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Editorial
Lunes 12 de septiembre de 2011 - 05:42 PM

Otra vez la cabalgata

La cabalgata de apertura de la Feria de Bucaramanga se ha convertido en un evento hasta temido por la gran mayoría de los habitantes de esta ciudad

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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Todos los años pululan las quejas, sobran los reclamos, abundan las críticas y se multiplican los reproches, absolutamente fundamentados por cierto. Pero todos los años también, la historia vuelve a repetirse.

La cabalgata de apertura de la Feria de Bucaramanga se ha convertido en un evento hasta temido por la gran mayoría de los habitantes de esta ciudad, que una y otra vez ven cómo, a pesar de que siempre se sabe con anticipación lo que va a suceder, poco o nada se hace para evitarlo.

De hecho, existe la certeza de que lejos de ser un acto cultural o simbólico, la cabalgata se ha convertido en un suceso que, apenas analizado superficialmente, sólo le deja a la ciudad cuatro efectos que son dañinos por donde se miren.

El primero, incuestionablemente, es el pésimo ejemplo que se le brinda, no solo a la juventud local, sino al país entero, de lo que significa el desorden generalizado, así como la ingestión masiva y caótica de alcohol. Ingestión que únicamente deja una proliferación de borrachos, gran parte de ellos agresivos, por todas las calles y zonas aledañas al supuesto desfile de caballos. Así lo confirmó hasta el mismo comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, general José Ángel Mendoza, quien estima que un 85% la cantidad de los jinetes participantes se encontraban ebrios y generaron más de 470 riñas.

En segundo lugar, está el perjuicio de la imagen de la ciudad, ya de por sí bastante golpeada en el ámbito nacional, sobre todo cuando se compara el caos, el desorden y la ingesta de alcohol pública e ilegal por cierto ante los ojos insuficientes de las autoridades, con la de otras ferias con verdadero contenido artístico y cultural como la de las Flores en Medellín.

Tampoco se puede olvidar el infarto que de manera inexorable se le causa al tráfico de la capital departamental, de por sí congestionada y aún más los sábados, cuando medidas como el Pico y Placa no operan.

Por último, resultaría insensato desconocer el maltrato al que son sometidos muchos de los animales obligados a participar en el evento, durante el cual, hay que insistir, son víctimas de todo tipo de abusos físicos por parte de jinetes poseídos por el alcohol.

En resumidas cuentas y como resulta apenas obvio, hace mucho tiempo las autoridades municipales están en mora de replantear y mejor aún, acabar la famosa cabalgata.

Al parecer, los candidatos a la alcaldía así lo han reconocido y sólo queda esperar que no se trate de promesas falsas de campaña, que luego sucumben a intereses comerciales y políticos.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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