Ximena y Luisa Fernanda están en riesgo de perder su vida. Aunque a Luisa Fernanda nunca la golpeó, su ex compañero la persigue sin descanso. Ximena sobrevivió a un ataque que pretendía acabar con su vida y teme que el agresor quede libre porque está segura de que regresará para asesinarla.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN
Ella les dijo que esa noche, él iba a volver. En las ocasiones en que le había prometido a Ximena que la golpearía si no estaba con él, había cumplido. Temprano en la noche del 10 de junio de 2016, Jaime Humberto Granada le prometió a quien había sido su pareja durante dos años, Ximena Maryuri Romero Hernández, que la mataría. Y a las 3:00 de la madrugada del 11, él regresó para llevar a cabo su plan.
Se trepó por el patio de la casa de Ximena. La encerró en su cuarto. La golpeó 37 veces con un palo. Le dio cinco machetazos. A Ximena le cocieron 80 puntos y 37 grapas en la cabeza, perdió una de sus manos y los golpes le inhabilitaron a la otra. Ella creyó que moriría. Aunque pensó que lo había logrado, Jaime salía y entraba cada cinco minutos al cuarto para asegurarse de que Ximena estaba muerta. Y a Ximena, sí, la vida se le escapaba. Una amiga –con quien estaba en su casa- corrió a buscar a la policía. Su hijo mayor, que presenció el horror por la ranura de la puerta, también fue a buscar a los agentes. La respuesta: no podían dejar solo el CAI. Ximena esperó 20 minutos a que llegaran.

También esa noche, mientras festejaba el cumpleaños de su mamá, Luisa Fernanda vio a su agresor entrar por la puerta del club y sentarse cómodamente en una mesa. Observó como abrazó a su hija y saludó cordial al resto de la familia. Ese hombre fue su pareja durante 7 años en un elegante barrio de una próspera ciudad de Santander. Dos años atrás, ella había decidió dejado todo, incluso la casa que luchó para comprar, para poder huir de sus malos tratos. Cambió de ciudad, de trabajo, de teléfono, de vida. Pero su expareja la localizó y llegó al único espacio que en el que ella se sentía libre para volver a sonreír. Le recordó los gritos, los gestos despectivos, las veces que durmió en el piso y la dejó fuera de la casa. Le recordó que no podía escapar de él.
El pasado 24 de noviembre, el cuerpo de Yolsabet Duran, una médica de 24 años y egresada de la Unab, fue encontrado bajo el piso de la casa de quien, se suponía, era su mejor amigo. Es la décimo quinta mujer víctima de feminicidio en el departamento. Más de mil mujeres, según cifras de la Defensoría del pueblo regional, están en riesgo de ser asesinadas. Sin embargo, y según datos de la Fundacíon Mujer y Futuro, muy pocos de estos asesinatos son tipificados como feminicidios sino como homicidios -como en el caso de Yolsabet-, tal como lo establece la ley 1761 de 2015, conocida como la ley Rosa Elvira Cely.
Ximena pudo haber sido el décimo sexto caso, pero, más fuerte que su verdugo, sobrevivió. Jaime está preso en Barrancabermeja, pero a ella le cuentan que si de algo él se arrepiente, es de no haberla asesinado. Luisa Fernanda también teme. El hombre del que pensó haberse librado para siempre, está aún al acecho.
En las Comisarías de Familia y en la Fiscalía reposan las denuncias que advierten que Ximena y Luisa Fernanda estaban en peligro desde tiempo atrás. Los expertos dicen que la ley que debe protegerlas se queda sólo sobre el papel. Es letra muerta.

El hogar, el infierno
Luisa Fernanda conoció a quien fue su compañero durante 7 años en un un bar. Un hombre atractivo y distinguido, la enamoró porque a diferencia de la mayoría de los hombres en la ciudad donde vivía, él no era mujeriego o bebedor. Ella era una mujer exitosa. Trabajaba duro para tener y darle una vida de calidad a su hija mayor.
“Es el error que cometemos muchas mujeres. Lo vi, me gustó y me quedé con él. Es un hombre muy atractivo. Estaba soltero, sin hijos y trabajador”, cuenta Luisa Fernanda.
