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Viernes 12 de Mayo de 2017 - 11:44 AM

El llanto de los bomberos de Bucaramanga por una vida que saltó al vacío

Sentado en su escritorio, digitando el informe de su turno de 24 horas, el teniente Édgar Ochoa, un curtido bombero con 20 años de experiencia, no pudo contener el llanto y relató lo que él y su equipo vivieron durante el intento de rescate de un joven de 20 años, que el jueves se lanzó del Viaducto Provincial, en Bucaramanga.
Marco Valencia / VANGUARDIA LIBERAL
El llanto de los bomberos de Bucaramanga por una vida que saltó al vació
(Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA LIBERAL)

A las 6:00 p.m., cinco horas después de que todo había ocurrido, el teniente Édgar Ochoa y su equipo de bomberos  de Bucaramanga se trenzaron en un abrazo, mientras lloraban.

Lejos de la mirada de los curiosos, sin la adrenalina de la emergencia y en la intimidad del cuartel de Bomberos, un puñado de los hombres más entrenados y capacitados para enfrentar cualquier tipo de emergencia en Bucaramanga, parecía derrumbarse entre la tristeza y el dolor.

Apelando a su experiencia, el teniente Édgar Ochoa miró a los ojos a sus hombres y aún en medio del llanto levantó su voz.

“Felicité a mi grupo. Los invité a que estuviéramos unidos porque hicimos las cosas bien. Acudimos pronto, pero la decisión no dependía de nosotros sino de la víctima. Les dije que habíamos hecho todo lo posible por salvarlo. Todos lloramos. Nos abrazamos y nos dimos fuerzas entre todos, porque somos un grupo”.

Así, exteriorizando la parte humana, y aferrados a su entrenamiento, los bomberos trataron de salir del trauma emocional en el que quedaron sumidos el pasado jueves, luego de que el joven de 20 años al que intentaban persuadir para que no se quitara la vida, saltó al vacío en el Viaducto Provincial, en Bucaramanga.

Fotografía: Marco Valencia / VANGUARDIA LIBERAL

Pese a que están entrenados para enfrentar este tipo de situaciones extremas, el jueves el equipo del teniente Ochoa tuvo que ser atendido por una psicóloga experta en el tema, para recuperarlos mentalmente.

“La imagen de lo que pasó nos quedó durante todo el día. Afrontar estas situaciones no es tan fácil, pese a que ya hemos estado en casos parecidos. Afortunadamente contamos con el apoyo de la psicóloga e hicimos una terapia de grupo. Debemos estar preparados para enfrentar lo que pase”, contó el teniente Ochoa.

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El llamado

Sobre la 1:54 p.m. del jueves, minutos después de que los bomberos habían terminado de almorzar, a la estación ingresó una llamada que de inmediato los dejó en alerta.

-“Hay un intento de suicido en el Viaducto Provincial, urgente llegar al sitio”-.

“Nosotros recibimos la llamada a la 1:54 p.m. El primer vehículo llegó al lugar de los hechos en un minuto, porque el puente está cerca del Comando de Bomberos. El apoyo llegó dos minutos después. El muchacho estaba cogido de las dos manos en la baranda y balanceaba su cuerpo hacia el vacío. Uno de nuestros hombres se ubicó frente al muchacho y empezó su trabajo de hablar con él”, recordó el teniente Ochoa.

Fotografía: Marco Valencia / VANGUARDIA LIBERAL

En medio del caos que se vivía en el sitio, el teniente Ochoa ubicó a sus hombres y con el apoyo de la Policía empezaron a persuadir al joven para que desistiera de su idea.

“Para estos casos se necesita tener decisión y entender en qué en momento dado usted puede acceder a la víctima para rescatarla. Así ocurrió en los dos intentos de suicidio anteriores, que se pudo sujetar a la persona y evitar su muerte. Son cosas que uno observa y analiza muy rápidamente, no hay tiempo de dudar”, relató el teniente Ochoa.

Cada minuto que transcurría era valioso, por lo que para evitar que los curiosos complicaran la situación, acordonaron el área.

“Un policía y un bombero le empezaron a dar consejos. Él nunca manifestó nada. Había una persona que dijo ser psicólogo y también le hablaba. El joven continuaba en la baranda. Mientras tanto estábamos alistando las cuerdas y los amarres para el rescate, que nunca se pudo hacer”, agregó Ochoa.

Cinco minutos después y ante la mirada de los rescatista, ocurrió el fatal desenlace.

“Se siente frustración. En otras ocasiones hemos salvado personas en esta misma situación. En este caso se nos escapó. Tenemos la tranquilidad de que hicimos todo lo que debíamos hacer. Uno se frustra porque no pudo salvársele la vida, pero también debemos entender que la decisión la tomó él”, señaló el teniente.

Fin del turno

Atendida la emergencia, los rescatistas regresaron al comando. En medio de la frustración, el dolor y el trauma emocional se resguardaron en el silencio.

Luego de la terapia con la psicóloga, las lágrimas y los abrazos, los bomberos volvieron a sus actividades. A las 7:00 a.m. de este viernes terminaron el turno de 24 horas y cada uno regresó a su casa a descansar. Esos hombres este domingo deben estar listos para lo que les depare su oficio.

Fotografía: Julio Alvarado / VANGUARDIA LIBERAL

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