Durante décadas, Santander fue reconocido como la cuna de la industria petrolera colombiana. Aquí nació una actividad que transformó la economía nacional, impulsó el desarrollo de Barrancabermeja y convirtió al departamento en un referente energético del país. Sin embargo, el mayor error que podríamos cometer sería creer que el futuro de Santander depende únicamente de lo que aún permanece bajo el suelo. La verdadera riqueza del siglo XXI no será solo el petróleo, el gas o el hidrógeno: será el talento humano capaz de gestionar inteligentemente todas las formas de energía.
Esa es precisamente una de las grandes apuestas de la Visión Santander 2050, la hoja de ruta construida colectivamente para orientar el desarrollo del departamento durante los próximos veinticinco años. La primera de sus nueve misiones propone aprovechar el enorme potencial energético del territorio para consolidarlo como un referente nacional de la transición energética. Pero esa aspiración no será posible sin otra de las misiones que dialoga directamente con la primera: convertir a Santander en un destino para la formación de talento de clase mundial.
No basta con tener recursos naturales. Los territorios que liderarán la economía del conocimiento serán aquellos capaces de atraer estudiantes, investigadores, emprendedores y empresas que encuentren en las universidades un ecosistema para innovar. Santander tiene todas las condiciones para convertirse en un referente latinoamericano en formación especializada en energía, sostenibilidad, ciencia y tecnología.

Por eso resulta especialmente alentador el anuncio del nuevo diplomado desarrollado por SACS Group en alianza con la Universidad Industrial de Santander. Más que un programa académico, representa una señal de hacia dónde debería dirigirse nuestra oferta educativa. Hoy las organizaciones necesitan profesionales capaces de integrar la gestión del carbono, la seguridad hídrica, la economía circular, la digitalización, el Internet de las Cosas y la inteligencia artificial en la toma de decisiones estratégicas. Formar ese talento será mucho más determinante que seguir discutiendo únicamente sobre las fuentes de energía.
Santander cuenta con universidades de enorme prestigio, centros de investigación consolidados, una tradición industrial centenaria y una ubicación estratégica para liderar esta conversación en América Latina. Lo que hace falta es que esa fortaleza se convierta en una verdadera estrategia territorial para atraer estudiantes colombianos y extranjeros que encuentren aquí un lugar donde formarse con capacidades globales.
Si la Visión Santander 2050 plantea que nuestro departamento debe convertirse en un hub energético para Colombia, también debe aspirar a ser el lugar donde se forme el talento que hará posible esa transformación. Porque el recurso más estratégico que tendrá Santander hacia mediados de este siglo no estará bajo la tierra. Estará en las aulas, en los laboratorios y en las ideas de miles de jóvenes que decidirán construir aquí el futuro energético de la región y del país.











