Fueron absolutamente sorprendentes los resultados de los pasados comicios presidenciales del pasado 31 de mayo.
Ninguna proyección con sustento estadístico serio los preveía. Al menos no se los esperaban el candidato Iván Cepeda y sus huestes, quienes genuinamente creían que se alzarían como ganadores en primera vuelta o, en su defecto, pasarían a segunda vuelta con una amplia ventaja sobre Abelardo De La Espriella.
Sin embargo, a la luz de los resultados, es evidente que un número muy importante de simpatizantes de la dupla Paloma-Oviedo migró en las semanas anteriores a las elecciones hacia las toldas de Abelardo. De ninguna otra forma pudiera haberse dado ese increíble resultado en el que Abelardo venció a sus contrincantes con el 43,74 % de la votación, frente al 40,9 % de Cepeda y tan solo el 6,92 % de Paloma.
Ahora, de cara a la segunda vuelta, usted, querido(a) lector(a), tiene 4 opciones: a) votar por Abelardo, b) votar por Cepeda, c) votar en blanco o d) no votar.
Pero con respeto le digo que si usted es un(a) colombiano(a) que defiende las libertades, la democracia, la institucionalidad, el Estado de Derecho, la economía de mercado y la propiedad privada, entonces no tiene opción distinta que votar por Abelardo, ya sea por gusto o por descarte. Lo anterior debido a que votar en blanco o no votar, matemáticamente, aumenta la probabilidad de que Cepeda pueda ser elegido Presidente.
Y es que votar por Cepeda —o no hacer lo necesario para evitar su victoria— es hacerle un guiño al comunismo, al totalitarismo destructor de las libertades y a la complacencia con los grupos terroristas. La historia de Cepeda y de su familia así lo demuestra. Pero si eso no fuese suficiente argumento para usted, lo invito a revisar los actos y acciones de Cepeda y Petro (su jefe político) desde el 31 de mayo: ese día, en caliente, decidieron no aceptar los resultados de las elecciones y hablaron de fraude; han dicho, con distintos tonos y matices, que no entregarán el poder por las buenas y que promoverán nuevos “estallidos sociales” de perder las elecciones; en un acto de marrulla electoral, anunciaron que “suspenderían” las gestiones para adelantar una Asamblea Constituyente, pero posteriormente Petro, salido de sus cabales en Montería, confesó que retomarían la iniciativa después de elecciones; recibieron el apoyo explícito de las FARC en cabeza de ‘Timochenko’; promovieron el absurdo fallo que prohibía a Abelardo y a sus seguidores el uso de la camiseta de la Selección y de slogans como “firmes por la Patria”; y, en los últimos días, intentaron un ridículo y chambón ‘auto-golpe’ de Estado a través de la suspensión que la Representante Gloria Arizabaleta pretendió hacer de las funciones de Petro como Presidente.
Así es que, querido(a) compatriota: si usted es un(a) demócrata, no se confíe de la ventaja que ha ido tomando Abelardo en los últimos días y únase a la votación masiva del próximo domingo 21 de junio para rematar la faena.











