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Martes 02 de junio de 2026 - 01:00 AM

Santurbán (4): La guerra de verdades

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En Santurbán ya no se disputa únicamente el territorio ni los derechos. Se disputa la verdad, algo más difícil de reconciliar. Tras una historia en la que la deshumanización, las lecturas homogéneas y el olvido histórico fueron deshilando la relación entre la montaña y la ciudad —sembrando desconfianza, congelando la institucionalidad y vaciando el sentido del diálogo—, las voces no se acercan: se endurecen, como quien aprende a defender su versión del mundo antes de volver a escuchar.

El reciente estudio del Servicio Geológico Colombiano no cerró el conflicto; lo elevó. Confirmó que el sistema hídrico es interdependiente, que el agua no reconoce límites administrativos y que las intervenciones subterráneas no se contienen en un punto.

Lejos de generar consenso, la evidencia profundizó el conflicto: los mismos datos produjeron lecturas opuestas y la ciencia se volvió disputa.

Los colectivos urbanos refuerzan su advertencia: no existe minería local en un sistema que es regional por naturaleza. Los sectores mineros, en cambio, insisten en que la presencia de agua en túneles no prueba, por sí misma, un daño irreversible. La verdad se fragmentó, creando un nuevo umbral del conflicto.

La Corte Constitucional, cuando conozca este escenario, no resolverá el conflicto social. Su papel será otro: fijar estándares sobre el riesgo, la incertidumbre y el alcance del principio de precaución. No cerrará Santurbán; lo reordenará jurídicamente. Pero el conflicto seguirá ocurriendo en un plano distinto: el de la credibilidad.

Surge otra tensión: la academia ya no es vista como neutral. Para unos, sus estudios legitiman la protección ambiental; para otros, reflejan una mirada distante que no interpreta la realidad del territorio. La discusión deja de ser qué dice el estudio y pasa a ser quién respalda esa verdad.

Se instala así una fractura más profunda: expertos vs. territorio. El experto habla en modelos, isotopía y flujos subterráneos; el habitante, en nacimientos de agua, comportamiento del suelo y memoria de la montaña. Ambos describen el mismo espacio, pero no desde el mismo lenguaje. El conflicto no surge porque uno tenga la razón y el otro se equivoque, sino porque sus formas de conocimiento no se reconocen mutuamente como legítimas.

En este punto, Santurbán entra en una fase más compleja. Nunca ha habido tanta información, pero rara vez ha existido tan poca confianza en ella. Cuando la verdad se convierte en identidad, el diálogo deja de buscar comprensión y pasa a reafirmar posiciones.

Salir de este umbral exige recuperar el Triángulo Ético VRC: verdad que incluya todas las voces, respeto que suspenda la descalificación y coherencia institucional que haga creíbles las decisiones.

Porque en Santurbán ya no basta con tener la razón, hay que construir un lugar donde la razón del otro pueda existir sin ser expulsada.

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