Hay una frase atribuida a Napoleón Bonaparte que dice (más o menos): “Cuando veas que tus enemigos están peleando, no los interrumpas”.
Iván Cepeda seguramente la conoce. Y probablemente hoy la contemple con satisfacción.
Mientras las campañas de Paloma Valencia y Abelardo De La Espriella se enfrentan cada vez con más agresividad, Cepeda observa cómo sus principales contradictores hacen exactamente lo que más le conviene: dividir el voto de oposición y sembrar animadversión entre sectores que inevitablemente tendrían que unirse en segunda vuelta para evitar que el comunismo se perpetúe en el poder.
El odio que se ha generado entre ambas campañas puede terminar eligiendo presidente a Iván Cepeda.
Ese es el verdadero peligro.
Porque, más allá de las diferencias legítimas entre ambos liderazgos, lo que se está construyendo es un nivel de resentimiento político que podría impedir una transferencia natural de apoyos en segunda vuelta.

Abelardo De La Espriella ha insistido en el discurso de que Colombia no debe ser gobernada por “los de siempre”, sino por “los de nunca”. Una frase efectista, útil para las redes sociales, pero equivocada políticamente. No solo porque desconoce que millones de colombianos valoran la experiencia institucional, sino porque termina alejando votantes de Paloma Valencia que serían fundamentales para derrotar a Cepeda.
Pero del otro lado tampoco ayudan. La frase de Paloma afirmando que “no le cargaría la maleta” a Abelardo —aunque estoy seguro de que no quiso transmitir lo que muchos entendieron— dejó instalada una percepción peligrosa: que, si ella no pasa a segunda vuelta, su apoyo no sería total ni decidido.
Y en política, las percepciones importan.
Las campañas no solo movilizan votos; también generan afectos y rechazos. Cuando durante meses se alimenta la hostilidad entre dos sectores, luego no basta una foto conjunta para convencer a las bases de votar unidas.
Ese ambiente beneficia exclusivamente a Iván Cepeda.
Mientras la oposición desperdicia tiempo peleando entre sí, Cepeda mantiene el foco en su campaña, fortalece sus alianzas y deja que sus adversarios destruyan la posibilidad de una coalición sólida en su contra.
Y, como claramente lo indican las encuestas, si quien enfrenta a Cepeda en segunda vuelta es Abelardo y no Paloma, la probabilidad de que Cepeda gane aumenta considerablemente. No necesariamente por falta de capacidad de Abelardo, sino por el nivel de resistencia que genera en sectores moderados del electorado.
La oposición todavía puede ganar. Pero necesita entender algo elemental: esta elección debe dejar de ser una competencia de egos.
Lo que está en juego es la democracia, la libertad y el Estado de Derecho.
Sería una tragedia que Colombia termine entregándole el poder a Iván Cepeda simplemente porque sus adversarios no fueron capaces de controlar su rabia.











