El gas sarín, que Estados Unidos fue el químico que usó el régimen sirio contra una ciudad rebelde esta semana, dejando al menos 86 muertos, es una potente sustancia neurotóxica, inodora e invisible, descubierta en Alemania en 1938.

Publicado por: AFP
Aunque no sea inhalado, el simple contacto con la piel de este gas organofosforado bloquea la transmisión del influjo nervioso y conduce a la muerte por paro cardiorespiratorio.
La dosis letal para un adulto es de medio miligramo.
Las víctimas se quejan primero de violentos dolores de cabeza y presentan pupilas dilatadas. Luego sufren convulsiones, paros respiratorios y caen en coma, antes de fallecer.
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Las imágenes de Jan Sheijun, una pequeña ciudad de la provincia rebelde de Idlib (noroeste de Siria), mostrando a personas agonizando, buscando desesperadamente la forma de respirar y expulsando espuma por la boca, impactaron al mundo.
El sarín puede ser utilizado en aerosol, pero también puede servir para envenenar el agua y los alimentos, según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) en la ciudad de Atlanta.
La ropa que haya estado en contacto con vapores de sarín de forma continua puede contaminar a otras personas hasta media hora después de la exposición, señala el CDC, según el cual existen antídotos.
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La fabricación de esta sustancia es un proceso complejo que requiere conocimientos avanzados en química. Pero químicos alemanes de la firma IG Farben lo descubrieron en 1938 por casualidad mientras trabajaban sobre nuevos pesticidas.
Fue usada como arma química durante el conflicto Irán-Irak en la década de 1980 y por la secta “Verdad Suprema” en un atentado perpetrado el 20 de marzo de 1995 en el metro de Tokio.
El régimen sirio ya usó varias veces el gas sarín desde que comenzó la guerra civil en marzo de 2011. El 21 de agosto de 2013, un ataque con este componente mató a 1.429 personas, entre ellas 426 niños, según los servicios de inteligencia estadounidenses.
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Las armas químicas solo deben quedarse en el cine
Las armas químicas, esas que se condenan desde la Convención de La Haya en 1899 y las que la ONU exigió eliminar en 1997 con la Convención sobre Armas Químicas, siguen haciendo daño.
Una acción reprochable que el cine ha retratado en varias películas donde dichas armas son el tema principal o hacen parte de la trama, y en la que protagonistas y antagonistas deben luchar por no morir afectados por sustancias extrañas.
Si se habla de armas químicas, es también necesario hablar de las biológicas, aquellas que en vez de compuestos químicos usan bacterias o virus, como el llamado Antrax.
[Video: https://www.youtube.com/watch?v=tSQonjDo9Jk]
Por ejemplo, en la sexta película de James Bond: Al servicio de su majestad (1969), un grupo terrorista amenaza a la ONU con expandir un virus que mata a plantas y animales si no responden al pago de sus exigencias.
El argumento de '12 Monos', por ejemplo, está basado en la película francesa La Jetée de 1962 y relata la vida del recluso James Cole (Bruce Willis), quien se ofrece como voluntario en el año 2035 para viajar en el tiempo y encontrar la cura contra un virus que, al parecer, fue usado como arma biológica por el grupo terrorista 12 Monos para acabar con la mayoría de la humanidad, lo que obligó a los sobrevivientes a vivir bajo tierra.
En otras ocasiones los filmes serie B son los que han aprovechado el temor y la “popularidad” de armas químicas y biológicas para llamar al público a las salas de cine, como lo intentaron cintas del estilo de The satan bug (1965) o The Crazies (1973), en las que son las causantes de la muerte de miles o transforman a la gente en asesinos sin razón.
“Al parecer a Hollywood le incomoda tratar el tema de manera seria”, explica Paula Chaparro, crítica de cine.
El cine, como otras artes, intenta aprovechar la realidad para contar historias. Ojalá se queden en la ficción.















