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Lunes 11 de mayo de 2026 - 01:00 AM

¿Votar para llegar o para ganar?

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En esta elección, el debate principal no está en lo programático. Está en algo más profundo: el modelo de Estado.

Entre Iván Cepeda y candidaturas como Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella hay más que diferencias programáticas. Hay una diferencia en el modelo de Estado… y sus límites del poder.

La Constitución del 91 no es un detalle técnico ni circunstancial. Es la base que consolidó la estabilidad institucional, separación de poderes y reglas claras para la inversión y el crecimiento. Abrir la puerta a cambiar esas reglas —incluso de forma parcial o condicionada— no es irrelevante: introduce incertidumbre jurídica, afecta la confianza y termina impactando empleo, inversión y sostenibilidad fiscal.

En el caso de Cepeda, su propuesta política se mueve en la continuidad de transformaciones profundas al modelo de Estado: mayor intervención del Estado, reformas estructurales en salud y pensiones, transición económica abrupta y apertura a ajustes institucionales mediante acuerdos políticos amplios. De hecho, ha planteado que una eventual REFORMA CONSTITUCIONAL podría darse si surge de un acuerdo nacional .

El problema no es solo la intención. Es el riesgo implícito: cuando las reglas dejan de ser estables, la economía deja de ser predecible.

Del otro lado, PALOMA Y ABELARDO comparten una línea distinta: OPERAR DENTRO DEL MARCO INSTITUCIONAL VIGENTE. No proponen rediseñar la Constitución ni alterar la arquitectura del poder. Su apuesta es fortalecer el Estado en sus funciones esenciales, no expandirlo estructuralmente.

En lo programático, la diferencia también es clara. Cepeda prioriza redistribución, mayor gasto, menor inversión y cambios en el modelo económico hacia una menor dependencia extractiva. Paloma y Abelardo coinciden en un enfoque promercado: inversión privada, disciplina fiscal, seguridad y aprovechamiento del sector energético.

Ahora bien, si se elimina la discusión sobre el modelo de Estado, la comparación entre Paloma y Abelardo cambia.

No hay diferencia estructural real. Ambos defienden la institucionalidad. La diferencia está en la forma de su ejecución.

Paloma propone desde la arquitectura: diseño técnico, herramientas institucionales y capacidad de construir mayorías. Abelardo propone desde la contundencia: liderazgo, velocidad y choque. Es el mismo camino, pero recorrido distinto.

Y ahí aparece el punto decisivo: el estratégico.

Las encuestas muestran una tensión: Abelardo puede tener más fuerza para pasar a segunda vuelta. Pero Paloma tiene una ventaja estratégica: mayor capacidad de representar el centro político en el escenario definitivo.

Y ese centro —silencioso pero decisivo— es el que define elecciones.

Por eso, el dilema es claro: no se trata solo de quién llega. Se trata de quién puede construir y representar mayorías.

En mi caso, mi apuesta es por la institucionalidad, las reglas estables, las herramientas vigentes y la representación de mayorías.

Y, sobre todo, ganar.

Por eso, mi voto es por PALOMA.

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