encuentro en la Cárcel de Mujeres de Bucaramanga, donde Johana está recluida desde el 2009, cuando tenía 24 años. Y la historia que apareció en los medios tampoco es la que ahora me cuenta.

La Johana que tengo frente a mí luce frágil. Se sienta con los hombros siempre encorvados hacia adelante. Es delgada y mientras habla mueve sus manos. Pero sobre todo llora, llora mucho. Desde el primer instante en que empieza a hablar.

* Usted nunca ha hablado sobre lo qué pasó, ¿por qué decide hacerlo ahora?

Ya es hora. Ha sido mucho tiempo en silencio, mucho tiempo tras estos muros esperando que realmente se den las cosas donde se tienen que dar. Yo no comparto que sean los medios los que determinen si una persona es culpable o no. Sencillamente estoy aquí, porque es fácil buscar a alguien para que pague un delito. Yo soy inocente, absolutamente inocente.

* ¿Usted no mató a su hijo?

No.

* Entonces, ¿por qué está aquí?

¿Por qué me vi enredada en esta circunstancia tan absurda? Por dónde comienzo… Eso fue el miércoles 10 de junio de 2009. Andrés* tenía seis días. Mis papás se habían ido con mi niña, Mariana* (18 meses en ese entonces) al parque. Me quedé con el bebé y con Orlando, mi esposo. Él tenía una cita médica a las 2:30 p.m, entonces salió tipo 2:15 p.m. y yo me quedé sola con mi hijo. Hice lo que siempre hago, despedir a Orlando, cerrar la reja, dejar la puerta abierta. Fui al segundo piso, entré al baño y cuando abrí la puerta, había tres personas en mi casa (dos hombres y una mujer). Alcancé a ver la mujer que estaba al frente de la puerta del baño y a otra persona que estaba subiendo las escaleras. Ella me nombra, me apunta y yo quedo paralizada. Me dijo que tomara el niño. Cuando bajé al primer piso había una persona que estaba en la mitad de la sala. Bajamos con el otro señor que estaba esperándonos en la escalera. El que estaba en la sala fue el último que salió. Él cerró la puerta y fue el que trancó el candado.

* ¿Qué pasó?

Cuando llegamos al carro era viejo, olía a feo. Pedí que me explicaran qué estaba pasando, temblaba. Ellos solo decían ¡cállese!, ¡cállese! Yo no sabía por dónde iba. Cuando ya llegaron a la estación de buses ahí me volví a ubicar. Ahí fue donde la mujer me quitó al niño y me bajaron.

* ¿Qué hizo?

Lo que hice fue irme detrás del carro. En medio de estar aturdida, pensé que lograba alcanzarlo. Luego ya no lo vi. No sabía qué hacer. Son cuestiones que usted no se para a pensar qué hace. Decidí irme para mi casa y pedir ayuda. Iba corriendo y pensado si se lo llevan es porque quieren algo, entonces van a llamar. Yo pensaba, ‘es un bebé muy chiquitico, no lo van a tener mucho tiempo’.

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