Un día sin carro no pretende que no usemos el carro un día, pretende medir o proyectar qué pasa si no lo usamos ordinariamente y cómo la ciudad podría cambiar si más personas tomamos la decisión de modificar la forma de movernos. En condiciones normales, la experiencia debería ser bienvenida: invitaría a usar el transporte público o algún medio alternativo sostenible, evaluar la dependencia del vehículo particular, discutir sobre cómo nuestras decisiones de transporte afectan el espacio urbano, la convivencia, el ruido, la contaminación, en fin, debería ser un laboratorio ciudadano y no solo una restricción.
Obviamente, esta semana nuestra área metropolitana no vivió un día sin carro en condiciones normales. En primer lugar, fue extraño el horario. ¿Un día sin carro que no incluye el intervalo de mayor movilización? Empezar a las 9 a.m. y terminar a las 4 p.m. no parece responder a la dinámica de la ciudad que antes de las 9 y después de la 4 enfrenta la mayor congestión vehicular. Si la mayoría de los vehículos particulares no asumieron restricción, el mensaje no llegó a la mayor audiencia y el objetivo principal no se cumplió.
En segundo lugar, es sorprendente que alguien pretenda que los ciudadanos que poseen automóviles o motos disfruten la experiencia de usar el sistema de transporte público cuando este no existe más allá de los buses convencionales, bastante deteriorados y poco atractivos. La decisión de dejar el carro para usar un sistema que ofrezca comodidad, cobertura, agilidad y menor costo, tampoco fue una opción.

En tercer lugar, aunque algunos medios de comunicación informaron que CDMB reportó reducción de material particulado en 4 estaciones de monitoreo de calidad del aire, no hay un análisis oficial ni conclusiones que motiven la conversación sobre movilidad sostenible. En cuanto a transporte, igual se menciona un aumento de pasajes en bus y cerca de 200 infractores, pero no se ha publicado informe de rutas más utilizadas o conclusiones para fortalecer el servicio. Por el contrario, el gremio que asocia a los comerciantes generó datos que reflejan pérdidas económicas para sus afiliados y ratifican el malestar frente a la jornada.
Entonces, surgen preguntas obvias: ¿una jornada de este tipo genera la reflexión necesaria para motivar comportamientos ciudadanos positivos hacia la movilidad sostenible o simplemente es el cumplimiento de una norma que no responde a ningún propósito concreto? En esta última opción ¿Qué podemos hacer para evitar que el esfuerzo sea en vano? ¿Alguien está diseñando estrategias para detener el crecimiento exagerado del parque automotor y sus efectos colaterales? Es claro que no podemos continuar exentos de un sistema de transporte sostenible ¿Qué falta para hacer los nuevos estudios y tomar decisiones?











