El hallazgo científico en Argentina reveló que esta infección no solo llega por roedores. Conozca los riesgos de la transmisión directa en el brote actual

Publicado por: Redacción Vanguardia
A bordo del crucero MV Hondius, la calma del mar se ha visto interrumpida por una alerta sanitaria que hoy pone en vilo a las autoridades internacionales. Tras reportarse el fallecimiento de tres personas y varios casos en cuidados intensivos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que el responsable es el virus de los Andes (ANDV). Aunque el nombre pueda sonar lejano para algunos, esta cepa tiene una particularidad que la diferencia de cualquier otra en su familia y que obliga a mirar con lupa lo que sucede en el sur del continente.
El misterio de la transmisión entre humanos
A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los hantavirus conocidos en el mundo, el virus de los Andes posee una capacidad que desconcertó a la ciencia hace tres décadas: puede saltar de una persona a otra. Este hallazgo cambió las reglas del juego en 1996, cuando un brote en El Bolsón, Argentina, reveló que no era necesario haber tenido contacto con roedores para enfermarse.
Investigaciones posteriores, especialmente tras un agresivo brote en Chubut entre 2018 y 2019, demostraron que el contacto estrecho y prolongado con fluidos corporales de alguien infectado es suficiente para iniciar una cadena de contagios. En aquel entonces, la aparición de “supercontagiadores” en eventos sociales obligó a implementar aislamientos estrictos, similares a los que el mundo conocería años después por otras pandemias, logrando frenar la expansión de una variante que hoy muestra una letalidad preocupante, superando el 30 % en lo que va del año.

Un riesgo que viaja oculto en la naturaleza
El origen de este problema no está en los barcos, sino en un pequeño habitante de los campos y bosques del Cono Sur: el ratón colilargo. Este roedor es el reservorio natural del virus y, aunque él no enferma, lo elimina a través de su saliva, orina y heces. El peligro para nosotros surge cuando estos desechos se secan y se convierten en partículas que flotan en el aire, especialmente en lugares cerrados o con poca ventilación, como galpones o cabañas que han estado deshabitadas.
Expertos señalan que existen diferencias marcadas entre los virus de este tipo que circulan en Europa y Asia frente a los de las Américas. Mientras que en el Viejo Mundo la enfermedad suele afectar principalmente los riñones, en nuestra región el impacto se concentra en los pulmones, provocando cuadros respiratorios que pueden agravarse con rapidez. Entender estas diferencias genéticas es lo que hoy permite a los médicos en Sudáfrica y Argentina tratar de contener un brote que, una vez más, nos recuerda la estrecha relación entre la salud humana y el entorno silvestre.

Respuestas a sus inquietudes:
- ¿Cómo se transmite la enfermedad de roedores a personas? La forma más común es a través de la inhalación de aerosoles. Cuando las heces, la orina o la saliva de un roedor infectado se secan, las partículas virales pueden quedar suspendidas en el aire. Al barrer o entrar en contacto con estos espacios mal ventilados, la persona respira el virus. También puede ocurrir por mordeduras o contacto directo con las mucosas.
- ¿Cómo se contagia el hantavirus entre personas? Específicamente en la cepa de los Andes, el contagio ocurre por contacto estrecho y prolongado. Se produce a través del intercambio de fluidos corporales o secreciones, generalmente entre convivientes, parejas o personas que brindan cuidados médicos a un enfermo sin la protección adecuada.
- ¿Cuáles son los síntomas del hantavirus y qué puede provocar? Inicia con fiebre, dolores musculares y fatiga. Sin embargo, en las variantes americanas, evoluciona rápidamente a un Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH). Esto provoca una dificultad respiratoria severa, fallas cardiorrespiratorias y, en muchos casos, la acumulación de líquido en los pulmones, lo que requiere cuidados intensivos.
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- ¿El hantavirus es más mortal que el COVID-19? Sí, significativamente más mortal. Mientras que la tasa de letalidad del COVID-19 (dependiendo de la variante y la vacunación) suele estar por debajo del 1-2 %, el hantavirus de los Andes presenta tasas de mortalidad que oscilan entre el 30 % y el 40 %. La diferencia es que el hantavirus no tiene la misma capacidad de propagación masiva y global que tuvo el COVID-19.