Luisa Fernanda quedó embarazada. Él estuvo pendiente, no de ella, pero sí de su estado. Habiendo sido siempre una mujer independiente, no prestó atención a esta extraña distancia. Al nacer la niña, en 2009, Luisa Fernanda quiso –y tenía que hacerlo- volver a trabajar y a estudiar. Pero la convivencia empeoró. Desde el noviazgo él había sido celoso. Ella quiso pasar esto por alto. Pensó que cambiaría.
“Un día llegó de improviso al apartamento. Revisó debajo de la cama, en el closet. A mí me parecía un chiste. Algo ridículo. Como una serie de televisión. En vez de enojarme, me reí. Él parecía también estar jugando”, cuenta Luisa Fernanda.
Pero no era ni remotamente una broma de su entonces pareja. La buscaba en la universidad. Las compañeras de Luisa Fernanda lo apodaron “el escolta”: se quedaba en la puerta del salón esperando a que ella terminara sus clases. “Todo lo que él hizo para mí era muy normal. Yo creía que esas mismas situaciones las vivían todas las mujeres”, dice Luisa Fernanda. Y no está equivocada.
Según cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, Santander ocupa el segundo lugar entre los 32 departamentos del país en las estadísticas de violencia de pareja. Y según la red del programa Cómo vamos, en Bucaramanga, 75 de cada 100 mujeres son víctimas de agresiones en su hogar. De los 15 feminicidios ocurridos en Santander este año, 5 fueron cometidos por sus parejas; 4, por exparejas y 2, por familiares (padre-primo).
Lucía Andrade Manajarrés, abogada de la Fundación Mujer y Futuro, ong que apoya a las mujeres víctimas de violencia, explica que la casa es a la vez el infierno y lugar de horror de mujeres y niñas que sufren agresiones sexuales, físicas, psicológicas, verbales y económicas. La violencia contra la mujer no tiene estrato. Aunque la expareja de Luisa Fernanda nunca la golpeó, ella sí vivió la denigración constante de un hombre que solo compraba comida para él y para su hija. Luisa Fernanda no tenía, en su casa, derecho a nada.
Su mamá, Carmenza, cuenta que su hija era muy alegre, muy humana. “Desde que estuvo al lado de ese hombre, se marchitó”. En los siete años que vivió con él, doña Carmenza solo visitó tres veces la casa. Le dijo a su hija desde el principio: “ese no es”. Luisa Fernanda no podía cerrar la puerta del baño. Ni de su cuarto. No podía siquiera ser dueña de sí misma. Su hija mayor no podía vivir con ella. Y este hombre logró poner a la hija menor en su contra. “Siempre decía que era una mala mujer. Que me la pasaba ‘perreando’. Que no era una buena mamá. Cuando no quería tener relaciones con él, empezaba a empujarme para que me bajara de la cama a dormir en el piso”, dice Luisa Fernanda.
En 2015, 568 mujeres fueron víctimas de violencia sexual en Bucaramanga. Además de todo tipo de ultrajes, Ximena Maryuri Romero Hernández cuenta que fue abusada sexualmente por Jaime Humberto Granada durante los dos años que soportó hasta encontrar el valor de dejarlo. Le instauró 11 denuncias en la comisaría de familia y dos en la Fiscalía.
Ximena conoció a Jaime en barrio Centro, de Puerto Parra, donde vivía. Ella quiso ir despacio. Tiene 3 hijos de 10, 7 y 4 años. Luego de dos meses de salir, Jaime la golpeó. Entonces, comenzó el infierno para Ximena y no finalizó siquiera luego de que este hombre la pusiera al borde de la muerte. Ninguno de los funcionarios que atendió el caso de Ximena consideró que sería de tal gravedad. La noche antes del ataque y al ver que Jaime estaba decidido a matarla esta vez, una amiga de Ximena localizó a los agentes de policía. Los habitantes del barrio lo sabían: él era peligroso. La acompañaron hasta su casa. “Él va a volver. Me va a matar”, les dijo Ximena. “Enciérrese en su casa, mona. Aquí está segura. Él no le va a hacer nada”.

