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Columnistas
Martes 23 de junio de 2026 - 01:00 AM

La democracia se pone a prueba después de elecciones

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Está reflexión fue escrita antes de conocerse el desenlace de las elecciones de la segunda vuelta presidencial con el objetivo de evitar el sesgo por la victoria de alguno de los candidatos. Más allá del resultado, el mayor riesgo que enfrentará Colombia en el futuro próximo es que la polarización termine deteriorando nuestra sociedad y sus instituciones republicanas.

La reciente campaña electoral dejó muchas preocupaciones. La saturación de información en las redes sociales, la simplificación de los problemas públicos y la confrontación llevada a lo personal, sustituyeron el debate de ideas y propuestas, desplazando en muchos casos las discusiones de fondo que requiere el ciudadano para decidir su voto. En política, la emoción se impone cada vez más sobre la razón, favoreciendo a los extremos.

Este fenómeno trasciende lo electoral. Necesitamos recuperar la capacidad de escuchar y disentir. Tanto líderes políticos como ciudadanos están llamados a reconocer la legitimidad del otro, incluso cuando sus posiciones resulten profundamente distintas. La democracia no se construye sobre la eliminación del adversario, sino sobre las diferencias que encuentran en las instituciones el escenario para resolverse pacíficamente.

El miedo que experimentan amplios sectores de la sociedad es comprensible en momentos de alta polarización. La historia demuestra que el pensamiento único y la anulación del contradictor son rasgos propios de los regímenes autoritarios. Las sociedades libres prosperan cuando los individuos intercambian bienes e ideas, fomentando la cooperación pacífica. Por el contrario, la guerra y la pobreza suelen ser el costo de resolver los conflictos de manera irracional.

La democracia no se limita al ejercicio del derecho al voto, su verdadera fortaleza radica en la existencia de límites al poder mediante sistemas institucionales y ciudadanos de pesos y contrapesos. La regla de las mayorías debe coexistir con instituciones como la separación de poderes, los organismos de control y los medios de comunicación, con el objetivo de preservar el equilibrio democrático.

La coyuntura exige responsabilidad por parte de todos los actores políticos si queremos evitar una posible escalada de violencia en un país históricamente fragmentado y proclive a resolver sus diferencias desde el miedo. Quien gobierna debe comprender que representa a toda la Nación y no únicamente a quienes respaldaron su candidatura. Quien ejerza la oposición debe hacerlo con rigor, argumentos y respeto por las reglas democráticas, reconociendo de manera pacífica el resultado de las votaciones.

Independientemente de quién haya ganado, la verdadera prueba democrática comienza después de las elecciones. Si bien pasa por lo institucional, empieza por reconciliarnos con familiares y amigos con quienes rompimos por diferencias políticas, priorizando las relaciones humanas sobre la confrontación. Que este sea el momento de construir un país donde las diferencias no sean una amenaza, sino una oportunidad.

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