Miércoles 14 de Marzo de 2018 - 09:12 AM

Stephen Hawking, una mente veloz encerrada en un cuerpo inmóvil

El físico británico Stephen Hawking, fallecido este martes a los 76 años, contribuyó a arrojar luz al enigma de los agujeros negros y fue uno de los divulgadores científicos más célebres del último siglo a pesar de una parálisis progresiva que le marcó desde la juventud.
EFE/ VANGUARDIA LIBERAL
Stephen Hawking, una mente veloz encerrada en un cuerpo inmóvil
(Foto: EFE/ VANGUARDIA LIBERAL)

Los médicos le dieron dos años de vida cuando tenía 21 por una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que minó su capacidad para moverse y comunicarse, pero Hawking superó ese límite, como la mayoría de los que se le presentaron.

Ocupó durante tres décadas (1979-2009) la cátedra Lucasiana de Matemáticas en Cambridge, la misma que Isaac Newton, hizo contribuciones fundamentales para la cosmología moderna y supo además trasladarlas al lenguaje popular en libros como "Una breve historia del tiempo", del que se han vendido más de diez millones de copias.

Hawking, que se casó dos veces y tuvo tres hijos, se refugió en la física teórica para escapar de un cuerpo que le resultaba una cárcel y, once años después del dictamen que le auguraba una muerte casi inminente, postuló una predicción científica que resultó más exacta que la de sus doctores: la existencia de la llamada radiación de Hawking.

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El cosmólogo supo relacionar las ecuaciones de la relatividad de Einstein con la mecánica cuántica para identificar las únicas partículas que pueden escapar del horizonte de sucesos de un agujero negro, una frontera que ni siquiera la luz puede cruzar y que hasta entonces se consideraba infranqueable.

Su hallazgo facilitó la detección de agujeros negros y propició, entre otros, el descubrimiento de que en el centro de nuestra galaxia se oculta uno de ellos (Sagitario A).

Hawking nació en Oxford el 8 de enero de 1942 -el día del 300 aniversario de la muerte de Galileo, como le gustaba subrayar-. Sus padres se habían refugiado en esa localidad inglesa para proteger a su descendencia de los bombardeos de la Luftwaffe alemana sobre Londres.

Los Hawking -Frank, médico, e Isobel, licenciada en filosofía, política y economía- eran un matrimonio económicamente modesto pero preocupado por ofrecer la mejor educación posible a Stephen y sus tres hermanos, Philippa, Mary y Edward.

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Stephen no sobresalió en el colegio -"Mi promoción fue francamente inteligente", se excusó con ironía en alguna ocasión-, y lo hizo de un modo peculiar en Oxford, donde llamó la atención de sus profesores por su facilidad para las matemáticas, pero no se preocupó por mantener un expediente brillante.

Nadie recuerda al Stephen Hawking de entonces como un estudiante gris, encerrado en sus libros, sino como un joven amante de las discusiones, algo presuntuoso, que marcaba el ritmo como timonel en la embarcación de remo de su residencia universitaria.

Debido a sus notas, pasó apuros para que le admitieran como doctorando en Cambridge, donde se sumergió en la cosmología, un campo todavía especulativo en los años 60 que algunos consideraban una pseudociencia.

Muchos le aconsejaron que siguiera un camino menos oscuro pero, como en la mayoría de ocasiones en su vida, no se detuvo a considerar las dificultades y optó por una senda poco transitada con la convicción, compartida entonces por unos pocos, de que las matemáticas podían ayudar a esclarecer el origen del universo.

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Cuando en 1963 le dieron dos años de vida, se encerró durante semanas en su habitación universitaria para emborracharse y escuchar a Wagner a todo volumen, hasta que decidió que, mientras la muerte no llegara, se dedicaría a avanzar en sus investigaciones.

Encontró un apoyo crucial en la joven Jane Wilde, a quien había conocido poco antes y con quien se casó en 1965, dos años antes de que naciera su primer hijo, Robert, al que seguirían Lucy (1969) y Timothy (1979).

Cuando se convirtió en profesor Lucasiano, a los 37 años, su lucidez seguía intacta, pero ya no podía andar, escribir, ni alimentarse por sí mismo, y su habla era poco articulada, casi ininteligible excepto para su círculo más cercano.

En 1985 perdió el habla por completo tras una traqueotomía y comenzó a comunicarse con un sintetizador de voz que le facilitó la redacción de "Una breve historia del tiempo", el libro que le lanzó a la fama en 1988.

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Su celebridad, así como la cantidad de cuidados médicos que requería, acabaron de deteriorar su relación con Jane, de quien se divorció en 1991 para casarse cuatro años después con Elaine Mason, su enfermera desde 1985, de la que también se divorció en 2006.

A partir del año 2000, Hawking incrementó su dedicación a los libros de divulgación popular y publicó obras como "El universo en una cáscara de nuez" (2001) y "El gran diseño" (2010).

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