Del papel a la realidad
Lucía Andrade Manjarrés, abogada de la Fundación Mujer y Futuro, ong que atiende el caso de Ximena, explica que “hay una brecha entre lo que establece la ley 1257 de 2008, conocida como la ley ‘Rosa Elvira Cely’, y lo que realmente están haciendo las instituciones. Existe una falta de capacitación de los funcionarios, la falta de presupuesto y de entendimiento de todo lo que viene detrás de la violencia de género”, explica Andrade.
La ley 1257 establece que se aplicará para los casos de mujeres que hayan sido asesinadas por el hecho de ser mujeres y el agresor puede ser cualquier persona que cometa este delito. Las penas son de hasta 41 años de cárcel.
Ana Patricia Pabón Mantilla, abogada de la clínica jurídica de Derechos Humanos e interés público y coordinadora de la Línea de Género y Derecho de la Unab, señala que “tenemos varias regulaciones para prevención y atención a casos de violencias contra las mujeres, pero esos instrumentos jurídicos no son suficientes. Las instituciones no cuentan con la infraestructura necesaria ni el personal capacitado y sensible. Así es que se fragua una violencia institucional que termina desestimulando a las mujeres que van a denunciar y que termina favoreciendo a los agresores por la dilación en los términos, así como la ineficacia de los procedimientos”.
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Las dos expertas coinciden, sin embargo, en su preocupación porque la violencia está estructurada en la sociedad. “La sociedad ve como normales comportamientos que no lo son, como el chiste, el piropo y la expresión despectiva. Parece que estuviéramos habituados a la violencia y por eso es que hay que fortalecer el enfoque de género en la infancia”, explica Pabón Mantilla.
“Es importante reconocer la violencia. Si las mujeres podemos salir de ese ciclo de violencia de pareja al entender que no se puede cambiar al agresor, entonces se puede hacer una denuncia ante la Comisaría de Familia o la Fiscalía. La primera otorga las medidas de protección y se puede pedir el apoyo a la Defensoría del Pueblo y del Icbf si hay niños de por medio”, comenta la abogada Lucía Andrade Manjarrés.
Por su parte, voceros de la Defensoría del Pueblo Nacional explicaron que a través de la Defensoría Regional se hace seguimiento a la ley ‘Rosa Elvira Cely’, donde se estableció el feminicidio como delito autónomo y los derechos de las mujeres para prevenir los feminicidios. “Estamos vigilando que realmente se implementen todas las acciones de prevención. Estamos implementando una dupla de género, que es una abogada y una profesional en Ciencias Sociales, que acompañan los casos. Pero en Santander aún no nos autorizan aún estas vacantes. Hemos acompañado en este departamento más de 2 mil 500 casos de violencias basadas en el género”, señaló la Defensoría.
Así mismo, Isabel Ortíz, asesora de la Alcaldía en temas de mujer y género señala que “hay todo un enfoque hacia la población masculina para que ejerzan desprecio y dominación hacia las mujeres. A nivel global, pareciera que esos mensajes de poder se estuvieran imponiendo en el mundo”. Como parte de los programas que la administración local está realizando, Ortíz indicó que “se debe trabajar con las comisarías de familia, con los funcionarios públicos mostrándoles su deber de respaldar a las víctimas y hacer seguimiento. También un trabajo hacia las mujeres para que no generen relaciones emocionales con personas con comportamientos agresivos y desde ahí estamos trabajando en el Centro Integral”.
Ximena tiene 26 años. Perdió sus manos y su situación es precaria. Recibe el apoyo de la Fundación Mujer y Futuro, pero no sabe cómo podrá mantener a sus hijos. La Fiscalía indicó a Vanguardia Liberal que Jaime fue imputado por el delito de feminicidio agravado en grado de tentativa. Pero él no se allanó a los cargos. Como creyente en Dios, Ximena dice que en su corazón perdona, pero solicita que no le den casa por cárcel a Jaime, que no lo dejen libre. Dice que estarían firmando su sentencia de muerte.















